El Museo del Louvre, el más visitado del mundo con nueve millones de turistas el año pasado, atraviesa una crisis profunda que combina infraestructuras obsoletas, problemas de seguridad y la necesidad de invertir cerca de 1.000 millones de euros para ponerse al día.
"Lo podemos decir sin rodeos: pese a su imponente majestuosidad, pese al compromiso diario de sus equipos, es un Louvre al límite", declaró Christophe Leribault, presidente del museo, ante una comisión del Senado francés este miércoles. "Sus equipos, sus infraestructuras están llegando al final de un ciclo". El detonante más visible fue el robo de varias joyas de la Corona ocurrido el 19 de octubre, que dejó al descubierto las fallas en los sistemas de seguridad y los retrasos acumulados en la modernización del edificio parisino. "La herida del robo y el trauma de los meses que le siguieron siguen siendo muy intensos" dentro del museo, admitió Leribault, quien asumió el cargo en febrero. "Estamos en una encrucijada: las urgencias en relación al edificio se acumulan y nos enfrentamos a un muro de inversiones, lo cual, evidentemente, no es lo que uno quiere oír", afirmó el responsable de la institución.
El contexto se entrelaza con el gran plan de renovación anunciado a principios de 2025 por el presidente Emmanuel Macron. El proyecto contempla una entrada adicional al museo y la construcción en el subsuelo de una nueva sala para exponer La Gioconda, la obra más convocante de la pinacoteca. Solo esos dos ítems tienen un costo estimado de 660 millones de euros (unos 765 millones de dólares), dentro de un presupuesto global de aproximadamente 1.000 millones de euros (1.160 millones de dólares). Leribault precisó que esos 660 millones deben cubrirse íntegramente mediante mecenazgo.
Cerca de la mitad, unos 300 millones de euros (350 millones de dólares), se espera que provengan de la explotación de la marca Louvre en Abu Dabi, donde el museo tiene una sede desde 2017. "Los demás hay que encontrarlos en los próximos meses entre grandes empresas y donantes individuales", detalló. En materia de seguridad, Leribault informó que ya se instalaron cámaras adicionales en los puntos más vulnerables detectados tras el robo, aunque aclaró que construir una red completa de vigilancia requiere reforzar previamente toda la estructura técnica del edificio.
El nuevo sistema de videovigilancia perimetral entrará en funcionamiento recién en enero de 2027. "No se puede crear toda una nueva red con cientos de cámaras sin reforzar la estructura técnica", explicó, descartando soluciones rápidas para un problema que, según reconoció, viene acumulándose desde hace años.