Martín Girona es un escritor uruguayo que decidió internarse en el terror, un género que conoce desde chico, pero con una dificultad adicional: sus historias no transcurren en castillos europeos, pueblos de Nueva Inglaterra ni bosques importados de la tradición anglosajona. Ocurren acá. En Santa Clara de Olimar, en un pueblo de Rocha, en el monte nativo, en lugares que cualquier uruguayo podría reconocer.

Sus monstruos también son propios. Aunque dialogan con el folclore uruguayo, rioplatense y latinoamericano, no buscan reproducir leyendas conocidas. No hay un vampiro trasladado a Montevideo ni una reconstrucción de la luz mala. Hay una búsqueda más ambiciosa: construir una mitología del terror desde Uruguay.

Y detrás de esa búsqueda aparecen Horacio Quiroga, Edgar Allan Poe, Stephen King, Jorge Luis Borges, los cuentos leídos de niño y las películas de terror vistas a escondidas mientras sus padres estaban ocupados en otra cosa. 

Esta es parte de la entrevista que Girona mantuvo con Montevideo Portal:

¿Cómo llegaste a este género tan particular?

El terror fue mi entrada a la literatura y a la ficción en general. Esa entrada fue también a través del cine de terror, que veía medio a escondidas mientras mis padres hacían otra cosa. Y mi primera entrada literaria memorable fue Horacio Quiroga. Es lo primero que recuerdo en literatura que me impactó, que me resultó memorable y que todavía creo que es una experiencia que nos ha pasado a todos. Borges, que era bastante mala leche cuando hablaba de otros escritores latinoamericanos, era muy crítico de Quiroga. Lo mejor que podía decir de él era que sus cuentos eran memorables. Y ser memorable es clave. Son cuentos que te marcan, que si los leés en el momento correcto te definen.

¿Y cómo se construye esa genealogía?

Quiroga me llevó a Poe, y Poe me llevó a todo un mundo de escritores influidos por él. A partir de ahí, quise escribir género, específicamente terror, porque es lo que disfruto. Pero hay una dificultad: es difícil hacer que te tomen en serio. Yo quiero que me tomen en serio. El terror ha sido tomado durante mucho tiempo como algo menor, algo tipo serie B o serie Z en la literatura. Difícilmente un premio literario va a premiar a una obra de género. Lo mismo pasó en el cine durante muchos años. El primer desafío fue querer escribir género sin descuidar la literatura, sin descuidar el uso del lenguaje, la construcción de la frase. Me gusta la plasticidad que tiene el español y aplicarla al género es fundamental. El segundo desafío fue cómo traducirlo al uruguayo: cómo trasladar los grandes arquetipos del terror, que son anglosajones, porque la tradición es anglosajona. Quiroga tuvo un desafío similar cuando trató de traducir a Poe y a Maupassant, que eran como sus grandes maestros. En su "Decálogo del perfecto cuentista" los nombra y dice: "Debés tener un maestro". La operación más simple sería meter un vampiro en Uruguay. Pero el libro no va por el lado de reconstruir leyendas ni hacer una crónica de la luz mala. Mi objetivo fue crear mi propia cosmogonía tomando elementos del folclore uruguayo, rioplatense y latinoamericano, pero creando mis propios monstruos, mis propias cosmogonías.

Tus cuentos transcurren en lugares que podemos reconocer, como uno de los últimos, que se concentra en un monte nativo.

Montevideo Portal

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El cuento que mencionás tiene como tema el monte, que para mí es un espacio fascinante. El monte nativo no es necesariamente una traducción del bosque anglosajón: tiene otra cosa. Pero coincide con él en cuanto a límite, frontera, espacio liminar, umbral hacia lo desconocido, hacia lo raro. Es mucho más espeso, mucho más escabroso, impenetrable para animales grandes, incluyéndonos a nosotros. A mí los montes nativos me fascinan. He ido a recorrer montes nativos para construir algunos cuentos. Ese cuento se llama "Séptimo" y tiene mucha relación con el mito del séptimo hijo varón. Podría haber usado el lobizón, pero decidí crear un monstruo propio con un mito propio. El monstruo creado secuestra mujeres y se las lleva al monte. Hay en el cuento una serie de problemas culturales y sociales generados en torno a eso, entre ellos un descreimiento hacia el propio testimonio de las mujeres que son secuestradas por el monstruo.

¿Eso es intencional o surge solo?

