Curiosidades

Hola, enfermera

Libro recopila anécdotas graciosas de salas de urgencias

“La medicina todo locura”, un libro que recopila las situaciones más increíbles y disparatadas que afronta el personal de los servicios de emergencia.

22.02.2016 09:25

Lectura: 4'

2016-02-22T09:25:00
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Confundir un citroën con un sintrom (anticoagulante) puede admitirse debido a la sonoridad similar de ambos vocablos. Similar es el caso de alguna señora entrada en años que pidió a gritos unos girasoles cuando quería decir aerosoles. También tiene su gracia que una asegure muy convencida que el doctor le recetó una pomada maloliente, cuando en realidad se trataba de una emoliente. Estas confusas situaciones provocan una sonrisa de complicidad por parte de los enfermeros y los médicos que atienden a los sufridos pacientes, ignorantes muchas veces de los complicados nombres de medicamentos.

Pero estas confusiones se convierten en extrañas explicaciones cuando un señor aparece con una manzana introducida en el ano. Entera. O cuando una joven tiene irritada la zona vaginal tras usar el aceite de motor como lubricante sexual. Las sorpresas son continúas en los servicios médicos, sobre todo en Urgencias. "Aunque te creas que lo has escuchado todo, no es así. Siempre hay algo que te sorprende", asegura la periodista española Elisabeth G. Iborra, autora de un divertido libro llamado "Anécdotas de enfermeras", Y ante la acumulación de material del mismo género, decidió lanzar ahora otro volumen: "La medicina todo locura" (MR Ediciones), donde cuenta los casos más extraños que se han encontrado los profesionales sanitarios en el ejercicio de su trabajo.

En declaraciones recogidas por ABC, la periodista cuenta de que luego de la aparición de su primer libro, las nuevas anécdotas le llegaban por todas las vías, "por correo electrónico, por teléfono e incluso me mandaban un mensaje después de salir de un turno para contarme cosas antes de que se les olvidase". También a través de las redes sociales le llegaban noticias impensables que después tenía que comprobar para formar la lista que aparece en el libro. Un conjunto prácticamente inabarcable que engloba todo tipo de casos, como aquel caballero que "misteriosamente" tenía dos botellitas de cerveza vacías introducidas en el ano. Los elementos extraños hicieron ventosa y tuvieron que operarle para extraer los dos vidrios.

"Las verduras y los frascos son un auténtico clásico", indica la autora, destacando el crecido número de casos de "inserción de cuerpo extraño" entre sus relatos. Pepinos, berenjenas, manzanas y bananas son productos clásicos en las salas de Urgencias. "Creo que detrás de estas decisiones tiene que estar el pensamiento mágico de que a mí estas cosas no me van a pasar. Nadie piensa que le van a tener que dar puntos por introducirse un tarro de champú", afirma la autora.

"Que la gente se dé cuenta de que para ciertas cosas ya están los sexshops y te evitan el bochorno", añade.

Este libro, además de para reírse, tiene otro objetivo para Iborra: "Que muchos comprendan el trabajo que están haciendo los profesionales. Si no te atienden es porque hay un caso mucho más grave. Tenemos que enfatizar con estos trabajadores". Enfermeros, médicos, ya sean novatos o veteranos, que ven de todo. Como aquella madre que fue a Ginecología con su hija quinceañera ya que había decidido (la progenitora) cortar el rabito al tampón que llevaba su hija. El problema es que el tampón estaba dentro de la muchacha y no había manera de sacarlo. También están los problemas de idiomas, como aquel extranjero al que le dieron un tarrito en una consulta y trajo una muestra de semen; después de decirle que era "otra cosa", llegó con un bote de heces; y, a la tercera, acertó.

Pero el hecho curioso que desata la incomprensión de los profesionales es esa familia que después de pasar todo el día en la playa, aparece por Urgencias con las reposeras, sombrillas, baldecitos, toallas y mucha arena, "afirmando que les duele la cabeza desde el otro día".

Montevideo Portal