La Mochila
El origen de la lluvia

Una leyenda de los yaquis, un pueblo indígena del estado de Sonora, en México

En tiempos antiguos, en la región habitada por la nación yaqui, el agua escaseó por mucho, muchísimo tiempo.

08.06.2020 08:50

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2020-06-08T08:50:00
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Los yaquis sufrían una sed que los devastaba. Hasta los ojos de agua se secaron y por más que hombres y mujeres hicieron pozos muy profundos, no consiguieron encontrar agua. Los cauces estaban secos, y el líquido vital no brotaba de la tierra ni caía del cielo en forma de lluvia. Las rocas parecían carbones y toda la región se quemaba sin que lo pudieran evitar. Los indígenas apagaban su sed con algunas plantas semiverdes, que eran las únicas que parecían poder sobrevivir. Pero no eran suficientes como para mantener la vida de sus ocho tribus ni del resto de los animales y plantas, que iban muriendo poco a poco.

Los ancianos más sabios se reunieron y decidieron enviar un mensaje a Yuku, dios de la lluvia. Primero eligieron al gorrión para que llevara el mensaje. Una criatura ligera, frágil y valiente, probablemente conmovería a un dios tan poderoso.

El gorrión partió directo a ver a Yuku y después de saludarlo de parte de los ocho pueblos le dijo:
-Me ordenaron que te pidiera el favor de la lluvia.

A esto respondió Yuku diciendo:
-Con gusto. Vete sin preocupación y dile a tus jefes que en cuanto tú llegues con esta respuesta, habrá lluvia.

El gorrión descendió a la velocidad de una centella, pero antes de llegar con los yaquis, el mundo se llenó de nubes y comenzaron los rayos. Un huracán alcanzó al gorrión y de esta forma no consiguió llegar a destino con su mensaje. Por lo tanto el agua tampoco llegó a la tierra yaqui.

Viendo que el gorrión no regresaba, los yaquis ordenaron a la golondrina realizar la misma misión. La golondrina voló hacia el dios de la lluvia, suplicándole de parte de sus jefes que les enviara un poco de agua porque los yaquis morían de sed. Yuku le respondió de muy buen humor:
-Vuelve sin preocupación con tus jefes. Atrás de ti llegará la lluvia.

La golondrina voló de regreso, pero al igual que el gorrión, fue destruida por el rayo y el viento. Ni ella ni una sola gota de lluvia consiguieron llegar a la tierra yaqui.

Entonces, los líderes de la tribu, desesperados, no sabían a quién enviar hasta que se acordaron del sapo. Trataron de localizarlo, pero no les resultó sencillo ya que acostumbraba ocultarse entre piedras y juncos.

Finalmente supieron que se encontraba en un lugar llamado Bahkwam -que significa laguna- y que ahora es el pueblo de Bácum. Fueron hasta allí y lo convencieron de que los acompañara hasta Vicam, el sitio donde todos los jefes de los ocho pueblos yaquis harían una gran reunión para decidir cómo conseguir el regreso del agua.
Bobok -que así se llamaba el sapo- no pareció muy convencido de ser su emisario ante el dios Yuku. Los humanos que se lo pedían no le resultaban confiables ya que lo habían perseguido muchas veces. Y el dios Yuku, aunque era sabido que acostumbraba ser generoso, en este caso no había atendido los ruegos del pueblo y los anteriores mensajeros jamás habían regresado a salvo. A pesar de su desconfianza Bobok decidió acompañarlos a la reunión y atender sus razones, ya que no solo los humanos, sino toda la vida de la zona desaparecería si no lograban convencer a Yuku.

En cuanto comenzó la asamblea de las naciones se notaba la desesperación de los ancianos. Ni siquiera ellos con su sabiduría podían imaginar cómo conseguiría el sapo llegar hasta la morada del dios Yuku. Pero no teniendo más recursos, le dijeron con severidad:
-Debes ir con el dios de la lluvia y rogar hasta que lo hayas convencido. Explícale que todos moriremos si no nos la manda rápidamente.

