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Melinda Thomas, vecina de la ciudad británica de Swindon, ha utilizado últimamente la red social Facebook para fines más importantes que los que persigue en dicha plataforma el común de las personas: la investigación de un ataque sexual.
"Llamando a todas las mujeres que desde los años ochenta y hasta la actualidad pudieran haber sido violadas por un hombre negro en la zona de Swindon . Quiero obtener ayuda", escribió Melinda en su perfil.
Allí, ella sólo dejaba entrever que la víctima había sido ella misma, cuando tenía sólo 13 años. Después de casi tres décadas de mantener el crimen en secreto, había reunido el coraje para denunciarlo, sólo para ser informada por la policía de que no tenían suficientes pruebas para acusar al perpetrador.
Melinda decidió tomar el asunto en sus propias manos y sus esfuerzos lograron un notable éxito.
Dos personas que ella no conocía pero vieron el post, la contactaron para decir que ellas también habían sido violadas. Después de comparar los detalles supieron que su atacante era el mismo hombre. Los testimonios conjuntos y la suma de evidencias de los tres casos sí fueron suficientes para detener a Orville Vaughan, de 53 años, quien fue condenado a mediados del año pasado.
Pero el caso se reservaba nuevas sorpresas. Posteriormente, otras dos víctimas se contactaron con Melinda, y ella les pidió que abandonaran el anonimato y realizaran la denuncia.
"Facebook nos ayudó a conseguir que se hiciera Justicia. Lograr la captura del sujeto que me violó es lo más valiente que he hecho en mi vida", dice en declaraciones citadas por Daily Mail.
Melinda, de 42 años de edad, fue atacada en noviembre de 1984 cuando iba a patinar con Simon, su primer novio.
Mientras atravesaba la ciudad rumbo a la pista de patinaje, Vaughan se le acercó. Ella lo describió luego como un hombre de alrededor de 20 años y mirada amenazante, que era conocido como "Bov" por los niños de la zona, quienes le temían.
"Me asusté mucho, y cuando me dijo que debía ir con él, lo hice", dice Melinda. "Me he torturado a mí misma por ello desde entonces, pero se me había enseñado a obedecer a los mayores", relata.
Vaughan la llevó a una escalera de un estacionamiento de varios pisos y la violó.
Después del ataque, Melinda corrió llorando a los brazos de Simon a la pista donde la esperaba.
"Él me pidió que le dijera todo a mis padres, pero yo creí que no lo creerían. Ni siquiera se me ocurrió ir al médico", cuenta.
A medida que pasaban los meses, Melinda se fue aislando "Dejé el ballet y comencé a faltar a la escuela. Tuve pesadillas, crisis de llanto y de furia".
Sus padres supusieron que ese comportamiento hostil era parte de los cambios de la adolescencia. Incluso su relación con Simon se hizo más distante.
"Estaba aterrorizada, creí que él me vería de otra manera", explica. Hasta entonces su relación había consistido en paseos tomados de la mano, pero empezaron a dormir juntos dos meses después de la violación.
"Yo no quería asociar la violación con el sexo y tenía la esperanza de que hacerlo con Simon me ayudaría a salir adelante. Él era gentil y lo amaba tanto que quería sentir que le pertenecía".
En diciembre de 1986, cuando tenía 15 años, quedó embarazada. Y creyó ingenuamente que un bebé podría ayudar a erradicar el trauma.
"Pensé que tener a alguien para cuidar me ayudaría. Mis padres estaban decepcionados, pero me apoyaron, al igual que Simon", dice.
Pero al muchacho le resultó difícil llevar la carga de ser el único que sabía de la agresión. "Me dijo que si no le contaba a mis padres acerca de la violación, me iba a dejar", recuerda.
Así que en el verano de 1987, finalmente se los dijo. "Mamá me abrazó y gritó. Papá dijo que teníamos que ir a la policía, pero yo no podía soportar la idea de desenterrarlo todo de nuevo".
"Luego me confié a algunos amigos del colegio y me dijeron que Bov lo había hecho con otras chicas también. Estaba aterrorizado de que supiera que había hablado y buscara venganza".
De mala gana, sus padres aceptaron no acudir a la policía.
El hijo de Melinda y Simon, Paul, nació en agosto de 1988. Luego tuvieron otro, llamado Lucas, cuando ella tenía 18 años.
