Abebe Bikila es, sin dudas, uno de los atletas que más trascendió en la historia de los Juegos Olímpicos modernos. Nacido en Etiopía en 1932, conquistó dos maratones consecutivas, prueba de 42 kilómetros y 195 metros, en Roma 1960 y Tokio 1964.

El lánguido atleta sorprendió al mundo corriendo descalzo en Italia. El desgaste de correr tan larga distancia sin calzado, las heridas que se pudieran haber provocado en sus pies, también a causa del calor de la superficie, no fue impedimento para que él llegara en primer lugar y conquistara la medalla de oro, un logro que lo transformó en héroe en su nación.

Para la segunda prueba, lo hizo con calzado, e igualmente concretó el máximo objetivo. No logró repetir la historia en México en 1968, pero eso no cambió el concepto que Etiopía tenía de él a esa altura. Por eso, Haile Selassie I, emperador del país en épocas de Bikila, quien fuera además miembro de la Guardia Imperial del gobernador, decidió reglarle a modo de homenaje por las conquistas hechas un auto.

El destino le tenía guardado a Bikila un momento tremendo. Con su auto nuevo, sufrió un durísimo accidente que lo dejó paralítico, y nunca más pudo volver a competir. Con apenas 41 años dejó de existir, pero quedará en la historia como un gran ejemplo.