Televisión
Confesiones en la pista de baile

LA HISTORIA DE ABIGAIL PEREIRA

Abigail Pereira es uno de los soñadores uruguayos de "Bailando por un sueño". La revista Semanario le realizó la nota de tapa, donde sus familiares contaron la dura historia de vida de quien baila por el hospital Piñeiro del Campo.
17.05.2007
2007-05-17T00:00:00
A pesar de los escándalos, de la veleta de rating y la feroz competencia con Gran Hermano, ShowMatch tiene verdaderas historias de vida entre sus soñadores. Tal es el caso de Abigail, travesti uruguayo nacido bajo el nombre de Maximiliano Pereira.

La revista Semanario le dedicó la nota de tapa, y conversó con Graciela, Irma y Petronila; su madre, abuela y bisabuela, respectivamente. Ellas se encontraban alojadas por unos días en un hotel a pocas cuadras de Ideas del Sur.

"Yo no quería venir, vine porque me lo pidió 'Pinelli' para darle una sorpresa a Abigail", cuenta Petronila. "No vengo más, es mucho movimiento y yo soy vieja, tengo muchos problemas emocionales, yo perdí dos hijos, uno hace ocho meses".

Graciela más tarde completaría la historia: "no quise decir nada delante de mi abuela porque se pone mal, pero Abigail reanimó a su tío y lo salvó, aunque después tuvo otro paro. Abigail es así, vive para ayudar a los demás".

Abigail Pereira repartía su tiempo. Se presentó a varios castings, incluyendo al que terminó formando el grupo "Bandana", mientras ayuda al Piñeiro del Campo, donde hizo una pasantía de cuatro meses y trabajó como voluntaria cuatro años. "Uruguay entero está revolucionado. Los viejitos del Piñeiro no se van a dormir si no la ven bailar antes", contó su madre.

Petronila tiene un buen concepto de Gustavo Guillén. "Ya lo conocía por teléfono, estoy encantada con los dos porque para mí bailan bien". Con respecto a Abigail, todavía le cuesta referirla en femenino. "Él es muy bueno, es delegado de la Escuela Scosería de Enfermería, su sueño es por los ancianos y es un ejemplo para la juventud. Y él siempre bailó, nació con talento, porque nunca tuvo plata para ningún profesor".

Irma cree que es "un orgullo para el Uruguay, alguien que piensa en los viejitos que están en un asilo lleno de piojos y ratas. Él no tiene vergüenza de nada, está orgulloso de ser como es, él se siente mujer porque tiene el 90 por ciento de hormonas femeninas. Él nació mujer. Nació con algo con lo que no debería haber nacido, pero es mujer, y yo estoy orgullosa de ser su abuela".

Durante todo el embarazo, Graciela creyó que iba a tener una mujer, y había elegido como nombre "Abigail", por la novela que protagonizaba Catherine Fulop, aunque las cuentas no cierren, ya que el embarazo fue en el '86 y la novela es del '88.

Graciela se separó de Walter dos años después de tener a Abigail, y aunque estuvo presente, fue ella quien se encargó de su crianza y la de sus tres hermanas. Era excelente en los estudios, y era evidente que algo lo diferenciaba de sus compañeros.

"En todos lados le decían cosas, lo cargaban. En el fútbol le decían Xuxa y otras cosas más. A mí me dolía y le decía por qué no reaccionaba, pero él me decía que ignoraba lo que le decían, que él era como era y no le importaban los insultos. Pero nunca me decía lo que verdaderamente sentía y yo sufría mucho, hasta me decían que lo mortificaba con mis planteos".

Lo llevó a distintos psicólogos, que le decían que Maxi simplemente sufría la ausencia de una figura masculina. A los 11 años fue su primer intento de suicidio, y a los 15 años el segundo. Ambas con exceso de medicamentos.

"Las relaciones con la familia en el proceso de cambio no eran fáciles, no soporté el impacto que tenía mi presencia en la sociedad. Y no era que quería llamar la atención, yo me quería morir y chau, pero no quiero ser tomada como ejemplo, después de los 15 entendí que la vida es una sola y que hay que vivirla, sólo que estaba muy deprimida".

A esa edad se descubrió que tenía más hormonas femeninas que masculinas. Pero recién hace un año y medio Maxi se transformó por completo en Abigail. Su madre cuenta que el cambio no fue fácil para todos.

"Siempre se vistió de jean ajustadito, pero no de pollera, al menos no frente a la familia, y cuando se vistió completo de mujer yo sufrí muchísimo, le pedía tiempo, porque todo tiene un proceso y yo no le podía decir Abigail de un día para el otro. Hasta hoy me nace llamarlo Maxi. Y que no me vengan con que no hay discriminación, porque la hay siempre y en todos lados, por raza, por política, por condición sexual, y yo lo sufrí en carne propia. Por eso me costaba aceptar, le decía que afuera hiciera lo que quisiera, pero no en casa. Era más fuerte que yo". Hoy viven como "una familia normal", y no acompañan a Abigail en las galas por un motivo económico.

Recordamos una de sus participaciones en ShowMatch.

 

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