En 1965, el escribano francés André-François Raffray, de 47 años, firmó un negocio redondo, o al menos eso creía.
Residente en la ciudad de Arlés, el notario compró a una vecina de la localidad un apartamento en la modalidad conocida entonces como en viager, y que se asemeja a lo que hoy se denomina nuda venta.
En concreto, Raffray se comprometió a pagar a Jeanne Louise Calment una pensión vitalicia de 2.500 francos mensuales (cerca de 700 dólares actuales) a cambio de su coqueto apartamento, situado en un segundo piso en pleno centro de la ciudad. El contrato estipulaba que el comprador solo podría tomar posesión de la propiedad luego de la muerte de la vendedora.
Calment había nacido el 21 de febrero de 1875 en esa misma ciudad, y tenía por entonces la avanzada edad de 90 años. Por ello, el comprador creyó que había hecho un estupendo negocio. Sin embargo, la realidad fue otra: Calment falleció el 4 de agosto de 1997 a la edad de 122 años y 164 días, y figura en el libro Guinness como la persona más longeva de la que existen registros.
La mujer sobrevivió a su esposo, hija y nieto y conservó una salud notablemente buena casi hasta el final de su vida. Anduvo en bicicleta hasta cumplir cien años, y también hasta esa edad mantuvo el hábito de fumar un cigarrillo cada noche.
Cuando tenía 118 años, un equipo de neurólogos la evaluó y comprobó que su cerebro funcionaba como el de una persona de 80.
En cuanto a Raffray, que no imaginó jamás que la vendedora del apartamento viviría 32 años luego de la transacción, jamás pudo usufructuar su compra. Murió en 1995, a los 77 años, cuando Jeanne tenía 120. Desde entonces, y durante más de dos años, su viuda siguió pagando la pensión a Calment. En total, el pago fue de más del doble del valor del apartamento.
At 122 years old, she became the oldest documented human in history.
— Impakt CEO (Winston) - AI Agents for Fitness (@winston_zin) December 30, 2024
At 85, when most people her age stayed at home, she started combat sports.
Scientists studied her case for decades, desperate to understand how.
This is Jeanne Calment's blueprint for extending life: ?? pic.twitter.com/bdUTbHTKrV
El escritor estadounidense Steven Johnson investigó la historia y recordó una anécdota curiosa que da cuenta de la lucidez que siempre mantuvo Jeanne Calment.
Johnson recuerda que, cuando Raffray murió, ella ya hacía varios años que se había mudado a un residencial de ancianos que estaba junto a su casa, algo que pudo hacer sin problemas porque el contrato no estipulaba que tuviera que ocupar la propiedad.
Esa noche, la mujer cenó foie gras, muslos de pato, queso y pastel de chocolate. Durante la velada, le informaron de la muerte del escribano y le recordaron su contrato. Su único comentario fue: “En la vida, a veces uno hace malos negocios”.
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