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Defender mi ideología

Lerner: si temés a la cancelación “dejás de ser espontáneo y te convertís en un cagón”

El cantautor argentino dialogó con Montevideo Portal sobre su próxima actuación en Uruguay, y también abordó su carrera y presente.

10.10.2026 15:35

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Por Gerardo Carrasco
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En la primera mitad de la década del 80, el rock argentino vivió una etapa especialmente prolífica y original, conformando una movida que ni siquiera la dictadura militar logró silenciar.  En ese rico panorama, hubo un joven pianista, cantante y compositor que se ganó el éxito a su manera.

Con un estilo sereno y poco dado a las estridencias, Alejandro Lerner (1957) supo conquistar al público con baladas que llegaban —llegan— al corazón y al intelecto, algunas de las cuales se transformaron en clásicos y trascendieron generaciones.

Hoy, quien se detenga a analizar los más de 50 años de carrera de Lerner, encontrará unos elementos que permanecen y dan identidad a su obra: el talento musical, el vuelo poético, la honestidad artística e intelectual y una sensibilidad que es de “fábrica” y no puede adquirirse.

La banda sonora de tu vida

Actualmente Lerner afina detalles para el lanzamiento de Alterno, el vigesimosegundo disco de su carrera y el primero en una década. El fonograma tendrá tres lados y contará con la colaboración de otras dos estrellas de la música rioplatense: Juanse Gutiérrez y Joaquín Levinton.

En ese contexto, el artista llega a Uruguay con el espectáculo La banda sonora de tu vida, un recital que hace honor a su nombre y en el que recorre los principales hitos de su vasta trayectoria.

En diálogo con Montevideo Portal, Lerner reflexiona sobre la vigencia de esas piezas musicales y el modo en que más de una generación las incorporó a su educación sentimental.

“Lo veo como algo positivo”, sostuvo el artista, y se refirió al modo en que cada uno se apropia de las canciones que escucha y las suma a su bagaje existencial. “Creo que uno le saca como una fotografía al momento en que escuchó esa música, y a sí mismo” y luego, años después, le sucede algo parecido. Uno dice ‘pucha, escucho a Lerner hoy y me mueve algo parecido a lo que me movía Lerner antes…’ creo que eso es algo muy bueno, y hace que uno siga siendo fiel a sí mismo”, expresa.

En cuanto a qué puede esperar el público que vaya el próximo 24 de octubre al Auditorio Adela Reta, Lerner explica que “va a encontrar un Lerner que viene de un viaje larguísimo que empezó hace más de cuatro décadas, con sonido rockero, con sonido jazzero”, en un recital que tendrá también una impronta intimista.

“Encontrará a un pianista que se queda quince minutos solo con la gente para cantar algunas canciones juntos y tocar el piano, hacer algunas improvisaciones” además de “incorporar las canciones que estoy lanzando en el disco nuevo, un disco que va a tener desde bandas de heavy metal a blues, rock y pop, todo con una enorme libertad creativa”.

Sobre Alterno, Lerner detalla que “tendrá quince canciones que se van a ir lanzando de a cinco: lado A, lado B y lado C. En realidad, tengo muchas más, porque lo que vine componiendo últimamente es gigantesco, no he parado de componer. En los momentos en los que no estoy de gira, me voy un mes o dos a California y no paro de componer canciones, es un momento hermosísimo para mí”, dice.

El ADN de un éxito

Y si de componer se trata, Lerner ha firmado un puñado de composiciones que desafían el paso del tiempo. Temas como “Todo a pulmón”, “Volver a empezar” o “Quién te dijo” son buenos ejemplos de ello. Interrogado acerca de cuál es el “secreto” para mantener una canción sonando en las radios y las mentes por más de cuarenta años, Lerner traslada la responsabilidad al escucha.

“Mi conclusión es que la clave la tiene la gente, no el artista, porque quien decide la vigencia de un artista es el público. Uno puede querer ser vigente, puede querer ser exitoso, puede querer ser joven, lindo…” comenta risueño. Sin embargo, entiende que “el que decide en esa relación afectiva, que en mi caso dura más de cuatro décadas, es la gente. Vos podés proponer, y la gente es la que va a definir cuánto tiempo va a ser leal a ese cariño que vos generaste. Y depende también de tu camino, de cómo caminaste por esas cuatro décadas para que, pasado el tiempo, la gente siga reconociendo en vos al mismo. A la misma persona, no solo al mismo artista”, advierte.

