Por Mateo Aguerre
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Gastón Rusito González experimenta un regreso cargado de afecto. Después de su pasaje por la murga La Nueva Milonga y dos carnavales en los parodistas Zíngaros, el artista volvió a Los Muchachos, conjunto con el que construyó una parte importante de su recorrido carnavalero. La vuelta, dice, se vive como un reencuentro con un núcleo humano que sobrepasa lo artístico y que lo acompañó en etapas decisivas de su vida.
“La sensación siempre es linda: volver a un lugar en el cual fui feliz. Fueron nueve años, este va a ser el décimo, diez carnavales con Los Muchachos”, aseguró en una entrevista con Montevideo Portal.
González explicó que el regreso no solo implica reencontrarse con compañeros, sino también con vínculos que se sostienen por fuera del concurso. Según relató, muchas de esas relaciones se construyeron con la intensidad propia del carnaval, espacio en el que el tiempo que se comparte con el conjunto, en la recta final de la temporada, llega a ser mayor que el tiempo familiar.
“Hemos forjado una amistad más allá de lo artístico. En estos meses pasás más con ellos que con tu familia, entonces es hermoso poder compartir”, dijo.
A esa alegría se le suma —según contó— una nostalgia inevitable, ya que vuelve a un lugar que lo “vio crecer”. En Los Muchachos, recordó, atravesó cambios personales profundos, incluyendo el nacimiento de sus hijas, y reconoce que el conjunto estuvo presente en ese proceso. Incluso, el reencuentro con la hinchada se volvió un termómetro del tiempo.
“Me saqué fotos con gurises que tenían un año y ahora tienen 16, te muestran la foto y decís ‘qué viejo que estoy’. Es felicidad de recuerdos”.
La etapa en zíngaros y la parodia que lo marcó
Antes de este regreso, Rusito pasó por distintos caminos artísticos: dejó Los Muchachos en 2022, integró La Nueva Milonga en 2023 y luego estuvo en Zíngaros en 2024 y 2025. Allí, dijo, vivió un proceso “muy emotivo” y desafiante, marcado por el peso simbólico de volver al conjunto donde debutó como parodista siendo adolescente.
“Fue un regreso a Zíngaros. Yo debuté en la categoría con 18 años en ese conjunto”.
González destacó especialmente el 2024, cuando el grupo llevó a escena una parodia vinculada a Ariel Pinocho Sosa, en un contexto de fuerte carga emocional tras su fallecimiento. Para él, el valor principal estuvo en el proceso de construcción colectiva, con la familia y la hinchada cerca, más allá del resultado final. Ese desafío lo llevó a convertirse en la Figura Máxima del Carnaval.
“Fue muy desafiante haber realizado esa parodia con su familia alrededor, con su hinchada que también era su familia. Yo me quedo más con los procesos”.
“Yo no iba a hacer Carnaval”: la decisión y las charlas que lo hicieron cambiar
El retorno a Los Muchachos no fue —según explicó— un movimiento planificado desde el inicio. González afirmó que había tomado la decisión de no hacer carnaval este año, por razones personales y por el impacto que la exigencia del concurso oficial puede tener en la salud y en la vida cotidiana. Sin embargo, una serie de conversaciones lo empujaron a rever esa determinación.
“En realidad no iba a hacer carnaval. Lo amo, es mi motor, es mi gran pasión, pero a veces hay otras cosas importantes en la vida y hay que equilibrarlas”.
En ese proceso, describió su vínculo con Marcel Yern, director del conjunto. También contó que habló con Gastón Sosa —hijo de Pinocho Sosa— y responsable de Zíngaros. La charla, contó, fue en términos de respeto y apoyo personal, más allá de la competencia artística.
“Arriba del escenario somos competencia, pero del lado humano siempre tuve apoyo: ‘Vamo arriba, sea donde sea’”.
Un Rusito “colectivo” y la previa de la fiesta
De cara a esta nueva edición del carnaval, González adelantó que el sello de Los Muchachos vuelve a ser la apuesta colectiva y que su rol busca integrarse desde el trabajo grupal, aportando “un granito de arena”, sin correrse del estilo propio que lo caracteriza.
“Es una apuesta colectiva, que ya es una característica del conjunto. Yo vengo a aportar mi granito de arena”.
Sobre los días previos al desfile y al inicio de los tablados, señaló que conviven la exigencia y los nervios con el disfrute. Dijo que es el momento en el que se ajusta el minutaje para subirse al escenario del Teatro de Verano Ramón Collazo, se recorta material y se incorporan elementos que en los ensayos todavía no estaban, como vestuario y pruebas completas. Y remarcó que el tiempo se acelera: el desfile, la primera ronda y el resto del calendario se encadenan rápidamente.
“Es cansador, porque empezás a afinar, cortar, rearmar. Pero también pasa todo rápido y hay que disfrutarlo”.
El artista destacó además el valor simbólico del desfile, no solo por la exposición pública, sino por lo que representa para quienes crecieron como hinchas del carnaval: el reencuentro entre conjuntos, el primer contacto con el vestuario y esa “magia” de ver el barrio y la fiesta en movimiento.
“El desfile es un día mágico: te reencontrás con amigos, ves a los otros conjuntos vestidos y despierta ese niño hincha del carnaval”.
Por último, mencionó: “Yo trato de disfrutar lo que hacemos. Lo nuestro es esto, y vamos a defenderlo y disfrutarlo así”.
Por Mateo Aguerre
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