Sarah White estudiaba psicología, pero abandonó la carrera, decepcionada. Sin embargo, unió su pasión por la informática con los conocimientos que traía de la universidad, para crear una terapia novedosa, y, al parecer, de gran aceptación, al menos entre el público masculino.

"Freud usaba la libre asociación y yo uso la desnudez", dice la chica, que apunta que su terapia es exitosa entre "los hombres, que son más renuentes a concurrir a terapia, y les resulta más interesante, tentador y excitante".

El asunto es así: las primeras sesiones, que cuestan 150 dólares, se hacen vía web, con una sola cámara en la que aparece Sarah, y mediante chateo textual. A medida que las entrevistas van avanzando y se consolida la relación terapeuta-paciente, comienzan a utilizar dos cámaras, hasta que, finalmente, las sesiones se realizan en persona. La "doctora" comienza cada sesión vestida, y, paulatinamente se va quitando la ropa, hasta terminar desnuda.


White dice que tiene unos 30 pacientes fijos, sólo en la ciudad de Nueva York, y, aunque no especificó si alguno encontró una mejoría a sus problemas, aventuramos que la respuesta es afirmativa.