Recuerdos de Bradbury
Marcial Souto, amigo y traductor de Ray Bradbury, recordó en diálogo con Montevideo Portal la popularidad e influencia particular que tuvo el escritor estadounidense en el Río de la Plata, además de algunas anécdotas de su visita a la región. "Sus obras marcaron la imaginación de la segunda mitad del Siglo XX, ya son parte de la mitología", comentó.
08.06.2012 12:06
Montevideo Portal
El español Marcial Souto es un nombre clave para Latinoamérica cuando hablamos de fantasía y ciencia ficción. Además de ser un escritor talentoso y un empecinado editor de gran instinto, fue uno de los traductores más destacados de la legendaria y entrañable Editorial Minotauro (fundada por Francisco "Paco" Porrúa), iniciativa responsable de hacer llegar a estas tierras los primeros libros de Ray Bradbury, J.G. Ballard, Brian Aldiss, Philip Dick o Theodore Sturgeon, entre tantos nombres gloriosos del género.
Los lectores fieles de Minotauro recuerdan con cariño sus tapas, sus traducciones impecables e incluso el olor particular de aquellas páginas que contenían tantas historias mágicas
Marcial, que creció en Uruguay y que fue también uno de los grandes impulsores de la obra de Mario Levrero dentro y fuera de fronteras, trabó amistad con figuras legendarias de la cultura popular del Siglo XX en Estados Unidos, durante sus viajes de juventud. En una de esas ocasiones conoció al recientemente fallecido Ray Bradbury, iniciando una amistad que duró más de 40 años y que motivó una dedicatoria del escritor en el libro "Mucho después de medianoche", que reza: "A Marcial Souto con admiración y afecto".
Souto y Porrúa, ambos en Minotauro, fueron los mejores traductores de Bradbury al habla hispana, encargándose con altura de una tarea ardua y que no obtiene siempre el reconocimiento que merece: volver propia una voz ajena, manejar la prosa de otro autor como si fuera una delicada pieza que puede romperse en cualquier momento.
Como explica el propio Souto, "las cosas más sensibles y más perfectas son las que más se dañan cuando alguien las trata mal". "Son más frágiles y se rompen con más facilidad. Quizá un Isaac Asimov mal traducido se nota menos que un Bradbury mal traducido", reflexiona.
Sobre su relación con Bradbury y la importancia que el escritor estadounidense tuvo en el mundo (y particularmente en el cono sur de Sudamérica), dialogamos con Marcial, que reside actualmente en Barcelona.
Según Souto, Bradbury "es un escritor único, uno de los tres o cuatro grandes cuentistas del Siglo XX". "Uno puede pensar lo que quiera de algunos de sus textos, pero es alguien que ha publicado tanto y tantas cosas de nivel alto que es único, y ha tenido una influencia extraordinaria"
"Sus obras marcaron la imaginación de la segunda mitad del Siglo XX, como Crónicas Marcianas, los relatos de El hombre Ilustrado o Fahrenheit 451. Son parte de la mitología de la segunda mitad del Siglo XX", considera.
Para Souto, "pocas cosas han tenido tanta influencia sobre la manera de ver el mundo", destacando además que "sus libros han cumplido una función notable, que es la de hacer que la gente se interese en la lectura. Mucha gente ingresó a la literatura y las ganas de leer a través de Bradbury, al menos mientras duraron sus libros en las librerías y Minotauro se distribuyó bien".
Souto recuerda la tremenda influencia que tuvo Minotauro en el Río de la Plata, donde Bradbury obtuvo un éxito y cantidad de lectores mucho mayor al de España. "Luego pasó lo que pasa siempre: empresas enormes se quedaron con Minotaruo y los libros dejaron de circular. Perdieron no sólo un gran autor sino una mina de oro, lo que es parte de la ignorancia de cierta gente en el mundo editorial", sentenció.
Encuentro nocturno
"Yo tendría 16 o 17 años y me encontraba en Montevideo cuando alguien me habló de Bradbury", recuerda sobre el primer contacto con su literatura. "En aquel momento los libros de Minotauro circulaban muy poco aquí, y alguien me comentó que Crónicas Marcianas era un libro mágico y único, y aquí no había ninguno de sus obras circulando. Tardé varios meses en encontrarlo y cuando lo leí no podía creerlo. Luego devoré todo lo que pude encontrar de él", recuerda.
A los 21 años (en 1968), Souto ganó en Montevideo una beca para estudiar inglés (su objetivo era leer a autores que no estaban traducidos al español) y viajó a Estados Unidos, donde conoció a Bradbury.
"Hice coincidir mi viaje con una convención mundial de ciencia ficción que había en Oakland y al segundo día apareció Bradbury, lo que fue una sorpresa, porque él no solía ir ya a convenciones en esa época. Pude hablar mucho con él y desde entonces hemos estado en contacto", recuerda Marcial.
Poco después, Souto se quedó tres semanas en la casa del mítico editor e impulsor de ciencia ficción Forrest Ackerman, donde pasaban con frecuencia buena parte de los autores del género. "Bradbury iba todas las tardes en bicicleta a charlar un rato", según cuenta el traductor, que lo recuerda como" un hombre muy divertido, con un tremendo sentido del humor, a tal punto que tengo recuerdos de reírnos mucho".
