El avance de las selecciones latinoamericanas en el Mundial de Brasil 2014, junto a la caída temprana de varias selecciones europeas, muchas de ellas favoritas al título, resultó un duro golpe para las prostitutas de Río de Janeiro. "Si pensaba ganar 1.000, ahora sé que ganaré 100", ejemplifica Rita, de 26 años, quien para en un conocido bar de Copacabana en el cual contacta a potenciales clientes. "Esta Copa de mierda nos arruinó", acota, más directa, Laura, en declaraciones citadas por el periódico madrileño ABC.

"Queda toda esa resaca de uruguayos, chilenos, colombianos, argentinos, no sé de dónde... No pagan nada, están secos, no tienen un real, lloran por todo, quieren todo gratis, por una miseria", agregó la mujer de 31 años.

Según las meretrices cariocas, todo el mundo esperaba que, además de los estadounidenses, los europeos se quedaran más tiempo en el país, "hasta casi la final", en lugar de los latinoamericanos. "Aquí nos subieron todos los precios: moteles, pensiones, las cantinas en las que comemos. Ahora todo son pérdidas", lamentó Rita.

Amanda, una morocha que atrae todas las miradas a su paso, critica especialmente a los mexicanos y chilenos. "Beben la noche entera y de madrugada se ponen insoportables, pero no sueltan los billetes", reclamó.

La joven de 28 años, quien ejerce la prostitución desde hace siete años, cuenta a modo de ejemplo que, mientras los estadounidenses y los europeos pagan 400 reales por una salida de no más de un par de horas, los latinoamericanos pagan "con suerte" 150.

"Es mucha diferencia. ¿Para qué los queremos aquí? Por mí que se vayan. Pero solo andan ellos. Algún alemán contento y los estadounidenses, pero auténtica multitud, solo los de por aquí".

Tampoco nadie previó que Costa Rica, la cenicienta del "grupo de la muerte", quedara primera e invicta en su zona; ni que los chilenos invadieran literalmente Río de Janeiro, al igual que los argentinos y - en menor número- los mexicanos.