Yo soy vos, vos soy yo

Para Lerner, ese público que hoy tiene más de 40 o 50 años, es una suerte de compañero de ruta, y aspira a ser visto como “una persona que ha transitado y transita la vida, como vos, como todos”

“A mí me pasaron cosas, se murieron mis padres, como a mucha gente de mi edad, me pasó el país, me pasó la historia, me pasó el tiempo. Y me pasó la paternidad, que antes no tenía”, destaca el músico, que es padre de Luna, de 17 años, y de Thomas, de 11

“Antes yo era solo un chico y ahora soy papá, tengo una familia y amo eso como vocación. Te diría que una de las cosas que más amo de todo lo que me ha pasado en la vida  es haber formado una familia”, asegura, y observa su trayectoria artística a la luz de esa evolución personal.

“Este hombre que ha escrito canciones en distintas etapas de su vida, hoy escribe otro tipo de canciones que tienen raíces, que han sido inoxidables con respecto a su forma de escribir original”, algo que demuestra que es posible cambiar sin dejar de ser uno mismo.

“Si en lo que hago hoy hay algo que se parece a lo del principio, es la libertad que siento ahora para hacer lo que tengo ganas de hacer”, afirma.

Mismas orejas, otros aparatos

Amante del sonido de calidad, Lerner no parece terminar de digerir los formatos digitales, más allá de que los acepta y forma parte de ellos.

“Cambió el aparato en donde escuchás la música. Hoy lo hacés en un aparato que es estéreo, pero en realidad es casi mono, porque es difícil escuchar los dos parlantes al mismo tiempo. Salvo que estés en el auto, y si estás manejando vas a escuchar más del lado izquierdo que del lado derecho”, comenta. Además, señala que gran parte del consumo de música es hoy “a través del teléfono” y en un formato “con la compresión que tiene el MP3” que escamotea frecuencias sonoras.

“La forma en la que comunicamos hoy la música facilita la cantidad, pero no mejora la calidad”, asegura. Sin embargo, sino encontrar una solución a ese problema, y así lo demuestra durante este mismo reportaje —hecho mediante videollamada— en el que gira la cámara para mostrar una habitación repleta de discos de vinilos, entre los que saltan a la vista algunos clásicos del jazz.

“Es la música de toda mi historia, de cómo me crié yo”, dice señalando a las hileras de discos. “Vas a encontrar Keith Jarrett, a Hermeto Pascoal, a la música de California que escuchábamos antes, a George Duke, a Stanley Clarke, y también Beatles, Elton John... eso es quién soy yo, todos esos discos que están ahí”, resume.

“Tengo una bandejita y la guardo tapada, entonces hago la ceremonia de destapar la bandejita, sacar el disco, ponerlo, ver que la púa no llegue hasta el final, pararla, darlo vuelta, pasarle  el cepillito… Todo eso tiene que ver con el respeto y la admiración que  uno le tiene a los que hicieron ese disco, a todos los que dejaron documentado eso. En este momento valoro más que nunca el hecho de poder componer una canción y compartirla: documentar un momento creativo y poder decir ‘ahora lo lanzo’, siempre desde un lugar desde donde me sentí más cómodo, que es más como artista independiente de la industria”, explica.

Libre (del) mercado

En la actualidad, el estilo musical cultivado por Lerner continúa en vigencia y es valorado, pero no encaja precisamente en los estilos que copan las plataformas y los estadios en estos tiempos. El artista, forjado en en el jazz y también en el rock de los 60, no siempre se siente atraído por lo que suena hoy. A los 69 años, y con una carrera sólida, disfruta de un privilegio: no tiene que demostrar nada ni pegar volantazos para mantenerse en el camino.

