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Siempre vigente

Miquel Ortega: “L'elisir d'amore sigue emocionando porque las grandes obras no envejecen”

El director español habló sobre la versión uruguaya de la ópera de Donizetti y su vigencia casi dos siglos después.

10.08.2026 13:49

Lectura: 11'

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Miquel Ortega es uno de los directores de orquesta españoles de mayor trayectoria en el repertorio operístico. Compositor, director y pianista, ha dirigido más de un centenar de títulos de ópera en teatros de Europa y América, consolidándose como una de las principales referencias del bel canto y de la lírica española contemporánea.

Ortega, quien tiene un gran reconocimiebnto mundial por haber llevado a la opera La casa de Bernanrda Alba, estará dirigiendo en Uruguay la obra maestra de Donizetti, L'elisir d'amore,  los días 21, 22 y 23 de agosto en el Auditorio Nacional Adela Reta, en una coproducción del Sodre y la Sociedad Uruguaya Pro Ópera.

En esta producción de L'elisir d'amore asume la dirección musical de una propuesta inédita que traslada el clásico de Gaetano Donizetti a la Banda Oriental de comienzos del siglo XIX. Al frente de la Orquesta Juvenil Nacional del Sodre y del Coro Nacional del Sodre, Ortega lidera un proyecto liderado por la escengrafa  que combina el respeto por la partitura original con una mirada escénica profundamente vinculada a la historia y la identidad uruguayas.

Montevideo Portal habló con él, antes de su llegada a Montevideo, sobre la vigencia de la obra de Donizetti, los desafíos de dirigir una producción con una identidad tan singular y las razones por las que L'elisir d'amore sigue emocionando al público casi dos siglos después de su estreno.

¿Qué pensó cuando le propusieron dirigir una versión ambientada en la Banda Oriental de comienzos del siglo XIX?

Me pareció muy buena idea. Es un argumento que puede desarrollarse en un sinfín de lugares y ambientes.

Desde el punto de vista musical, ¿una puesta tan diferente cambia de algún modo la manera de interpretar la obra?

No cambia en absoluto. Puede adaptarse perfectamente a distintas propuestas y esta de Vivien Hewitt me parece muy interesante y estimulantemente a la vez.

¿Hasta dónde puede reinterpretarse un clásico sin traicionar el espíritu de su compositor?

Considero, sinceramente, que si se mantiene la esencia y el argumento de base, no hay problema en cambiar de lugar o de época. El alma y la condición humana no ha cambiado tanto a lo largo de los siglos. Nos movemos por motivaciones parecidas a las de nuestros antepasados, y un director de escena, en esta caso nuestra directora, puede perfectamente sugerir estos ligeros cambios sin traicionar la idea original.

¿Qué se gana y qué se arriesga cuando se traslada un clásico italiano a otro contexto histórico?

Creo que se gana en el acercamiento a un público concreto y considero que no se pierde casi nada.

Donizetti escribió esta ópera hace casi dos siglos. ¿Por qué sigue emocionando al público actual?

Sigue emocionando porque las grandes obras de arte son imperecederas. La música de Mozart sigue emocionando siendo anterior a esta, y aquí el componente teatral unido a una música excelente compuesta por uno de los grandes exponentes del bel canto, Gaetano Donizetti, no pasa de moda.

¿Qué debe tener un director de orquesta para que una ópera funcione más allá de la excelencia musical?

Yo diría que ante todo debe tener una gran compresión de la obra; eso, como me inculcaron mis maestros, pasa por un análisis detallado de la obra en cuestión, y luego debe poseer una técnica directorial lo suficientemente clara para hacerse entender con el mínimo de palabras. Eso no quiere decir que no deba expresarse verbalmente en los ensayos, pero siempre me ha gustado mucho un consejo que recibí de mi Maestro de dirección de orquesta, Antoni Ros-Marbà, que a sus casi 90 años sigue dirigiendo: “No digas con palabras todo lo que puedas decir con tu gesto”.

¿Es hoy más difícil atraer nuevos públicos a la ópera que hace veinte años?

