Renzo Pi Hugarte, antropólogo uruguayo que históricamente discrepó con la "hagiografía" de los charrúas, intervino en la polémica desatada a fines de la semana pasada, cuando primero la Asociación de Descendientes de la Nación Charrúa y luego José López Mazz criticaron en duros términos el cuplé de la murga Agarrate Catalina sobre los primeros habitantes de estas tierras.

"No sé cómo fue eso, porque no oí lo de la murga y lo que sí vi fue una referencia de José María López Mazz. No entiendo por qué el salió de esa manera, así. Me llamó la atención porque él ha sido sumamente cauto en todas sus declaraciones y ahí se larga con todo". López Mazz trató de "planchas" a los autores de cuplé. Según Pi Hugarte, "una murga se puede reír de quien quiera: del Papa, del rey, del presidente, de todo el mundo. Para eso son murgas y ¿por qué va a haber algo sagrado? ¿Por qué los charrúas van a ser sagrados?".

En conversación con Montevideo Portal, el intelectual opinó que las tribus de "cazadores-recolectores no pueden hacer nada relevante. Es más, un cazador que se tenga que trasladar en general no hace vasijas, que son pesadas y se pueden romper". Sin embargo, subrayó que "ahora están los "charrumaníacos" que se dicen descendientes, y a mí me parece peligroso, porque hay atrás una cosa como racista, usan el lenguaje de los racistas, hablan de "sangre charrúa", como si la sangre significara algo".

El antropólogo también cuestionó el aporte de los charrúas a la conformación de una cultura e identidad nacional. "¿Qué nos da en términos de cultura y personalidad? ¡Nada!. Vamos con un ejemplo, mi abuelo era catalán y ¿qué tengo yo de catalán? ¡Nada! No conozco el catalán, no lo hablaba. ¿Qué íbamos a estudiar si era un idioma regional? Si yo me pusiera a estudiar un idioma no estudiaría el catalán sino alemán, ruso o acaso el chino; idiomas que tienen una definición mucho mayor. Entonces ¿qué podría dar tener un antepasado charrúa? ¡Nada!". "Salvo que sean disparates como los que han dicho Antón (Danilo) y Abella (Gonzalo) que les gusta cazar en los montes y los ríos porque son charrúas. ¡Déjense de embromar! A mi también me gustaba cazar", ironizó.


Recordó que "una vez en el suplemento cultural de El País, alguien me preguntó "¿pero qué dejaron los charrúas a nuestra cultura?" Y yo dije que algo que ofendió muchísimo a los "charrumaníacos", que como no sean las boleadoras que cada vez se utilizan menos, no dejaron nada. En Río Grande del Sur creen que la raíz del gauchaje hay que buscarla en los indios, pero yo creo que viene de otro lado. Después todas las cosas que se mezclaron porque la Colonia del Sacramento fue un semillero, donde desertaban soldados españoles o portugueses, marineros de barcos que se quedan por ahí, negros esclavos que se iban para los campos y ahí se mezclaron todos junto con indios guaraníes y algún charrúa que quedara".

Más adelante, Pi Hugarte reflexionó que "lo único en términos de cultura criolla que parece tener un origen indígena es la equitación. En cierto sentido, porque cuando vos querés que el caballo vaya para un lado movés las dos riendas y la equitación europea es con una rienda o con otra. Eso parece que fueron los indios, pero el freno no lo conocían, aunque pudieron hacer frenos de hueso o de palito".


