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Hombres bragados

Sucios secretos: actriz vende su ropa íntima usada y revela quiénes y para qué la compran

Amira Evans cuenta que muchos de sus clientes son casados con hijos, y que algunos le piden algo que ella no puede cumplir.

17.08.2026 15:13

Lectura: 5'

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La británica Amira Evans,  de 27 años, es creadora de contenido para adultos y destaca dentro de su sector laboral por sus características físicas: mide dos voluptuosos metros y pesa cerca de cien kilos.

La joven, que cuenta con 1.4 millones de seguidores en Instagram, reveló recientemente algunas de las particulares solicitudes que recibe de sus seguidores, entre ellas, las ofertas que recibe —y satisface— de hombres que desean comprar sus prendas íntimas usadas.

Sobre ello, Evans reveló que la mayoría de estos señores no quieren sus calzones solo para coleccionarlos, tocarlos u olerlos, sino para un fin que, al principio, la sorprendió: usarlos ellos mismos durante sus jornadas de oficina.

Evans asegura que prendas cuyo valor puede ser de apenas dos libras (poco más de 100 pesos) terminan vendiéndose por más de 100 libras. En algunos casos, los compradores ofrecen incluso cientos de libras  cuando se trata de ropa que utilizó durante una sesión de ejercicio o después de ir al gimnasio.

La creadora explicó que lo que más le llamó la atención no fueron los precios, sino el destino que algunos compradores dan a las prendas.

"Muchos de los hombres que me han comprado ropa interior me dicen que la usan debajo del traje todo el día en el trabajo", relató en declaraciones recogidas por el periódico Daily Star.

"Algunos de ellos están casados ??y tienen hijos, y usan mi tanga debajo de sus calzoncillos mientras están sentados en las reuniones de la junta directiva."

"Siempre me río imaginando a esos hombres de negocios sentados alrededor de una mesa de conferencias con trajes caros, mientras que en secreto llevan una tanga de mujer debajo."

Según Evans, parte del atractivo estaría relacionado con el carácter secreto de la práctica. "Creo que les encanta saber que nadie a su alrededor tiene ni idea", explicó. "Es como si guardaran un pequeño secreto travieso que solo existe entre ellos y yo".

Uno de sus suscriptores, según contó, incluso le relató que había reunido una colección de lencería femenina sin que su esposa lo supiera. El hombre le explicó que su pareja era "muy pequeña y menuda", por lo que no podía utilizar su ropa, y que había optado por comprar prendas y juguetes de tallas grandes.

Cuando Evans le preguntó dónde escondía esos objetos, el hombre respondió que los guardaba en su bolsa de golf porque su esposa nunca revisaría allí.

Sudar la camiseta (y más)

La ropa utilizada durante el ejercicio también se convirtió, según Evans, en otro de los productos más solicitados.

"Los hombres me piden constantemente que les venda mis sujetadores deportivos, calcetines y ropa interior sudados después de ir al gimnasio", señaló.

La creadora indicó que algunos compradores le solicitan utilizar las prendas durante varios días antes de recibirlas, aunque aseguró que no acepta ese tipo de pedidos porque considera que no es higiénico.

"Cobró más si los piden específicamente después de un entrenamiento, ya que se ha convertido en una petición muy popular", agregó.

Evans también afirmó que sus seguidores no siempre buscan contenido explícito. Algunas de las solicitudes que recibe consisten simplemente en verla realizar actividades cotidianas.

"Me pagan solo por pasear por mi casa, limpiar o pasar por debajo de las puertas porque los hombres quieren pruebas de que realmente mido 2 metros", explicó.

También le piden realizar tareas domésticas como lavar los platos o limpiar, e incluso aparecer duchándose.

En otros casos, según relató, ni siquiera es necesario que muestre su cuerpo completo o su rostro. "Pagan por verme hacer pucheros a la cámara, lanzar besos o morderme el labio sin siquiera ver el resto de mi cuerpo", contó.

"A algunos hombres simplemente les gusta verme decir su nombre frente a la cámara".

Una mirada diferente sobre los estándares de belleza

La experiencia también modificó, según Evans, su percepción sobre los estándares de belleza y las inseguridades físicas.

"Una de las mayores sorpresas ha sido la celulitis", afirmó. "Las mujeres se preocupan mucho por ella, pero mis suscriptoras las llaman 'hoyuelos' y me dicen que les parecen bonitos".

"Nunca he tenido un suscriptor de pago que critique mi celulitis. Al contrario, suelen elogiarla."

La creadora considera que su experiencia demuestra que las redes sociales pueden generar una percepción distorsionada sobre aquello que otras personas consideran atractivo.

"Las redes sociales les dicen a las mujeres que necesitan una piel perfecta y cuerpos impecables, pero eso no es lo que yo he experimentado en absoluto".

"Los hombres que pagan por mi contenido ya saben cómo soy y me quieren tal como soy", sostuvo. "No me piden que oculte mi celulitis ni que cambie mi cuerpo. Pagan porque les gustan las cosas por las que a menudo se les dice a las mujeres que se sientan inseguras".

Evans concluyó: "Nos enseñan a obsesionarnos con las estrías, la celulitis y las pequeñas imperfecciones, pero a la mayoría de la gente no le importan ni de lejos tanto como creemos. Lo que he descubierto es que nuestras mayores inseguridades suelen ser precisamente lo que los hombres más desean ver".