Contenido creado por María Noel Dominguez
Cultura

Nueva edición

Se viene una edición muy especial del Sant Jordi este sábado en la plaza Varela

Todo empezó en 1926, cuando un grupo de inmigrantes catalanes decidió crear un espacio propio en la ciudad.

24.04.2026 09:23

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2026-04-24T09:23:00-03:00
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Leo Silveira Mattiauda

Se viene una edición muy especial del Sant Jordi este sábado 25 de abril en la plaza Varela, desde las 13:30h con presentaciones de libros, música, danzas y gastronomía.

Entre las actividades programadas destacan la presentación del libro “La bala” del periodista Antonio Ladra junto al músico Andrés Stagnaro, la actuación del Payaso Papanata con canciones de su libro “Circo Papanata” para los lectores más pequeños, la presencia varios escritores del medio que firmarán ejemplares en uno de los stands de la gran feria de librerías que estarán en el centro de la plaza.

100 años del Casal Catalá de Montevideo

Un sábado al mediodía de abril, la plaza Varela se llena de colores. Hay mesas con libros, rosas rojas y conversaciones que alternan entre catalán y español. Es la fiesta de Sant Jordi y el Día Internacional del Libro (23 de abril), una de las tradiciones más queridas que el Casal mantiene viva en la ciudad desde hace más de quince años junto a la librería Pocitos Libros.

La fiesta tiene algo de íntimo y de barrial a la vez: parejas que se regalan rosas, lectores que intercambian libros, niños que corretean a buscar su libro favorito, otros escuchan historias, hay música en vivo, hay charlas literarias y firmas de autores. No es Barcelona, pero por un momento se le parece.

 Todo empezó en 1926, cuando un grupo de inmigrantes catalanes decidió crear un espacio propio en la ciudad. No era solo nostalgia: era necesidad. Lejos de su tierra, buscaban un lugar donde hablar su lengua, compartir costumbres y reconstruir comunidad.

El Casal nació como punto de encuentro, pero rápidamente se transformó en algo más profundo: una casa cultural. Allí se organizaron actividades sociales, se discutió política y se tejieron redes de solidaridad en tiempos complejos, tanto en Uruguay como en España.

Con los años, las paredes del Casal guardaron historias de exilio, celebraciones, debates y generaciones que crecieron entre dos identidades…

La noche es fría, pero la fogata crepita alto en la plaza. Alrededor, familias, jóvenes, abuelas y niños se acercan a la hoguera con papelitos en la mano. Algunos escriben deseos; otros, despedidas. La leyenda dice que hay que tirar al fuego lo malo con el papelito para que el fuego se lo lleve. Cuando las llamas los consumen, algunos aplauden, otros bailan. Es la noche del 23 de junio, la Noche de San Juan, y aunque el calendario marca invierno en Uruguay, el ritual pertenece a otro hemisferio, a otra memoria: la de Cataluña.

Así, entre brasas y acentos mezclados, el Casal Catalá de Montevideo celebra esta fiesta desde ….

Cedida a Montevideo Portal

Cedida a Montevideo Portal

Durante el resto del año, la actividad no se detiene. En las salas de su emblemático local de la calle Francisco Araucho hay clases de lengua catalana, de teatro, ensayos de grupos de danza, reuniones culturales y talleres. La biblioteca —discreta pero persistente— conserva textos que funcionan como puente entre generaciones.

Un domingo de agosto, desde las primeras horas de la tarde, decenas de jóvenes y no tanto colman las mesas del salón principal del Casal para disfrutar una jornada de juegos de mesa modernos con una rica taza de chocolate caliente.

Cien años después, el Casal ya no es solo de los inmigrantes que lo fundaron. Es también de sus hijos, sus nietos y de quienes, sin tener origen catalán, encuentran allí un espacio cultural abierto a toda la comunidad.

La institución ha sabido adaptarse: de ser un núcleo de expatriados pasó a integrarse en la vida cultural montevideana, sin perder su esencia. Ese equilibrio —entre tradición y renovación— explica su permanencia.

Quizás ahí esté la clave de estos cien años: en sostener el ritual, en volver a reunirse, en mantener encendida una llama que no es solo festiva, sino también simbólica.

El Casal Catalá de Montevideo cumplió un siglo, este espacio ha sido el refugio cultural y puente entre generaciones. La cultura catalana, su amor por la lengua, la música, las celebraciones y tradiciones se mantienen presentes y se trasmiten reuniendo cientos de personas alrededor de una identidad compartida. Pero también, forjando lazos con la sociedad montevideana toda, manteniendo la llama de la memoria de aquellos primeros catalanes inmigrantes que iluminaron el camino hacia el futuro…