Marga Cloquell debuta en Uruguay como Adina: “Amar no significa perder la libertad”
La soprano española protagonizará “L'elisir d'amore” en el Auditorio del Sodre y destaca la sorprendente modernidad de su personaje.
L'elisir d'amore, de Gaetano Donizetti, se presentará los días 21, 22 y 23 de agosto en el Auditorio Nacional Adela Reta, en una coproducción del Sodre y la Sociedad Uruguaya Pro Ópera, con dirección musical de Miquel Ortega y dirección escénica de Vivien Hewitt.
Marga Cloquell es una reconocida soprano española especializada en el repertorio belcantista. Ha desarrollado una sólida carrera en teatros y festivales de Europa interpretando algunos de los grandes papeles de Mozart, Rossini, Donizetti y Verdi. Esta será la primera vez que cantará en Uruguay.
En esta producción de L'elisir d'amore dará vida a Adina, una mujer inteligente, independiente y de fuerte personalidad que, en esta innovadora puesta, deja la campiña italiana para convertirse en una estanciera de la Banda Oriental a comienzos del siglo XIX.
Adina suele ser presentada como una mujer coqueta e independiente. ¿Cómo la definiría usted?
Yo diría que Adina es, ante todo, una mujer inteligente. La coquetería forma parte de su personalidad, pero no la define. Es una mujer curiosa, libre y con un gran sentido de su propia identidad. Disfruta jugando con las convenciones de su época, pero no porque quiera hacer daño, sino porque necesita sentirse dueña de sus decisiones. Lo más interesante es que, a medida que avanza la historia, descubre que la verdadera fortaleza también consiste en permitirse amar y mostrarse vulnerable.
¿Qué tiene Adina que la convierte en un personaje tan moderno, a pesar de haber sido creado hace casi dos siglos?
Su libertad. En una época en la que muchas heroínas esperaban ser elegidas, Adina decide por sí misma. Lee, cuestiona, observa y no acepta enamorarse porque los demás crean que deba hacerlo. Esa independencia emocional sigue siendo muy actual. Creo que el público de hoy reconoce en ella a una mujer que quiere escribir su propia historia.
¿Qué fue lo primero que quiso transmitir al construir este personaje?
Quise que el público descubriera a la mujer que hay detrás de la apariencia. A veces Adina puede parecer distante o caprichosa, pero yo creo que utiliza el humor y la ironía como una forma de protegerse. Mi objetivo es saber mostrar que, detrás de esa seguridad, hay una persona que también tiene miedo de amar y de equivocarse.
¿Cree que esta nueva ambientación acerca la historia al público uruguayo?
Creo que sí, porque demuestra que las grandes historias pueden suceder en cualquier lugar. Cuando el público reconoce paisajes, costumbres o referencias culturales propias, establece una conexión inmediata. Pero lo más bonito es que, aunque cambie el escenario, las emociones siguen siendo exactamente las mismas. Toda la obra gira alrededor del amor, aunque también habla del orgullo, las apariencias y los malentendidos.
¿Cuál cree que es el verdadero tema de L'elisir d'amore?
Para mí el verdadero tema es el crecimiento emocional. Todos los personajes parten de una idea equivocada sobre el amor y necesitan aprender a mirar al otro de verdad. El amor aparece cuando dejan de actuar para impresionar y empiezan a ser auténticos.
¿Existe realmente un "elixir del amor" o Donizetti nos dice que la única magia posible es otra?
Seguro que hay muchos elixires de amor, aunque creo que el verdadero elixir es la confianza. Nemorino cambia porque cree en sí mismo y esa transformación modifica también la manera en que los demás lo perciben. Donizetti juega con la idea de la poción como un recurso cómico, pero al final nos recuerda que la única magia verdadera nace del corazón y de la sinceridad.
¿Cuál considera que es el momento más desafiante para Adina, tanto desde el punto de vista vocal como interpretativo?
El gran desafío llega cuando Adina deja de esconder lo que siente. Vocalmente, Donizetti exige una enorme flexibilidad, elegancia y precisión, pero, interpretativamente, el reto consiste en hacer visible esa transformación interior sin perder la ligereza propia de la obra. Es un equilibrio muy delicado.
¿Qué hace diferente cantar Donizetti respecto de otros compositores?
Donizetti exige que la técnica esté completamente al servicio de la emoción. El bel canto no consiste únicamente en cantar bonito; cada frase tiene una intención dramática muy precisa. Todo debe sonar natural, como si la música naciera de la palabra, y eso requiere mucho trabajo.
Usted ha interpretado este repertorio en distintos escenarios. ¿Qué representa participar en una producción concebida especialmente para Uruguay?
Es un privilegio. Me parece muy emocionante que una obra tan universal dialogue con la historia y la identidad del país que la recibe. La ópera siempre ha sabido reinventarse, y participar en una propuesta creada especialmente para el público uruguayo hace que esta experiencia sea todavía más significativa.
Muchas personas sienten que la ópera es un arte lejano. ¿Qué cree que descubrirán quienes asistan por primera vez?
Descubrirán que la ópera habla exactamente de las mismas emociones que vivimos hoy. Nos enamoramos, sentimos celos, nos equivocamos, reímos y sufrimos igual que estos personajes. Cuando uno deja de pensar en la ópera como un género y empieza a verla como una historia humana, la conexión aparece de forma muy natural.
¿Qué puede emocionar hoy de una historia escrita en 1832?
Precisamente que seguimos reconociéndonos en ella. Han cambiado las costumbres, pero no las emociones. Todos hemos sentido alguna vez inseguridad, orgullo o miedo a decir lo que sentimos. Creo que esta es la razón por la que esta ópera sigue viva casi dos siglos después.
Si pudiera describir a Adina con tres palabras, ¿cuáles elegiría?
Libre, inteligente y valiente.
¿Qué le enseñó este personaje sobre el amor?
Me recordó que amar no significa perder la libertad, sino encontrar a alguien con quien compartirla. Adina descubre que abrir el corazón no la hace más débil, sino más auténtica.
Si Adina viviera hoy, ¿seguiría siendo una mujer adelantada a su tiempo?
Seguro que sí. No porque desafiara todas las normas, sino porque seguiría defendiendo el derecho a elegir su propio camino. Esa actitud nunca deja de ser actual.
Si Donizetti hubiera conocido esta adaptación ambientada en la Banda Oriental, ¿cree que la habría reconocido como su historia?
Estoy convencida de que sí. Los grandes compositores escribían sobre emociones humanas, no sobre lugares concretos. Si el corazón de la historia permanece intacto, el cambio de escenario enriquece la obra sin traicionar su esencia.
En la ópera se suele hablar mucho de las grandes arias, pero el público también recuerda las miradas, los silencios y los gestos. ¿Cuánto de Adina se construye cantando y cuánto se construye actuando?
Para mí es imposible separar una cosa de la otra. La música dice muchísimo, pero hay momentos en los que un silencio o una mirada revelan lo que el personaje todavía no puede expresar con palabras. La interpretación nace precisamente de esa unión entre la voz, el cuerpo y la emoción.
¿Diría que Adina fue una mujer adelantada a su tiempo o simplemente una mujer que se negó a aceptar el papel que otros esperaban de ella?
Quizá ambas cosas. Fue adelantada a su tiempo precisamente porque se negó a vivir según las expectativas ajenas. Lo que más admiro de ella es que no busca desafiar por rebeldía, sino ser fiel a sí misma. Y esa es una cualidad que sigue inspirándonos hoy.
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