Es una pregunta de difícil respuesta. Considero personalmente que no es más difícil. Pero hay que estudiar una fórmula concreta. El problema hoy en día es que no se suele hacer desde la base, desde la infancia en las escuelas. Atraerles de forma sutil. He vivido experiencias muy positivas al respecto, viendo a chicos y chicas de entre 10 y 16 años ser llevados a presenciar funciones de ópera o ensayos sin prejuicio previo, y salir entusiasmados. Cuando hablo de prejuicios me refiero a lo que muchos adultos equivocadamente dicen sobre la música clásica que si es muy cara, que si es elitista… nada más lejos de la verdad. De hecho, por lo que respecta a la economía, el fútbol es mucho más caro en general y va mucha más gente. Ahí no radica el problema.

¿Qué consejo le daría a alguien que nunca vio una ópera y piensa asistir por primera vez a L'elisir d'amore?

Precisamente eso, que vaya a disfrutar, sin prejuicios de ninguna clase. Que escuche la música, si puede ser que lea un sinopsis del argumento anteriormente o incluso antes de la función en el programa de mano. Yo lo hacía así cuando mi madre me llevaba a la ópera de pequeño, leía el argumento en el programa de mano y disfrutaba del espectáculo… desde los 11 años.

L'elisir d'amore se estrenó hace casi dos siglos y sigue siendo una de las óperas más representadas del mundo. ¿Cuál cree que es el secreto de esa vigencia?

El secreto es el mismo que el de las pirámides de Egipto, el Partenón de Atenas o las sinfonías de Beethoven… o las canciones de los Beatles, lo que está bien hecho permanece durante décadas, siglos…!

¿Qué tiene la música de Donizetti que sigue emocionando a públicos tan distintos y de épocas tan diferentes?

Tiene un componente, que me atrevería a llamar epidérmico, que es su facilidad para la melodía. La melodía entra por los oídos pero también por la piel. Por eso con una bella melodía se nos ponen lo pelos de punta, la “piel de gallina”. A otro nivel más complejo de analizar, pero que funciona a nivel subconsciente,  es su habilidad para estructurar la música. La distribución de las partes musicales que, como piezas de un puzzle, se van superponiendo y creando un universo sonoro ayuda a que el oyente, instintivamente escuche la obra con facilidad. Esa es una habilidad que aprende de los clásicos.

Muchos consideran esta una comedia. Sin embargo, también tiene momentos de enorme profundidad emocional. ¿Cómo conviven esas dos dimensiones?

Básicamente es una comedia. Los momentos emocionales vienen dados por las pulsiones humanas que existieron hace millones de años y siguen vigentes: la necesidad de amar y ser amados, la atracción hacia otro ser de forma sexual… en ese aspecto nada o poco ha cambiado, quizá las formas según como. Pero nos seguimos enamorando como Nemorino lo hace de Adina, y sufrimos si somos rechazados o somos felices si somos correspondidos. Pero la base de la obra es comedia: un Elisir falso, que no es más que vino de Burdeos y no la fórmula mágica que pretende Dulcamara que la gente crea que es para timarles; un soldado fanfarrón que cree que todas las mujeres caerán rendidas a sus pies, y acaba yéndose con la cola entre las piernas pero sin reconocerlo; etc.

Usted ha dirigido más de un centenar de títulos operísticos. ¿Qué desafíos específicos plantea L'elisir d'amore?

La dificultad de esta obra como la mayoría que pertenecen al bel canto -que es solo una etapa en la historia de la ópera, aunque hay gente que erróneamente sigue creyendo que el bel canto es sinónimo de ópera en general- es encontrar el equilibrio entre los momentos en que hay que saber “soltar la correa” para que los solistas puedan aportar su concepción y los momentos en los que con mano férrea hay que controlar todos los elementos sonoros. Sin duda los primeros son los más difíciles.

¿Cuál considera que es el momento musical más brillante de la obra?

