Por The New York Times | Daniel Jones

CUANDO MARY ELIZABETH WILLIAMS REGRESÓ CON SU ESPOSO, NO ESPERABA UN DIAGNÓSTICO DE CÁNCER O QUE SU HISTORIA INSPIRARA EL EPISODIO DE UN PROGRAMA DE TELEVISIÓN.

En su ensayo de Modern Love de 2014, “Un segundo abrazo, con corazones y ojos abiertos”, la escritora Mary Elizabeth Williams cuenta la historia de haber reavivado su matrimonio solo para descubrir, poco después, que tenía un melanoma maligno. De repente, su futuro se veía muy diferente de su pasado.

Hace poco, Miya Lee y yo nos pusimos al día con cuatro escritores cuyos ensayos inspiraron episodios de la segunda temporada de la serie de televisión “Modern Love” en Amazon Prime Video. A continuación, mi conversación con Williams, cuyo episodio es protagonizado por Sophie Okonedo y Tobias Menzies. La entrevista ha sido editada con fines de síntesis y claridad.

También puedes leer mi entrevistacon el escritor, actor y director Andrew Rannells (“Las llamadas ignoradas por una noche de sexo casual”) y las entrevistas de Miya Lee con Katie Heaney (“¿Soy gay o heterosexual? Quizá este divertido cuestionario me lo diga”) y Amanda Gefter(“Chica nocturna encuentra a chico diurno”).

Daniel Jones: Tu ensayo se publicó hace siete años, y trataba de acontecimientos que tuvieron lugar años antes. ¿Puedes ponernos al día sobre cómo te encuentras ahora con tu matrimonio, tu salud y tu familia?

Mary Elizabeth Williams: Mi marido y yo seguimos juntos. Una de nuestras hijas está en la preparatoria y la otra en la universidad. Como todo el mundo, acabamos de salir de un largo periodo de cercanía forzada en un pequeño departamento de Nueva York en el que una persona trabaja en un espacio, otra trabaja a unos metros, otra ensaya con la banda y otra hace las tareas de la universidad. Todo era caótico.

En los últimos años, hemos tenido muchos desafíos, penas y experiencias difíciles relacionadas con nuestra salud, el trabajo y la salud de seres queridos. Y es curioso, porque en medio de la sensación de estar atrapado durante el último año, todavía me despierto por la mañana y elijo estar aquí con mi pareja. Esos momentos en los que miro a alguien y pienso: “Sí, estoy aquí voluntariamente”... quizá no sea la idea más sensual que se puede pensar sobre alguien, pero también siento que quizá es la más importante.

P: ¿Qué se siente escribir sobre algo tan personal, incluso como escritora?

R: El día que me diagnosticaron el cáncer, se lo conté a muy poca gente, e incluso le dije a mi marido: “No creo que vaya a compartir esto porque no quiero que cambie la forma en que la gente me ve”. Es una noticia a la que no podré dar marcha atrás.

Al día siguiente, fui a Sloan Kettering, y esa noche escribí un ensayo titulado “Mi diagnóstico de cáncer” que se publicó por la mañana. Así que menos de 48 horas después de que me diagnosticaran, publiqué mi primer ensayo sobre tener cáncer. Está claro que no sé cómo no hablar de mi vida.

P: ¿Qué tipo de cáncer tenías?

R: Melanoma metastásico. El melanoma es un cáncer de piel muy común. El melanoma metastásico no lo es. Es cuando el cáncer se ha trasladado a los órganos. Y lo que pasa con la melanina es que la tienes por todas partes, así que el cáncer puede llegar a todas partes. Cuando lo tienes, puede ser fatal en poco tiempo. Normalmente, en la etapa en la que yo lo tuve, el pronóstico es de unos siete meses de vida. Mi cáncer se había trasladado a los pulmones y a los tejidos blandos. Se podía ver en mi cuerpo.

P: ¿Cómo se trató?

R: Primero me operaron. Eso fue antes de que se extendiera. Me quitaron un gran círculo de la parte superior de la cabeza. Luego, un año más tarde, tuve una recurrencia, y para entonces el cáncer se estaba extendiendo por todas partes y se movía muy rápido. Fue entonces cuando mi oncólogo me dijo: “Estamos reclutando participantes para un ensayo clínico. Deberías hablar con alguien en el área del ensayo clínico”.

Acababan de aprobar el primer tratamiento de inmunoterapia para el melanoma en más de 30 años. Para que me aceptaran, tuve que pasar muchas pruebas; es muy difícil entrar en los ensayos clínicos. No debería serlo. Pero yo estaba en buena forma y tenía un horario flexible y cumplía con todos los requisitos: tienes que estar enfermo pero, por lo demás, estar en forma y no haber hecho ningún otro tratamiento. Así que logré entrar al ensayo, y sentí que funcionó después del primer tratamiento. No tenía cáncer la primera vez que me hicieron las exploraciones, a las doce semanas. Y llevo nueve años sin cáncer.

P: Al hablar de tu exitosa experiencia con el ensayo clínico, ¿te preocupa dar falsas esperanzas a la gente?

R: Me alegro de que lo menciones. Estoy muy consciente de que soy un caso poco común, y jamás quisiera dar falsas esperanzas a la gente. Quiero que tengan esperanza y que sepan que hay opciones. Pero la esperanza también puede aplicarse a cosas distintas, ya sea en tu relación o en tu salud, y a veces esperas tener solo un poco más de tiempo. Es como siempre digo: la tasa de mortalidad de un ser humano es del cien por ciento. Si tienes suerte, puedes posponerlo para vivir más cosas buenas. Y espero que la gente pueda vivir más cosas buenas con la gente que quiere y darles buenos recuerdos, y dejar como legado algo mejor.

P: ¿Qué impacto tuvo la publicación de tu ensayo en Modern Love?

R: Recibí mensajes de mucha gente de la que no había tenido noticias en años, que no sabían de la ruptura, no sabían que había estado enferma, no sabían nada de eso, y se sorprendían de todo lo que había vivido. Y luego estuvo la respuesta de los lectores que vieron diferentes partes de sí mismos: en la relación, pero sobre todo en la enfermedad, en esa historia de cáncer. La gente vio una historia de amor en la enfermedad que no era empalagosa ni sentimental.

P: Tú y tu marido nunca se divorciaron; se separaron. ¿Fue eso lo que facilitó su reconciliación en el matrimonio?

R: Supongo que lo fue si se considera como un paso atrás, pero yo no lo veo así. Lo veo como un paso adelante. Esa relación terminó. Y lo que vino después fue diferente y nuevo. Para mí, era importante sentir que no estaba retrocediendo. Se trataba de avanzar, de estar en un lugar diferente en la vida y tener diferentes expectativas, comprensión y respeto.

Quería contar una historia que fuera sobre el tipo de amor tierno y único que se ve cuando las cosas son horribles. Situaciones poco sensuales como cuando él tiene que salir a comprarte ablandadores de heces. Ese es un tipo de romance único. Espero que los hombres que lo lean puedan verse a sí mismos, y vean que ser cariñoso y capaz es el gesto más amoroso del mundo.