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Detrás del sonido

Tadu Vázquez: de la computadora en su cuarto a producir para Drexler y la escena urbana

El productor uruguayo repasa sus inicios autodidactas, su evolución artística y los desafíos de crecer en la música local actual.

27.04.2026 09:00

Lectura: 5'

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Tadu Vázquez empezó a vincularse con la música desde chico, cuando a los nueve años comenzó a estudiar batería. Ese primer acercamiento fue el punto de partida de un recorrido que, con el tiempo, lo llevó a descubrir en la computadora una nueva forma de crear. Tras varios años de clases, sintió ganas de explorar en nuevos intereses musicales y encontró en los programas de producción una posibilidad más amplia. “Descubrí que con la compu podías hacer todo. Podías hacer la batería, pero también todo lo demás”, recordó en diálogo con Montevideo Portal.

Su formación comenzó siendo autodidacta. Primero, a partir de un uso lúdico de GarageBand en la computadora de su padre. Después, mediante tutoriales y horas de exploración personal. Luego fue al Conservatorio Sur e hizo la carrera de Producción Musical, formándose con artistas como Nacho Algorta y Montemurro. Toda su curiosidad inicial se transformó en una dedicación cada vez más seria hacia la producción musical, un campo en el que empezó a construir herramientas propias mucho antes de ingresar a circuitos profesionales.

El salto de producir para sí mismo a trabajar con otros artistas llegó en 2019, cuando le envió beats por mail a Zeballos, quien por entonces también estaba dando sus primeros pasos. Uno de esos materiales fue usado por el artista, lo que abrió una relación creativa que con el tiempo se volvió central en su carrera. El productor señaló que Zeballos fue el primer artista con el que trabajó de manera concreta, además de una figura clave en su desarrollo. Incluso lo definió como un hermano dentro de una escena urbana que considera fundamental para la música uruguaya.

A la hora de pensar su oficio, entiende que el productor cumple una función decisiva en la concreción de una obra. Más allá de las distintas formas de trabajar, con mayor o menor participación de colaboradores, considera que el núcleo de la tarea pasa por llevar una idea a una realidad sonora. “El productor tiene que materializar la canción”, resumió. En esa línea, sostuvo que su papel consiste en convertir una intuición o una composición en un tema que exista, que suene bien y que tenga forma definitiva.

Actualmente, atraviesa una etapa de redefinición. Durante años estuvo muy asociado a los géneros urbanos, pero en el último tiempo empezó a correrse hacia otros paisajes musicales. Según planteó, siempre sintió una afinidad muy fuerte con el rock, además de un interés amplio por distintos estilos. Por eso, hoy busca concentrarse más en la canción como centro, sin limitarse a una sola escena. En ese proceso, también aparece un proyecto propio, ligado justamente a ese universo más rockero que siente como una cuenta pendiente personal.

Dentro de ese presente, sobresale también su trabajo con Jorge Drexler, una experiencia que marcó un nuevo punto de inflexión. Vázquez participó con cinco producciones en un disco del artista uruguayo, una oportunidad que, además del peso simbólico, le implicó revisar sus métodos de trabajo. Acostumbrado a involucrarse de forma integral desde el nacimiento de una canción, debió adaptarse a un esquema en el que el desafío pasaba por producir y materializar temas que ya llegaban muy sólidos desde su composición. Esa experiencia, desarrollada entre España y Uruguay, le abrió además nuevas puertas para vincularse con músicos de otros perfiles.

Foto: cedida a Montevideo Portal

Foto: cedida a Montevideo Portal

Sobre la escena uruguaya, ofreció una mirada que combina entusiasmo con realismo. Entiende que el tamaño del país sigue siendo una limitación concreta, sobre todo cuando se piensa en una industria capaz de sostener a muchos artistas de distintos estilos. De todos modos, valoró la vitalidad con la que los músicos jóvenes siguen creando, generando espacios y desafiando ciertos prejuicios históricos sobre la posibilidad de vivir de la música en Uruguay. A su entender, aunque el mercado local tenga restricciones evidentes, el país seguirá produciendo talentos relevantes.

En ese trayecto, aclaró, se encontró con nuevos desafíos. Uno de los más importantes fue justamente adaptarse a nuevas formas de producir, sobre todo a partir del trabajo con Drexler. Lejos de verlo como un obstáculo, lo asume como una instancia de crecimiento. También mencionó que, con el avance de su carrera, empezaron a aparecer cuestiones vinculadas al negocio y a la industria, un costado menos visible del trabajo musical, pero inevitable para quien quiere sostener un camino profesional.

Finalmente, también quiso poner sobre la mesa dos proyectos que considera especialmente significativos dentro de su carrera. Por un lado, Valuto, a quien describió como un “tremendo artista uruguayo” con un proyecto que viene creciendo considerablemente. Por otro, Ramma, músico argentino con el que trabaja desde hace años, desde que ambos eran muy jóvenes. En ese vínculo no solo hubo producción, sino también un desarrollo conjunto del proyecto. De hecho, recordó que recientemente estuvo tocando la guitarra con él en una presentación que incluyó la apertura del show de Bad Bunny en Buenos Aires. Son experiencias que completan el mapa de un productor que, aunque ya tiene hitos fuertes en su recorrido, sigue pensando su carrera como un proceso en expansión.

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