La gota que desbordó el vaso -o la copa, en este caso- ocurrió días atrás en un barrio del norte de Manchester. Allí, un hombre que estaba bebiendo en un restaurante llamó al número de emergencias - que en Reino Unido es el 999- para denunciar que el camarero le había servido una copa de vino en la que sobrenadaban algunos trozos de corcho.
Al parecer, el cliente discutió con el personal, exigiéndole que le devolvieran el dinero. Al no obtener satisfacción realizó la mencionada llamada.
Luego de que el caso ganara difusión mediática, la policía local advirtió que de ahora en más aplicará con todo rigor una normativa ya existente, que permite aplicar fuertes multas a quienes utilicen la línea de urgencias con motivos baladíes.
"El hombre llamó y dijo que estaba teniendo una discusión con la gente del restaurante porque no querían devolverle el dinero que había pagado por el vino y necesitaba ayuda desesperadamente. Por supuesto que no enviamos a nadie", explicó el vocero policial Phil Spurgeon. Los operadores aconsejaron al denunciante que se calmara, y que en lo sucesivo no llamara por cuestiones tan tontas.
En los últimos tiempos, las llamadas al 999 con motivos más bien absurdos y nada urgentes, han menudeado en el país. Entre los más recientes, señalan el caso de una mujer que llamó para quejarse de que tenía gusanos en su galpón, y un automovilista que se comunicó para denunciar que alguien había ocupado su sitio en el estacionamiento, según consigna Daily Mirror.
La semana pasada una mujer fue arrestada después de llamar alcoholizada al número de emergencias para informar que su perro se había escapado y su pececito estaba muriendo.
La mujer fue identificada como Julie Jane Thompson, de 54 años, de Cockermouth , Cumbria, quien había recibido recibió anteriormente una advertencia por comportamiento antisocial (ASBO), donde se le ordenaba no hacer llamadas innecesarias al 999, advertencia que ignoró.
A principios de este año, la Policía de West Midlands reveló alguns de sus llamadas más absurdas, que incluyeron a alguien quejándose de que el personal de McDonalds se negaba a atenderlo, y el caso de una mujer que llamó porque había olvidado la contraseña de su laptop.
La lista de comunicaciones más curiosas incluyen la llamada de un joven interesado en saber si los oficiales podían ir a su casa y a asustar a su hermana, y la de una señorita enojada porque se le impidió la entrada a un club nocturno.