En este viaje, la protagonista ingresará a un mundo onírico con sus propias reglas, las que deberá aprender para poder vivir en él y superar los duros desafíos que le esperan. Toda una obra de arte.

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Chihiro a través del túnel

CRÍTICA DE CINE | EL VIAJE DE CHIHIRO

En este viaje, la protagonista ingresará a un mundo onírico con sus propias reglas, las que deberá aprender para poder vivir en él y superar los duros desafíos que le esperan. Toda una obra de arte.

(Por RKOrson)

Lectura: 6'

2003-09-24T00:00:00-03:00
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Chihiro protesta, se queja como todo hijo consentido. La niña Chihiro no quiere mudarse, no quiere visitar su nuevo lugar. No acepta que nadie le robe su pequeño mundo perfecto. Chihiro no quiere crecer.

Con diez años todo tiende a verse diferente. Los padres: gigantes inalcanzables, con poderes de inconmensurable magnitud sobre la vida, principalmente la suya. La imaginación el instrumento natural de vivir el mundo real, de trasladar todo ese inmenso y rico mundo interior.

Cuando el viaje en el cómodo auto de la familia japonesa -de buena posición- se torna sin posibilidad de marcha atrás, la joven protagonista acepta su sino. Entonces perdidos en un bosque deciden continuar a pie, atravesar un profundo túnel al que Chihiro se niega. Dentro, la oscuridad, el silencio, la ansiedad.

En "Alicia en el país de las maravillas" de Lewis Carroll, el inicio del sueño que la lleva al otro mundo se da en el momento de caer por un túnel o pozo profundo y oscuro, siguiendo los pasos de un apurado conejo con chaleco y reloj. En ese atravesar siempre hay una simbología (freudianamente) del nacimiento, también implica un viaje al subconsciente. Es que en los túneles se funden y confunden los conceptos de cueva y camino. El primero como herencia de los mitos ancestrales, y el camino es el pasaje además de una forma de dominio del espacio.

La travesía comienza cuando ingresa en la bruma, en lo más profundo de los sueños. La búsqueda de la luz ha dado inicio. Al otro lado, el páramo se torna extraño y el primer in suceso signa la ruta. Un enorme banquete sorprende a los padres en su gula, dejando como resultado la instantánea transformación de éstos en cerdos. Definitivamente algo raro está sucediendo.

El viaje iniciático- Chihiro deberá ingresar al extraño espacio, comprender las reglas y aceptarlas. En ello le va la vida y la de sus padres, y el recuperar su verdadero nombre del poder de la hechicera Yubaba que se lo ha robado. En este mundo Chihiro no existe, en su lugar está Sen. Quien enfrenta los riesgos es la madura Sen, no la niña Chihiro. No la egoísta desgarbada, sino la que es capaz de dar su vida por el amor a su amigo Haku. Sin embargo en Sen está el espíritu para volver a convertirse en Chihiro. Comprende su esencia a los tumbos, cuando ya no tiene a los padres que la apañen, cuando no puede escapar porque donde antes había un sendero ahora hay solamente agua.

Al final, pronta para su destino, toma un tren que no tiene retorno. No teme el no regresar, sabe que lo único importante es ir. Ya encontrará la forma de volver.

Fantasma, fantasía, fantástico- El mundo de los adultos, es uno tan incomprensible e irreal (incluso para unos cuantos grandes) que bien se puede asimilar a la transformación onírica que elabora un niño, que elabora Chihiro. En éste universo mágico los habitantes deben trabajar día y noche pues de otra manera se rompería el hechizo. Sobrevuela un aire kafkiano, el absurdo de El proceso o de La metamorfosis, del empleo enajenante. Una crítica mirada al orbe contemporáneo, principalmente el japonés, donde se pierde la noción básica de los por qué, y se desvirtúan los valores. El trabajo, es pues, el principio y el fin.

Las caricaturas zoomórficas que tanto gustaron a Carroll, tienen su correlato en esta obra del japonés Hayao Miyazaki. Los padres de la protagonista se transforman en cerdos, Haku el amigo de Chihiro es un dragón cuando lo dominan los espíritus del mal. La rana es el servicial, que se arrastra por sus amos. El inmenso bebé, hijo de Yubaba es convertido en un pequeño roedor y es en esa posición es donde se siente más cómodo y liberado. La malvada hechicera se transmuta en un inmenso pájaro, parecido a un cuervo. En cambio su hermana gemela -la representación del bien- muta en una pajarita de papel de origami (similares a la de los juegos de niños). El zoológico se completa con varios de los animales de la mitología nipona. Seres multitentaculares, bolas caminantes, anguilas voladoras y unos cuantos miles de Dioses amorfos.

El poder de lo nominal- Como en el Popol vuh (libro basado en la tradición oral indígena guatemalteca) lo nominal da vida a las cosas. Por eso en este lugar, al otro lado del túnel, todos pierden su denominación real y adquieren otra que Yubaba les adjudica. El que nombra posee. Haku le enseña a Sen que no debe olvidar su verdadero nombre, no puede olvidar quien es. A su vez el amigo de Chihiro, no recuerda el propio, ya no pertenece a si mismo, ahora es tan sólo otro súbdito de la hechicera. Cuándo logre recuperar su apelativo, encontrará su esencia. Las palabras y las cosas.

La obra transmite un increíble aire de realismo, a pesar de tratarse de un filme de animación cargado de mensajes oníricos y de extraños personajes nada terrenales. Sin duda el mérito es todo de Miyazaki, un realizador nipón que ya lleva siete largometrajes. No deja detalle librado al azar, en su perfección está la clave; sin embargo ésta no le quita calidez a la historia. Chihiro tiene un plasticidad como lo mejor de Disney, agregándole toques sutiles que la alejan del padre de Mickey. Cuando la pequeña baja tropezando en punta de pies; o en las ondas proyectadas en el mar. En un lento transcurrir de los tiempos solares. En la fascinante gesticulación de un ser inmenso sin cuerpo óseo, que tiene como cara una máscara sin movimiento. En los rieles de un tren fantasma que se hunde en el horizonte.

El realismo también está dado en la creación de los personajes y su abordaje interior. No hay procesos maniqueos, ni siquiera Yubaba es tan mala, ni su hermana gemela tan buena (por cierto, nunca están juntas en la pantalla, es de orden suponer que se trata del mismo ser. Aquello de todo lo bueno tiene las necesarias cargas de algo negativo y viceversa).

Una película para ser vista en más de una oportunidad. Debe saberse, que esta no es una cinta para niños, deberían saberlo quienes son los responsables de los horarios de las funciones. Todos imposibles para adultos, salvo los fines de semana. En consecuencia, en unos pocos días, ante la ausencia de público en las salas, la joya japonesa bajará de cartel. Los niños la ven y preguntan cargados de dudas. Los padres aún en shock por las imponentes imágenes no atinan más que a excusarse con un "después te explico". Para cuando lo hagan, los pequeños tendrán ya edad de aprehender por si mismos los mensajes de esta verdadera obra de arte.