Montevideo Portal
Por Diego Castro.
Lucía Rodríguez debutó en carnaval en Los Carlitos hace 18 años. Desde entonces hasta ahora, creció como actriz, comediante y comunicadora. Así llegó a ser la primera mujer en salir en Patos Cabreros.
Desde muy pequeña, Lucía Rodríguez sabía que quería ser artista. “Yo juntaba a mis padres, los obligaba a sentarse y mirarme como hacía de Xuxa y después, encima, me tenían que aplaudir”, cuenta la actriz en diálogo con Montevideo Portal, que este año es cupletera de Patos Cabreros. Es más, es la primera mujer que sale en la murga fundada por José Ministeri, Pepino, en la década del veinte del siglo pasado.
Sin embargo, la vida de Lucía en la niñez cambió abruptamente cuando a su padre le surgió la posibilidad de un trabajo en Rivera. En ese momento, toda la familia se mudó a la frontera, donde ella siguió alimentando el sueño de estar en un escenario.
Foto: Javier Noceti/Montevideo Portal.
La influencia de imilce viñas
Lucía Rodríguez vivió entre los 7 y los 15 años en Rivera, donde admite que lo único uruguayo que se podía ver en la televisión en esas épocas era Canal 12. “Yo miraba mucho Plop y sobre todo a Imilce Viñas, por quien siento una profunda admiración”, cuenta, recordando cómo se inició su pasión por el teatro.
“Allá en Rivera no había escuela de teatro ni nada que se le pareciera”, afirma, señalando que lograba “despuntar el vicio” en el coro de la escuela y del liceo. “Pero en esa época yo ya tenía clarísimo que quería ser artista”, sentencia.
Pero volver a Montevideo no era sencillo para Lucía. En ocho años viviendo en Rivera, tenía a todos sus amigos y era difícil desprenderse de todo eso. “La manera que tenían de convencerme de volver era diciéndome que me podía anotar en la escuela de Imilce Viñas”, señala.
“Recuerdo que cuando me fui a anotar a la escuela de Imilce, cuando salí, la vi con toda esa presencia que imponía y dije 'yo quiero ser como ella'”, afirma la actriz sobre su vuelta a Montevideo siendo adolescente.
Sin embargo, después de salir de la escuela de Viñas, hizo varias obras dramáticas. Yerma y Rescatate, con siete temporadas, fueron varias de las obras que realizó antes de descubrir por sí misma que lo suyo era la comedia.
“Imilce siempre me decía que yo tenía que hacer comedia, pero a mí me había pegado para el drama”, recuerda. “En el año 2005 nos fue a ver cuando hacíamos Yerma (de García Lorca), y le encantó, pero en el medio de la felicitación me dijo que yo tenía todo para hacer comedia”, detalla.
Llegó la comedia
La comedia le llegó a Lucía por la maternidad. Cuando tuvo a su hijo mayor, Felipe, algo le hizo clic en la cabeza. “Hace 17 años no se hablaba del lado B de la maternidad”, recuerda. “Todo el mundo te decía que era lo más maravilloso que podía pasarle a una mujer y yo me encontré con algo totalmente distinto”, asegura.
También recuerda que se sintió “muy sola” en el posparto y sentía que no podía contar lo que le estaba pasando porque le iban a decir que era una mala madre.
“Yo en un momento sentí la necesidad de hablar de lo que me estaba pasando y encontré en el humor el cable a tierra para eso”, dice. Alita Mendez fue quien la arrimó al mundo del stand up, previo paso por un curso para aprender los secretos de ese arte. “Yo ni sabía que había cursos de stand up”, confiesa.
En aquella época ya había salido en Los Carlitos y estaba saliendo en la revista La Compañía. “Pero yo no hacía ni un solo chiste; los chistes eran para los carnavaleros. Yo venía del teatro”, dice.
Una vez con el curso hecho, arrancó a contar sus historias en formato stand up y ahí encontró “una sensación de maravilla, de hacer reír a alguien”.
Foto: Javier Noceti/Montevideo Portal.