Grandes valores


Pi Hugarte cuestionó que se haga una defensa encendida de los charrúas a partir de los valores morales de su sociedad. "Ellos hablan de "valores", ¿qué valores?, ¿cómo podemos saber los valores que tenían? ¿El valor de la palabra empeñada? Eso es propio de todos los pueblos del mundo que no escriben. Si son ágrafos, el compromiso de palabra tiene otro significado pero no es propio de los charrúas". Sobre ese punto, explicó que "lo que conocemos más que es de los últimos, que fue el gran error de nuestros intelectuales del siglo XIX, que creían que hablaban guaraní, o un dialecto guaraní. No. Lo poco que conocemos de la palabra charrúa que recogió Viladerbó, los lingüistas dicen que eso se parece a las lenguas chaqueñas y está bien, porque su forma de vida se parecía mucho a lo de los cazadores nomádicos chaqueños", y agregó que "si hablaban guaraní era para poderse entender como lengua franca con otros que hablaban otras lenguas y además el guaraní se extendió mucho más por los jesuitas, que lo usaban como lengua de predicación. Y hablaban algo de español y portugués".

Más adelante, y volviendo a los valores de los charrúas, el antropólogo dijo esperar de los ‘charruamaníacos' que "ya que son tan estrictos, que vuelvan a resucitar, que eso sí se sabe bien, los viejos rituales funerarios de cortarse una falange como señal de duelo por el muerto. El viejo español, abuelo del escritor Acevedo Díaz, dice que conoció a una india vieja con las manos mochas. Yo espero que empiecen a hacer eso a ver si la sangre charrúa los lleva", invitó Pi Hugarte.

El antropólogo y escritor aclaró que "no justifica" los planes para exterminar a los charrúas, pero explicó que, en su momento, era un "plan civilizatorio", y "no estaba mal visto". "La ganadería capitalista funcionaba en razón de lo que se podía exportar, que eran cueros, después de la carne salada (charque). Y los estancieros, por supuesto, no querían que vinieran los indios, como no querían que vinieran tantos bandidos a carnearle los animales. Y fueron los que instigaron el exterminio. Nosotros lo miramos con nuestros ojos y nos parece lo que es: un genocidio. Pero en la época todo el mundo estuvo de acuerdo y le pareció un acto civilizatorio". Más aún, "los estancieros mandaron cantidad de cartas ya en el gobierno de Lavalleja (Juan Antonio). Lavalleja le manda una carta a Rivera, instándolo a que ponga el ‘mayor cuidado en la exterminación de esos bárbaros', cosa que Rivera hará en su presidencia. Ahora, el único que criticó eso fue Carlos Anaya (detractor de Rivera) y dice que si bien la acción era civilizatoria es censurable por los motivos de traición que empleó. Porque él reunió a los indios con el cuento de que iban a Río Grande a traer unas arriadas de ganado. Y en la prensa de Montevideo de la época no salió nada de eso. Uno que se asombra y critica eso es un marino sueco, porque tenían otra mentalidad".

Pi Hugarte recordó que los charrúas "eran muy poquitos porque nunca aceptaron amansarse y tuvieron una larga guerra de 300 años. Al final los indios de lanza no eran más de 300. Los muertos en Salsipuedes fueron 80 y 300 y pico lo que llamaban "la chusma", que eran los niños, las mujeres y los hombres que no podían pelear y los dieron a distintas familias. La mayor parte de los indios aquí eran guaraníes, cristianizados por los jesuitas. Huían de las misiones porque no soportaban la disciplina o cuando se desataba la viruela el contagio era mayor, entonces optaban por huir y salían a escondidas por lo cual es la base del paisanaje".

Finalmente, el antropólogo se refirió a la mentada "garra charrúa", explicando que "los charrúas nunca formaron parte del ejército, acampaban aparte. Las sociedades tienen necesidades de mitos y de leyendas justificatorias.
Que luchaban hasta el final... ese es el gran mito. Que amaban la libertad... ¡y sí! Y todos los salvajes aman la libertad y lo que no se puede hacer es apresarlos y someterlos a un horario porque su vida no es esa.
Es verdad que luchaban hasta el final, eso es verdad. Pero sus contendores no le tenían piedad. Eso pasó también en las guerras civiles. Después del combate los que quedaban heridos tirados en el campo los remataban. En los partes se ponía "no se hicieron prisioneros". Eso significaba que habían liquidado a todos... el que se rendía era fusilado o degollado", concluyó.