¡Hay tantos! Me resisto a decir que el más famoso, la archiconocida romanza del tenor “Una furtiva lagrima” es el más brillante, aunque sin duda lo es, porque el final del primer acto es -por ejemplo- un dechado de imaginación y de estructuración, que además cuenta con una de las melodías más hermosas de toda la obra: “Adina credimi…” Hay muchos más. Ciertamente es un disfrute esta obra maestra de la ópera cómica.

"Una furtiva lagrima" es una de las arias más famosas de la historia de la ópera. ¿Qué tiene de especial para que siga conmoviendo generación tras generación?

Es merecidamente una de las arias más conocidas de la historia de la ópera, por su melodía inspiradísima y a la vez por su sencillez estructural. Un detalle que llama mucho la atención es que Donizetti usa el arpa solo en este momento de la ópera. ¡¡Una ópera que dura más de dos horas!!

¿Qué equilibrio busca entre la orquesta, el coro y los cantantes para que la historia fluya con naturalidad?

¿Qué representa para usted participar en una producción nacida específicamente para el público uruguayo?

Para mí sólo el hecho de debutar en Uruguay, un país en el que tengo además muy buenos amigos cantantes y músicos, ya es una ilusión y un honor. Que además la puesta en escena haya sido pensada para este público es un aliciente adicional.

Si alguien nunca asistió a una ópera, ¿por qué L'elisir d'amore puede ser una excelente puerta de entrada?

Porque es una de esas obras que crean afición, como “Traviata”, “Bohème”, “Carmen”…

Después de tantos años de carrera, ¿qué sigue emocionándolo cuando se levanta el telón?

El poder seguir dedicándome a este maravilloso oficio. Doy las gracias a Dios, al Universo, a quien corresponda, todos los días por poder seguir haciendo música y ver levantarse el telón.

Si tuviera que definir L'elisir d'amore en una sola palabra, ¿cuál elegiría y por qué?

Felicidad, porque obras como esta te hacen sentir feliz. Aún recuerdo la primera vez que la vi y escuché en el Teatro del Liceu en mi ciudad natal, Barcelona, contaba yo unos 13 años, con el tenor Eduard Giménez, que años más tarde se convirtió en un buen amigo, y al que tuve el honor de dirigirle muchos años más tarde está misma obra. ¡Imagínense la emoción que sentí!

Si Donizetti pudiera asistir al estreno en Montevideo, ¿qué cree que le sorprendería más de esta producción?

Imagino que el cambio de época y lugar, y seguramente también el cambio de sonido de las orquestas actuales.

¿Qué le diría a alguien que piensa que la ópera es un arte del pasado?

Pues le diría que no seríamos nada sin lo que han hecho nuestros predecesores, y que deberíamos siempre mostrar respeto por las creaciones del genio del ser humano indistintamente de la época en la que ha sido creadas. No se nos ocurre menospreciar o pensar en que es algo pasado de moda la obra de un Miguel Ángel, de un Leonardo Da Vinci, de un Velázquez, de un Shakespeare, de un Beethoven…

En esta versión, un joven campesino italiano se convierte en un gaucho oriental. ¿Por qué esa transformación funciona sin que la obra pierda autenticidad?

Porque es una historia que puede ocurrir en cualquier lugar o época.

Como compositor, ¿escucha a Donizetti de una manera distinta a la de un director de orquesta? ¿Qué detalles descubre en la partitura que quizá pasan inadvertidos para otros?

Creo modestamente que sí. Un compositor trata siempre de ser extremadamente respetuoso con la obra de un colega y analiza la misma tratando de ponerse en su cabeza, porque ha escrito cada frase del modo que la ha escrito, y ese bucear en la partitura puede ser, en alguien que es compositor un poco más obsesivo. Eso no quita que un director que no lo sea no tenga los medios y conocimientos suficientes para desentrañar todos los entresijos de una partitura.

Ficha

L'elisir d'amore, de Gaetano Donizetti, se presentará los días 21, 22 y 23 de agosto en el Auditorio Nacional Adela Reta, en una coproducción del Sodre y la Sociedad Uruguaya Pro Ópera, con dirección musical de Miquel Ortega y dirección escénica de Vivien Hewitt.