“A esta altura de la vida, creo que no tenemos que tener tan en cuenta al mercado cuando se trata de crear. Es cierto que uno tiene que proponer y ese mercado dará su respuesta natural, y si uno tiene elementos, como llegada a medios de prensa, eso puede ayudar”, explica.

“Pero yo ya estoy para pintar el cuadro que tengo ganas de pintar. No puedo estar adaptándome al mercado constantemente”, señala, y agrega que no siente ningún interés en plegarse a las tendencias “en momentos donde el mercado no me divierte, porque no me divierte toda la música de este mercado”, remarca.

De boliche en boliche

Revisar la agenda de Alejandro Lerner es casi como leer el cronograma de servicios de una compañía ferroviaria o de autobuses. En los últimos tiempos, el músico no ha parado de rular por la provincia de Buenos Aires, ofreciendo recitales en pequeños teatros. Este formato —asegura Lerner— no es una vicisitud del ya mencionado mercado, sino una elección personal bien sopesada.

Al igual que su perenne forma de componer y cantar “también eso es más parecido al Lerner del principio, porque yo me desarrollé en los pequeños pubs, en los café concert”, sostiene Lerner, quien recuerda que esos tiempos no eran nada fáciles. “Era la dictadura, y uno estaba generando su primer público, al principio son tu familia, tus amigos, tus conocidos”, recuerda.

“Después, si las cosas empiezan a funcionar [en el pub], te decían ‘bueno, en vez de la noche de miércoles te damos la del jueves, y después te damos un viernes’. Yo pasé de los viernes y sábados en boliches a llenar Obras Sanitarias; fue un salto grande”, cuenta.

Luego, y muy lejos de Argentina, las circunstancias le hicieron —como pide el tango— volver al primer amor.

“Hace un par de años hice una gira por Europa y era toda en teatros de entre 300 y 500 personas. Entonces recuperé ese instinto que tenemos que tener los artistas, de tocar para la gente, no para el número. No competir con la cantidad, sino con  la ceremonia. Volver a gozar y celebrar la ceremonia del encuentro entre el artista y su público. Lo que me pasó ahí fue metafísico, dije: ‘yo quiero esto para mí, quiero esto’", dice.

Más allá del reencuentro con sus raíces y con la cercanía con el público, existen también razones prácticas para adoptar esa modalidad. “Por otro lado, tocando en lugares más chicos, de alguna manera puedo generar más continuidad de trabajo para toda mi gente, para todos los que trabajan conmigo”, apunta.

Un candombe para Ruben

El pasado 26 de agosto falleció en Montevideo Ruben Rada, sin duda uno de los músicos más importantes en la historia del Uruguay, y cuya influencia y talento trascendieron fronteras. Esta entrevista se hizo días después del luctuoso acontecimiento, que fue vivido por Lerner como una gran pérdida. Ambos compartieron escenario en más de una ocasión, y en su redes sociales el argentino rindió homenaje a su colega oriental.

“Fue un amigo del camino, hicimos cosas divertidas, y también una canción como Las conclusiones de mi vida, que quedó una especie de documento inalterable. La tocamos cientos de veces en vivo, siempre nos dimos un abrazo, siempre fuimos amigos”, señala Lerner, quien apunta que en todos sus recitales de los últimos tiempos ha tocado siempre esa canción “siempre celebrando al Negro Rada, y siempre hablando de él cuando la canto.

Para el artista, con la muerte de Ruben Rada “se nos fue un irrepetible, alguien increíble por el amor y la buena energía que dejó. Siempre con una sonrisa, humor, y derrochaba energía, talento y juventud”, incluso cuando ya no era cronológicamente joven.

“Era un gran tipo de verdad, honesto, buena persona, talentosísimo, y era muy divertido trabajar con él”, cuenta, y considera que parte de una etapa. “Es una época en la que nos toca despedirnos de gente que fue fundamental en nuestras vidas”.

Una bomba en la #mesaza

A fines de agosto, Alejandro Lerner fue invitado a participar de la mesa de la legendaria Mirtha Legrand, apenas días antes de que la conductora, de 99 años, fuera hospitalizada por una afección respiratoria que la mantuvo durante semanas en internación.

