La historia de la arqueología uruguaya suele estar asociada a investigadores, académicos y grandes colecciones. Sin embargo, detrás de muchos de los hallazgos que hoy forman parte del patrimonio nacional existieron decenas de personas anónimas cuyos nombres apenas quedaron registrados en cartas, fotografías y documentos dispersos. Esa trama poco conocida es la que recupera ¿Quién le escribe a un poeta arqueólogo? Cartas y silencios en la colección Carlos Maeso, una nueva publicación de + Cerca Ediciones realizada por Moira Sotelo, Silvia Soler, Pablo La Rosa y Fidel Sclavo.

El libro se adentra en el archivo personal de Carlos Maeso y Leila Tuya, dos figuras fundamentales en los inicios de la arqueología uruguaya y responsables de reunir una de las colecciones más importantes del país. El acervo, compuesto por más de 65.000 piezas arqueológicas, fue declarado Monumento Histórico Nacional en 1996 y actualmente se encuentra bajo custodia del Ministerio de Educación y Cultura.

La investigación se centra en más de 200 cartas enviadas a Maeso por pobladores de Villa Soriano, Cabo Polonio y Rincón de Valizas durante la primera mitad del siglo XX. A través de esa correspondencia emerge una red de colaboradores informales integrada por baqueanos, vecinos, pescadores y habitantes de zonas rurales y costeras que participaron activamente en la localización y recuperación de piezas indígenas.

Las cartas permiten reconstruir mucho más que la búsqueda de objetos arqueológicos. En sus páginas aparecen escenas de la vida cotidiana de pequeños pueblos uruguayos, relatos sobre enfermedades, inundaciones, dificultades económicas, conflictos personales, favores y vínculos humanos que terminan convirtiéndose en una radiografía social de una época.

Entre los documentos analizados figuran referencias a episodios históricos como las inundaciones de 1959, además de intercambios sobre descubrimientos arqueológicos, disputas entre coleccionistas y detalles sobre sitios que hoy forman parte de la historia patrimonial del país.

Las fotografías y materiales gráficos incluidos en la publicación aportan una dimensión adicional al relato. Muchas de las imágenes permanecían inéditas y permiten observar tanto a los protagonistas de la colección como los contextos sociales en los que se desarrolló gran parte de este trabajo de campo.

El diseño editorial también busca poner en valor la materialidad de esos documentos. Sobres envejecidos, escrituras manuscritas, tintas gastadas y fotografías tomadas en una época donde poseer una cámara era un privilegio forman parte de una propuesta visual que transforma el archivo en una experiencia narrativa.

Pero el libro va más allá de la reconstrucción histórica. La investigación plantea preguntas que siguen vigentes sobre la relación de los uruguayos con la presencia indígena en el territorio y con las huellas materiales que dejaron los pueblos originarios.

A través de las voces que aparecen en estas cartas, emerge una discusión todavía abierta sobre memoria, identidad y patrimonio. ¿Quiénes participaron realmente en la construcción del conocimiento arqueológico? ¿Qué historias quedaron fuera de los relatos oficiales? ¿Y cómo dialoga hoy la sociedad uruguaya con ese pasado indígena que durante décadas permaneció invisibilizado?