Contenido creado por María Noel Dominguez
Entrevistas

Biromes y servilletas

Sofía Solari y Palabroteca: escribir a mano para entenderse y transformar la vida

La fundadora de la academia propone volver a la escritura íntima: “Es una foto de lo que estás pensando”.

10.05.2026 14:00

Lectura: 6'

2026-05-10T14:00:00-03:00
Compartir en

Por María Noel Domínguez

En un mundo atravesado por la velocidad, las pantallas y la comunicación constante, detenerse a escribir a mano puede parecer un gesto menor. Sin embargo, para Sofía Solari, ese acto es el punto de partida de un proceso mucho más profundo: el de observarse, entenderse y, eventualmente, transformarse.

Fundadora de la Academia Palabroteca, Solari desarrolló un método que combina escritura personal, observación consciente y relectura como herramientas para trabajar la identidad. Su propuesta se apoya en una idea central: las palabras no solo describen la realidad, sino que también la construyen.

El proyecto nació de forma casi intuitiva. “Empezó siendo una palabra”, cuenta sobre el origen de Palabroteca, que define como una “biblioteca de palabras”. Con el tiempo, ese concepto se convirtió en un método y luego en una academia, con cursos y programas que hoy convocan a una comunidad creciente.

En esta entrevista, Solari explica cómo funciona ese proceso, por qué escribir a mano sigue siendo clave en la era digital y qué pasa cuando una persona empieza a mirar sus propias palabras con atención.

De la palabra al método

El vínculo de Solari con la escritura no es casual. Proviene de una familia donde la palabra tenía un lugar central: su padre y su abuelo eran escritores. “Amo las palabras; me encienden”, resume.

Durante años, su práctica fue íntima: diarios personales, escritura cotidiana, exploración individual. Ese hábito, que describe como “súper terapéutico”, fue el germen de lo que luego se transformaría en Palabroteca.

“Empecé escribiendo diarios personales y después volviendo a lo que escribía, observándolo de otra manera”, explica. Ese segundo momento —la relectura consciente— es uno de los pilares de su método.

A partir de ahí, desarrolló herramientas propias, como el “energitómetro”, un sistema para medir la carga emocional de las palabras, y distintos ejercicios que combinan journaling, mapas mentales y observación.

“Lo que escribís es una foto de lo que estás pensando”

—El concepto de Palabroteca es muy particular. ¿Cómo nace y qué significa exactamente?
—La Palabroteca empezó siendo una palabra. Me encanta hacer listas y me encontraba escribiendo listas de palabras. En un momento asocié ese grupo de palabras con la biblioteca y dije: “Esto es lo mismo: es una biblioteca, pero de palabras”. Con el tiempo se fue transformando en mi método y hoy en día en mi academia. Pero empezó siendo eso: una biblioteca de palabras que, en grupo, van creando tu realidad y conformando tus universos.

—¿Y cómo pasaste de esa idea inicial a lo que hoy es una academia con método propio?
—Fue un proceso. Yo ya venía trabajando mucho con la escritura íntima, con diarios personales. Para mí fue súper terapéutico. Empecé a escribir todos los días y después a volver a lo que escribía, a observarlo de forma más consciente. Ahí entendí que eso no era solo escribir para soltar, sino que había algo más profundo: podías ver qué palabras estabas usando, cómo te estabas hablando y cómo eso estaba impactando en tu vida.

—Ahí aparece el journaling como práctica. ¿Qué lo hace diferente de simplemente escribir?
—El journaling es el hábito de escribir a mano todos los días en un diario personal. Pero no es solo escribir, sino escribir, releer y observar. Cuando vos volvés a lo que escribiste con preguntas abiertas —qué, cómo, cuándo, por qué—, empezás a encontrar patrones, a entender qué te pasa. Ahí es donde empieza el proceso de transformación.

—También hablás de identificar palabras y trabajar con ellas. ¿Cómo funciona eso?
—Cuando vos escribís, lo que tenés en el papel es una foto de lo que estás pensando. Es un recorte. Y sobre ese recorte podés trabajar. Podés identificar palabras, aislarlas, hacer asociaciones. Ahí creé lo que llamo el energitómetro, que es una forma de medir la energía de esas palabras, ver cuáles te expanden y cuáles no. Y a partir de eso, podés reescribir.

—¿Reescribir en qué sentido? ¿Cambiar lo que escribiste o cambiar la forma en que interpretás eso?
—Reescribir es cambiar la narrativa que te estás contando. Porque en definitiva lo que escribís es tu vida, tu experiencia. Entonces podés preguntarte: ¿quiero seguir contando esta historia o quiero otra? Y ahí empezás a modificar cómo te hablás, cómo interpretás lo que te pasa. Eso genera cambios reales.

—Hay algo interesante en tu propuesta y es volver a escribir a mano en un momento donde todo pasa por pantallas. ¿Por qué es importante eso?
—Porque es otra experiencia. No es lo mismo escribir en la computadora que escribir a mano. El ritmo es distinto, el cerebro funciona de otra manera. Es casi meditativo. Y además está tu letra. No es una tipografía uniforme: sos vos ahí. Hay algo muy concreto de tu identidad en ese papel.

—También hablás de entrenamiento, de que no es algo que salga naturalmente…
—Total. Es como ir al gimnasio. Al principio te sentás y no sabés qué escribir, te cuesta, te incomoda. Pero con el tiempo se entrena. Por eso recomiendo empezar con dos o tres minutos por día. Escribir algo simple: qué te pasó, cómo te sentís. Y después volver a eso.

—¿Qué le dirías a alguien que no sabe por dónde empezar?
—Que se compre un cuaderno y escriba cinco minutos por día. Y que haga listas de palabras si le cuesta. Por ejemplo, las diez palabras que más usó en el día. Y después que haga mapas mentales con esas palabras. Eso ya te empieza a abrir la cabeza y a generar asociaciones.

—¿Qué pasa con las personas que hacen el proceso completo? ¿Qué cambios ves?
—En general hay transformaciones muy claras. La gente empieza a tener más claridad, a ordenarse, a entenderse. Es un recurso que está al alcance de cualquiera, pero, cuando lo incorporás, no hay vuelta atrás. Porque empezás a verte.

—También hay algo de comunidad en lo que hacés…
—Sí, se genera una comunidad muy linda. A mí me encanta que me escriban, que me cuenten sus procesos. Siempre les pido feedback porque me ayuda a mejorar. Pero, más allá de eso, ves que las personas se llevan algo que pueden usar toda la vida.

—Ahora estás lanzando un nuevo programa. ¿De qué se trata?
—Se llama “Alquimia narrativa”. Es un proceso de siete semanas donde trabajo con la estructura del camino del héroe. La idea es dejar atrás una versión tuya y construir una nueva. Es un proceso guiado, con encuentros en vivo, ejercicios, escritura, mapas. Es muy práctico.

—En definitiva, ¿qué lugar ocupa la escritura en todo esto?
—Es una herramienta para encontrarte. Estamos acostumbrados a escribir para otros, para redes, para mostrar. Pero, cuando escribís para vos, cambia todo. Es un espacio íntimo donde podés ver qué te está pasando y trabajar sobre eso.

Ver entrevista completa: 

Por María Noel Domínguez