En ese programa, Lerner habló de algo más que de música, hizo una consideración sobre la historia reciente de su país. Y utilizó una metáfora que estalló en redes sociales.

En concreto, Lerner se refirió a la historia  de los últimos cincuenta años, y dijo que Argentina es “un país que ha sido violado, Argentina es como una mujer abusada por nuestros propios dirigentes”.

En las horas siguientes, se produjo en todas las redes una controversia que incluyó pedidos de cancelación para el artista.

Consultado acerca de si era consciente de las consecuencias que podrían tener esas palabras, Lerner reconoce que no hizo ningún tipo de cálculo costo-beneficio antes de hablar.

“No tuve tiempo de pensar en eso, y además, no pienso tanto las reacciones, porque si lo hacés,  dejás de ser un ser humano espontáneo y te convertís en un cagón. Y yo no soy cagón, a mí me salió eso. Yo no dije que [Argentina] era una mujer violada, dije que los dirigentes nos habían violado, y que la Argentina era como una mujer que la habían abusado durante los últimos 50 años. Lo que pasa es que la hipocresía se ha instalado. Pero yo sí creo que sí, que muchos países, el mío sobre todo, que es el con el que yo convivo, han sido abusados por empresarios, por dirigentes, por políticos. Han sido abusados, nos han robado el porvenir durante muchos años. Y en un mundo donde hay que poner luz sobre el tema del abuso a la mujer, que a un artista se lo critique por poner luz y hablar de eso, creo que es una gran hipocresía”, explica.

Que salgan a decirme ‘no, no digas eso, callate la boca, no hables del abuso que le hacen a las mujeres, no hables de lo que les pasa a las mujeres’ me parece de un nivel de hipocresía enorme. Sí, puede ser que haya sido duro, no lo pensé, no tuve mucho tiempo para pensar. Cuando vos estás en televisión no tenés mucho tiempo para pensar, porque las cosas pasan muy rápido y es en tiempo real. Estuve muy callado todo el programa hasta que empezaron a hablar de la justicia. Y la justicia son personas. La justicia no es una estructura moral abstracta, son personas que se venden, que se corrompen y que se equivocan también. Y otras que quizás hacen su trabajo y que son honestas, leales a los valores de la justicia. En Argentina estamos más acostumbrados a ver gente que ha corrompido sus principios morales, y yo no me puedo hacer el boludo con eso. Me salió lo de que hubo gente que abusó de la Argentina y ahí están los puritanos que me vienen a decir que no se puede hablar de eso. Yo digo: sí, se tiene que hablar de eso. Al que le molestó, le pido disculpas, pero hay cosas que se tienen que hablar”, asevera.

El corazón oriental

Alejandro Lerner ha visitado nuestro país en incontables ocasiones, y cuenta en Uruguay con un público numeroso. Para el artista, la orilla oriental del Plata es un lugar siempre grato.

“Adoro a Uruguay. Tantas veces he ido y siempre me decía a mí mismo cuántas cosas de Uruguay me gustaría que tuviera mi país”, dice, y entre esas cosas señala una estabilidad institucional que no ve en otros sitios.

“De alguna manera, por más que cambien los gobiernos, hay una continuidad moral en Uruguay. Me refiero a que tiene que haber una continuidad de amor al país y, de patriotismo, algo que no tiene que ver con izquierda o con derecha, porque al final a ambas le sale el bigotito”, señala, aludiendo a las tendencias totalitaristas que pueden surgir en ambos extremos del arco político.

“Hay que tener mucho cuidado con decir ‘estos son los buenos y aquellos son los malos’. Hay buenas personas y hay malas personas. Y Uruguay tiene algo que es como una especie de lealtad, yo lo siento así. Es gente que, cuando te da su amistad, es de un nivel de honestidad maravilloso. Por supuesto que hay de todo, como en cualquier país, pero es un lugar donde se puede trabajar, donde se puede vivir, donde se puede compartir. Hay una cosa mansa, linda, que la Argentina la perdió”, dice.

“Además, por alguna razón Uruguay le va muy bien”, considera, y atribuye ese éxito a que “tiene algo en su corazón que la política no ha logrado pervertir”.

Por Gerardo Carrasco
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