Hay un intento en casi todos los cuentos de tratar temas que van más allá del monstruo, de la sangre, del esqueleto. Eso es muy propio del género, pero no siempre se ha reconocido. La crítica literaria tiende a jerarquizar: estos son los temas importantes, la alta literatura; y esto otro es literatura escapista, de aeropuerto, que le gusta a la gente, pero que no tiene valor. El terror siempre estuvo muy vinculado a la metáfora. Las buenas historias de terror siempre trabajaron con metáforas. El concepto de "terror elevado" que está de moda hoy en el cine, con cineastas como Ari Aster, es presentado como un redescubrimiento. Pero los críticos acaban de descubrir la metáfora en el género fantástico y piensan que es nuevo. Y no lo es. El monstruo en el terror siempre ha sido una construcción relacionada con los miedos, las fobias y los conflictos sociales de determinada época. Stephen King habla de "puntos de presión fóbica". Frankenstein en el siglo XIX es una metáfora del miedo de hasta dónde puede llegar la ciencia. El cine de zombis nace como una metáfora. El miedo de la Guerra Fría es rastreable en el cine de terror de esa época. Dicho todo esto: yo no busqué hacer un panfleto social o político, sino contar historias.

Se nota que estudiaste el género de pe a pa. ¿Por qué cuentos? Varios de los de este libro daban para novela si los estirabas un poco.

Es una pregunta también editorial bastante complicada, porque los cuentos no se venden mucho. Espero que mi libro sea la excepción. Hay una predilección por la novela, sobre todo en el género fantástico. Pero en América Latina, y especialmente en Uruguay y el Río de la Plata, hay una enorme tradición del cuento. Los grandes autores han sido autores de cuentos. Quiroga y Borges, por ejemplo, nunca escribieron novela o casi no lo hicieron. Consideraban que el cuento era un género perfecto que daba para mostrar y escribir lo que querían transmitir.

Minutauro

Minutauro

¿Y vos por qué lo elegís?

Por dos razones. La primera: el cuento es un mecanismo literario muy interesante como mecanismo de relojería. No tiene ripios, no podés meter nada que sobre. La etapa de corrección en el cuento es principalmente cortar. Es muy económico en el sentido de los recursos que utiliza para transmitir determinados efectos. En una novela es más difícil sostener el terror como emoción. El terror, más que un género, es la emoción que provoca en el lector, el efecto que genera. El terror es sobre todo eso, es un efecto. Puede ser aplicado a muchos géneros, igual que el suspenso, igual que la intriga. En las novelas de Stephen King el foco está generalmente en los personajes; en el cuento el foco está en lo que pasa, en la trama. Una novela normalmente cuenta el desarrollo de un personaje, su arco, una vida. En el cuento el foco está en la trama. Y construir la trama me resulta como un juego de ajedrez con el lector, sobre todo en el terror.

¿Y la segunda razón?

En el terror literario no tenés efectos de sonido, no tenés imagen que puedas mostrar. La imagen se la tenés que generar al lector. Lo único que tenés son palabras. En esa plasticidad del lenguaje está el desafío de construir terror. Y el cuento debe ser suficientemente breve para que en un viaje en bondi o antes de dormir te lo leas entero. El buen cuento, cuando está bien construido, no puede ser una novela, porque no es un resumen de una novela. Es un túnel hacia el final, con un final que te obliga a releer el cuento porque resignifica todo lo que fuiste leyendo. La técnica en el terror literario es ir generando inquietud de a poco, ir enrareciendo el ambiente, ir marcando indicios de lo que va a pasar, ir insinuando el monstruo antes de que aparezca. La posibilidad de generar miedo o inquietud en literatura tiene más que ver con sugerir que con lo explícito. Lo explícito puede volverse irrisorio o repugnante. Y la repugnancia no es terror. El terror tiene más que ver con la inquietud, con la sugerencia, con esto que te queda rondando en la cabeza. Cuando vos rellenás ese vacío o te imaginás lo que hay del otro lado de esa puerta entreabierta, donde se escuchan ruiditos raros, es mucho más aterrador que la descripción de las vísceras. Yo organizo eventos de literatura de terror y tengo mucha gente alrededor que escribe el género. He observado y hablado con otros escritores sobre el error de pensar que cuanto más explícito o más sangriento es más de terror. No es así.

Ofrendas

Martín Girona

Sinopsis

Nueve formas de mirar el rostro del miedo.

Los ambientes urbanos y rurales de Uruguay se convierten en escenarios de pesadilla cuando Martín Girona ubica en ellos sus historias perturbadoras.

Compuesto por nueve cuentos sorprendentes, Ofrendas traza un territorio donde el horror sobrenatural se conjuga con una cruda mirada acerca del desamparo, la sumisión, el resentimiento y la venganza.

Página a página, los relatos sostienen la tensión y abren zonas de inquietud que persisten más allá de la lectura, gracias a un filoso estilo que no elude el asombro.

Girona se consolida así como una de las nuevas voces a seguir en la literatura uruguaya contemporánea de terror y fantasía.