En el año 1997, Marcial se enteró de que la Feria del Libro quería invitar a Bradbury, una tarea complicada por la renuencia del escritor a viajar largas distancias. "Él tenía terror a los aviones hasta que quedó varado en una ocasión en Cabo Cañaveral y no tuvo otra opción que volver en avión. Fue un acontecimiento tal que el presidente de la compañía aérea viajó para acompañarlo", cuenta sobre su fobia a volar. "Bradbury nos contó que lo emborracharon un poco, le dieron unos cuantos martinis y a partir de allí comenzó a viajar, le encantó (...) Nos confesó que se había dado cuenta que le tenía miedo a sí mismo".
Superado su temor a volar, Bradbury aceptó visitar Argentina y participar de la Feria del Libro. Durante su estadía en buenos Aires, Marcial Souto fue su "ministro de Relaciones Exteriores", como lo definió el propio Bradbury. Se quedó con él y su señora en el hotel y debió acompañarlo todo el tiempo.
"Fue una experiencia muy divertida. Él la pasó tan bien que cuando nos despedíamos en el aeropuerto, me tomó las dos manos y me dijo: 'es la mejor experiencia que tuve en mi vida, nunca sentí tanto fervor y tanto cariño de mis lectores'", comenta.
Recuerda a Bradbury y su esposa, además, como grandes catadores y tomadores de vino, probable génesis del cuento "Los ratones" de "Remedio para melancólicos", que gira en torno a una misteriosa pareja que no abandona el hogar, conducta cuya explicación puede encontrarse en su gran colección de botellas de vino.
"Tenía una bodega en su casa, junto a la mujer y sabían mucho del tema ambos. Recuerdo que su mujer rechazó dos o tres botellas en una cena porque no eran de buena calidad. Y el día en que firmó libros en la feria, cuando se quedó hasta la una y media de la mañana (algo inédito) se tomó tres litros y medio de vino tinto mientras firmaba hasta el último de los ejemplares", rememora. "Luego de terminar, volvimos juntos al hotel con una botella en la mano a medio terminar y la corbata en la otra, además de tres o cuatro bolsas llenas de regalos que les llevaba la gente. Bradbury era un tipo increíble como persona y al mismo tiempo un autor único, alguien que se levantaba y en dos o tres horas escribía un cuento de un tirón", agrega.
Su pulsión por la literatura era tan grande que pese a sufrir dos derrames cerebrales en los últimos años, siguió escribiendo mediante el método de dictarle a su hija menor (también su secretaria) sus cuentos. "Ella vivía en Arizona y él en Los Ángeles, pero le dictaba por teléfono horas, ella lo transcribía, se lo mandaba por fax, él lo revisaba a mano y lo devolvía: así fueron escritos los últimos libros", comenta Souto.
Para convencer a Bradbury de que realizara el largo viaje a Estados Unidos Souto debió hablar con él (y su mujer) todas las semanas, convenciéndolo de a poco, lo que logró luego que ele escritor pidiera que se representara una obra de teatro suya en Buenos Aires. Marcial tradujo entonces tres de sus obras de teatro (editadas luego por Minotauro con el nombre "Columna de fuego").
Zen en el arte de escribir
Como traductor, recuerda haber tenido que charlar extensamente por teléfono con él para lograr comprender el poema final que se encuentra en el libro "El signo del gato". "Él era un maravillo poeta como cuentista, pero cuando se ponía en poeta en serio resultaba ser bastante malo. Los poemas que hizo no son nada buenos, en general. Yo recopilé varios para libro que edité en Argentina y me costó encontrar 50 buenos para hacerlo", puntualiza.
El poema de "El signo del gato" era "increíblemente absurdo", según Souto, que tuvo que llamarlo para decirle que no entendía lo que quería decir. Conectado al teléfono, cada cual con el libro en la mano, Bradbury le reconoció que era un texto absurdo y que no comprendía algunas de las cosas que había puesto. "Es decir, había poemas francamente malos, siendo él un maravilloso poeta cuando se dedicaba a la prosa".
Sobre la técnica de Bradbury y la frescura de su prosa, Souto recuerda que el propio escritor le confió que mantenía un archivo con unos 500 cuentos en diversos estados. "Cuando se aburría de un texto o no funcionaba lo dejaba, hojeaba el archivo, encontraba algo que lo impulsara y escribía una página más. Es decir, todo lo que él escribió lo hizo en el punto máximo de entusiasmo y eso es lo que hay que hacer en la literatura, jugarse por las cosas que uno cree".
Montevideo Portal
Acerca de los comentarios
Hemos reformulado nuestra manera de mostrar comentarios, agregando tecnología de forma de que cada lector pueda decidir qué comentarios se le mostrarán en base a la valoración que tengan estos por parte de la comunidad. AMPLIAREsto es para poder mejorar el intercambio entre los usuarios y que sea un lugar que respete las normas de convivencia.
A su vez, habilitamos la casilla [email protected], para que los lectores puedan reportar comentarios que consideren fuera de lugar y que rompan las normas de convivencia.
Si querés leerlo hacé clic aquí[+]