Llegar al tablado es, para muchos, un ritual que se repite cada enero. Cuando cae la tarde y el calor comienza a descender, no hace falta demasiada excusa, sino adquirir una entrada, preparar el mate y aprovechar ese clima de verano que invita a salir. Así empieza una noche de carnaval, de esas que no siempre se planifican, pero que sí se disfrutan.
En el tablado del Parque Rodó, ubicado en la esquina de Reissig y Sarmiento, la jornada se armaba de a poco. El escenario estaba listo para recibir a una grilla variada: Zero, conjunto del Carnaval de las Promesas; Valores, de la categoría lubolos; y tres murgas que prometían levantar la noche: Curtidores de Hongos, Cayó la Cabra y La Gran Muñeca. Cuando el reloj marcaba las 19:30, el público todavía era escaso, una postal habitual en los primeros minutos. Algunos padres ocupaban las primeras filas, esperando ver a sus hijos sobre el escenario; más atrás, parejas jóvenes y grupos de amigos comenzaban a acomodarse sin apuro.
Con el correr de los minutos, el tablado empezó a tener más público. Cuando cayó la noche, la cantina se transformó en un punto de encuentro inevitable: refrescos, alguna hamburguesa, choripanes y termos que iban y venían. Muchos eligieron seguir mateando, fieles a una costumbre que acompaña buena parte de las noches carnavaleras.
El aplauso estalló cuando Valores bajó del escenario, marcando uno de los primeros picos de la noche. Mientras algunos chicos seguían jugando por los rincones del predio, otros espectadores comentaban lo visto y aplaudían, esperando el turno de las murgas más esperadas. La expectativa crecía: primero Cayó la Cabra, con su espectáculo República de la Vereda, y luego La Gran Muñeca, encargada de cerrar la jornada.
Ya entrada la noche, el tablado estaba en su punto justo. No lleno, pero con ese público fiel que sostiene cada función: vecinos del barrio, fieles concurrentes de tablados, familias que vuelven año tras año. Cuando la última retirada se apagó, quedó ese silencio breve que marcó que la jornada había llegado a su fin.
De a poco, la gente comenzó a levantarse. Algunos comentaban escenas del espectáculo, otros buscaban a los niños y muchos emprendían el regreso a su casa satisfechos de haber presenciado una larga tarde de carnaval.