"La violación era una barrera constante entre Simon y yo. Estaba paranoica y obsesionada con no ser lo suficientemente buena ", dice Melinda, quien por entonces había dejado del todo los estudios para convertirse en una madre de tiempo completo.
Sus temores se cumplieron. Cuando Lucas tenía cuatro meses de edad, Simon, que estaba haciendo el bachillerato, la dejó . Angustiada, Melinda comenzó a tener ataques de pánico.
Estuvo soltera hasta 1995, cuando conoció a su compañero Greg, de 50 años, conductor de una camioneta de reparto. "Le dije lo que había pasado en cuestión de semanas", rememora. "Él dijo que no dejaría que nadie me hiciera daño otra vez".
En marzo de 1996, tuvieron una hija a la que llamaron Claire. Luego llego Marie, en 2006.
En abril de 2010, Melinda consiguió un trabajo en un supermercado local. Fue allí, unos meses más tarde, donde se encontró con Vaughan de nuevo. "Estaba reponiendo en las góndolas de DVD's cuando entró" refiere.
"Su cara estaba grabada en mi mente. Él se fijó en mí y sonrió, sabiendo que se había salido con la suya con lo que me había hecho ¡Me sentí tan pequeña¡ Corrí , llorando, a la sala de personal".
Fue este encuentro lo que le hizo darse cuenta de que no quería permanecer en silencio por más tiempo. "Yo sabía que tenía que hacer frente a lo que pasó o sería como si estuviera ocurriendo siempre" dijo.
Por eso, llamó a la comisaría de Swindon para reportar la violación. Increíblemente, la hicieron esperar en línea durante diez minutos. Colgó.
Su hijo la convenció para intentar de nuevo meses después. Esta vez fue tomada en serio y dos mujeres policías la entrevistaron.
"Revivir la experiencia fue horrible", recuerda. Una semana después, le dijeron que no había suficientes pruebas para acusar a Vaughan. Esto llenó a Melinda de ira, pero también hizo nacer en ella una nueva determinación. "Si la policía no podía ayudarme, me ayudaría yo misma", resolvió. "Me acordé de los rumores de que Bov había violado a otras chicas, e intenté comunicarme con ellas".
Entonces tuvo la idea de publicar una solicitud en Facebook, pidiendo a todos sus amigos que replicaran el mensaje, lo que le dio un mayor alcance.
Dos días más tarde, recibió un mensaje de Sarah: "¿Qué es esto de las mujeres de los años ochenta? ¿Quién es el tipo? ¿Lo conoces?" Ambas comenzaron a dialogar, y Sarah dijo haber sido otra víctima.
El hecho de que alguien más pudiera respaldar su historia confortó a Melinda. Además, pocos días después le escribió Amy, una mujer aproximadamente de su misma edad, que había padecido la misma desgracia. Ambas estuvieron de acuerdo en testificar contra su atacante.
Ansiosa, Melinda escribió una carta al jefe de policía local. "Estaba seguro de que esta vez tendrían suficiente como para investigar", expresa.
Y tenía razón. Cuatro semanas más tarde, Vaughan fue arrestado y acusado de los ataques.
"Las lágrimas corrían por mi cara cuando el policía me lo dijo ", narró Melinda. " Después de todos estos años al fin lograba que pasara algo. "
Sarah, una estudiante madura y madre de un muchacho, había sido violada por Vaughan en un garaje en 1986, cuando tenía 16 años. Ella había denunciado el delito a la policía, pero retiró los cargos porque tenía miedo.
Supuestamente Amy fue atacada cuando hacía autostop, a la edad de 17 años.
En el juicio en la Corte local celebrado en junio de 2012, Vaughan fue declarado culpable de dos cargos de violación por los ataques a Melinda y Sarah. La denuncia de Amy fue archivada por falta de pruebas. Fue condenado a 13 años de cárcel.
"El alivio fue enorme", asegura Melinda.
Después de leer la cobertura del caso en la prensa, otras dos víctimas de Vaughan -también de Swindon y aproximadamente de la misma edad- presentaron cargos. Semanas atrás, el delincuente se declaró culpable de otros dos cargos de violación a chicas adolescentes ocurridos entre 1988 y 1990, que significaron el agregado de cuatro años más a su condena.
"Estoy segura de que hay un sinnúmero de mujeres que han sufrido la misma cosa terrible y quiero ayudarlas a salir adelante ", dice Melinda.
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