Para sorpresa de todos, Bobok no pareció dudar de su misión y cómo conseguiría llegar a ese sitio sagrado. Convencido de la importancia del agua, solo puso una condición y respondió así:
-Muy bien, seré su mensajero ante el dios Yuku. Con su permiso me retiraré ahora, pero tardaré un poco en
comenzar ese peligroso viaje: debo alistarme antes de partir, así que recién mañana cumpliré con ustedes. Pero confíen en mí: yo lograré regresar y conmigo, regresará la lluvia.

Los líderes de las ocho tribus volvieron a sorprenderse ya que nadie, jamás, les imponía condiciones a sus órdenes. Pero entendiendo lo difícil y arriesgada que era la misión encomendada a Bobok, aceptaron esperar con humildad hasta el otro día.

El sapo salió rápidamente de allí y se perdió entre los juncos secos de la laguna donde se escondía. Alguno de los sabios creyó verlo entrar en una cueva de piedra, pero como la vista de los ancianos no era ya tan buena, ninguno lo pudo asegurar. ¿Sería un truco para escaparse y abandonar al pueblo yaqui?

El sapo efectivamente había entrado a través de las piedras, por los pasadizos de una caverna que ningún humano conocía, pero sus intenciones eran nobles. Allí se encontraba uno de sus mejores amigos: un mago a quien el sapo le había dado refugio hacía mucho tiempo y que estaba dispuesto a devolverle ese favor a través de sus hechizos. El mago le proporcionó a Bobok unas alas de murciélago. Estas le permitirían volar hasta el dios Yuku y manejarse con fuerza y destreza aun en medio de la oscuridad del cielo o la tormenta.

Al día siguiente, tal como lo había prometido, el sapo voló hacia las nubes y encontró al dios de la lluvia. Luego de saludarlo con gran respeto de parte de sus jefes, le dijo:
-Señor, no trate tan mal a los yaquis. No conozco sus motivos, pero hasta nosotros, los animales, que algunas veces nos hemos enfrentado a ellos, sabemos reconocer las bondades de este pueblo y hasta ahora hemos convivido en armonía. La sequía nos está matando poco a poco. Por favor, compadécete de los yaquis y también de nosotros: envíanos el agua antes que la sed nos haga desaparecer.

-Muy bien -respondió Yuku una vez más-. Vete tranquilo y no te preocupes, la lluvia te seguirá muy aprisa.
El sapo se mostró agradecido y desapareció de inmediato llevando ese mensaje. Pero ya sabemos que este era más desconfiado que los mensajeros anteriores. ¿Y si al gorrión y la golondrina también les había hecho la misma promesa? Por las dudas, Bobok fingió partir, pero no lo hizo hasta sentirse seguro. Se metió bajo la puerta de la casa del dios de la lluvia y esperó.

Poco después el cielo se nubló, se vieron rayos enormes y se oyeron truenos aterradores. Al principio Bobok creyó que esto confirmaba sus sospechas y que solo era una trampa para eliminar al mensajero. Sin embargo, inmediatamente comenzó a llover, tal como lo había prometido el dios Yuku. No era exactamente un engaño sino un desafío, y él no se dejaría vencer sin utilizar sus habilidades o su ingenio.

La lluvia llegaba a la tierra pero no alcanzaba a Bobok. El sapo -ahora con alas de murciélago- subió más arriba que la lluvia, diciendo: "Kowak, kowak, kowak".

La lluvia, al escuchar al sapo, comenzó a caer de nuevo. El sapo dejó de cantar y la lluvia, pensando que Bobok estaba muerto, se calmó otra vez. Entonces, el sapo volvió a cantar: "Kowak, kowak, kowak", yendo de salto en salto desde la lluvia hacia la tierra.

La lluvia estaba furiosa por la burla de Bobok y persiguiéndolo llegó a la región yaqui, todavía buscando al sapo para matarlo. Llovía por toda la tierra y de repente hubo muchos sapos, todos cantando. Y cada vez que lo hacían, la lluvia, desconcertada, los perseguía en distintas direcciones sin poder hallar al sapo que la había burlado. Mientras la lluvia regaba los campos y llenaba los cauces, Bobok le devolvió las alas de murciélago a su amigo el mago y vivió a salvo, tranquilamente, en su laguna Bahkwam.

Los yaquis son un pueblo indígena del estado de Sonora, México, que se asentó en sus orígenes a lo largo del río Yaqui.