Ya en 2016, salió en la revista House, con la cual ganó el primer premio, haciendo humor en carnaval por primera vez. Al año siguiente, salió en la misma revista, pero ya embarazada de su segundo hijo, Mateo.
En su crecimiento profesional, Lucía reconoce también a Mary da Cunha, con quien compartió elenco en Rescatate. “Una mujer muy generosa que enseñaba muchísimo”, recuerda.
También, entre otros profesores que tuvo, recuerda a Pepe Vázquez. “Lo que nunca pude decirle a Imilce fue que tenía razón, que lo mío era la comedia”, afirma.
El contacto con el carnaval
En el correr de una de las temporadas de Rescatate, un día Nelson Burgos se acercó a Lucía Rodríguez para preguntarle si nunca había hecho carnaval. “Y yo, más allá de ir al tablado del Malvín a ver a Los Adams o a Falta y Resto, no había tenido otro contacto con el carnaval”, señala.
Su primer contacto con la fiesta de Momo fue con Los Carlitos, saliendo del Club Congreso, en la zona de la Aguada. “Ahí hablé con Cachito, me hicieron una prueba y quedé. Pasamos un carnaval hermoso”, dice.
No obstante, en la felicidad de salir en carnaval por primera vez, admitió que debió “aprender a actuar de nuevo”. “Los códigos del teatro y del carnaval son muy distintos”, afirma, al tiempo que recuerda que uno de los primeros tablados que hizo fue en el techo de un ómnibus. “Yo dije: '¿Qué es esto?', y el resto de los compañeros me decían que no tocara los micrófonos porque daban corriente”.
Después de Los Carlitos, pasó por La Compañía, House, Los Muchachos, Asaltantes con Patente y actualmente Patos Cabreros. “Me falta lubolos y completo el álbum de las cinco categorías”, bromea.
“El carnaval es adaptación absoluta, es salir de la zona de confort todo el tiempo”, señala, al tiempo que recuerda cómo Carlos Cachito de León, director de Los Carlitos, le decía todo el tiempo que había que mantener el ritmo. “Tuve que aprender de todos ellos a hacer un montón de cosas, como actuar con un micrófono”, admite.
Los patos cabreros
Foto: Javier Noceti/Montevideo Portal.
Lucía cuenta que su hijo menor, Mateo, le pedía que saliera en carnaval. Y así anunció su vuelta a las tablas en febrero a Los Patos Cabreros, con Mateo como principal motor para volver al carnaval.
“Mis amigos me dicen que soy como Mirtha Legrand, porque amago con largar y no largo”, confiesa entre risas, pero asegura que siempre le gusta volver al carnaval porque lo disfruta mucho.
Ya hablando de esta temporada, afirma que ha sido duro por la reciente pérdida de su padre. “Es un carnaval difícil”, admite. “Me está costando disociar un poco la situación, pero hay que seguir y es parte de este trabajo, que roto y todo, tenés que estar”, señala.
“El arte tiene un poco de eso, de mágico, que nosotros lo intentamos transmitir en el cuplé de la “Happycracia”, en el que se habla de que todos tenemos que fingir felicidad en algunos momentos”, dice.
De cualquier manera, afirma sentirse bien contenida con el grupo de Patos Cabreros, con quienes, en su mayoría, ya había salido hace dos años en Asaltantes con Patente. “Es un grupo hermoso, y esto lo digo de todo corazón”, dice. Destaca a todo el grupo, pero hace un parate para hablar de Ricardo Villalba, el Canario. “No se puede creer lo buen tipo que es”, afirma.
“Yo estoy pasando bien”, sostiene, aunque admite estar “cansada y casi sin voz”. A su vez, cuenta que no es fácil complementar su trabajo en carnaval con todas las mañanas en Desayunos Informales. “Hace pocos días me dormí y francamente no tuve nada que decir, me dormí por el cansancio de cada noche”, afirma.
“Con el paso de los años se va haciendo más cansador todo, pero yo no puedo dejar nada a medias tintas. Yo siempre doy todo y un poco más”.
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