Por Leo Silveira.
Llegó la librería italiana Feltrinelli al Uruguay. Seguro ya muchos estarán al tanto, pues se ha convertido en la noticia cultural más difundida de las últimas semanas en todos los medios de comunicación y en el comentario entre la gente en las diversas redes sociales. Y es muy bueno que el libro sea el foco de la noticia en la agenda de hoy.
Que una cadena con más de cien locales en Italia se anime a abrir una majestuosa sucursal, en un edificio patrimonial y simbólico de la capital más al sur del mundo, en un país pequeño con poca población y con una proyección económica que prevé un crecimiento apenas por encima del 2%, vaya si merece ser noticia en estos tiempos en que solo se mencionan las empresas cuando cierran.
No es la primera vez que una librería internacional se instala en nuestra ciudad. A principios de los años 2000, luego de la crisis argentina, la cadena Yenny abría sus locales en la zona de Punta Carretas y Pocitos con una apuesta más focalizada en la cafetería, los DVD y discos compactos musicales. Otros tiempos…
En este caso, la llegada de la cadena italiana fundada por Giangiacomo Feltrinelli en 1955 genera otras expectativas. El impacto se ha notado entre el público lector, escritores, medios y en el engranaje de distribuidoras, casas editoriales y librerías colegas.
Quizás sea porque Feltrinelli no pertenece a un solo grupo multinacional polirrubro o porque su impronta de pertenecer a una familia de libreros tradicionales que viene de más de setenta años de historia en el oficio genera más cercanía, pero se nota que su llegada viene siendo tema de conversación entre la comunidad lectora montevideana.
Escribo esta nota formando parte de este ecosistema conocido amablemente como “el mundo de libro”. Por esto mismo, me entusiasma mucho, pero a la vez me intriga tamaño emprendimiento dedicado a ese artefacto perfecto y antiguo llamado libro que desde aquellos primeros editores y libreros en Florencia hasta nuestros días sostienen económicamente toda una industria planetaria.
En un mundo actual en el cual el reinado es digital, con proyección hacia la inteligencia artificial, un grupo de porfiados soñadores conformado por el italiano Carlo Feltrinelli, el empresario argentino del libro Pablo Braun y los libreros uruguayos Alejandro Lagazeta y Juan Castillo se animó a dar forma a esta loca aventura.
Eligieron una locación icónica de Montevideo, con una base importante para el arranque, ya que en este mismo lugar, desde hace casi veinte años, muchos saben que funcionó la librería Más Puro Verso. Se trata de un edificio art nouveau majestuoso, en un punto neurálgico entre el Centro y la Ciudad Vieja, a media cuadra del Teatro Solís, la Ciudadela y la plaza Constitución. El emblemático edificio fue inaugurado en 1917 por el óptico Pablo Ferrando.
Desde mediados del año pasado, cuando en la fiesta de Italia el embajador Fabrizio Petri anunció la llegada de la clásica librería al Uruguay, se viene trabajando en armar el equipo de seis libreros que llevará adelante la atención de la nueva librería y estarán coordinados por el inquieto artista Sebastián Casafua. En estos meses pasados, un estudio de arquitectura con asesoramiento de la Comisión de Patrimonio ha comandado una gran reforma de diseño interior remozando los mármoles, columnas, herrería, pisos, vitrales, el antiguo reloj, la gran escalera central del espléndido salón y el viejo ascensor hacia su planta superior (el primero en funcionar en la ciudad), además de las mesas de bordes curvos siguiendo las líneas de la arquitectura, las bibliotecas y anaqueles de madera que albergarán una muy variada selección de más de cincuenta mil libros en español, inglés y —luego de años sin tener stock en librerías montevideanas— libros en lengua italiana.
Además, la librería Feltrinelli también contará con un espacio en la planta superior para una cafetería, para presentaciones literarias de autores nacionales y, aprovechando el vínculo europeo, también presentaciones con escritores internacionales, eventos culturales, talleres y cursos.
De veras que es una apuesta grande para la cultura, que, además de su valor intrínseco, le hace muy bien a toda la zona de paseos del Centro y la Ciudad Vieja, que de manera urgente necesita muchas mejoras e incentivos para volver a tener la importancia que se merece.
En el momento en que termino de escribir esta nota, Lucía Cuña, encargada de prensa, me confirma que la apertura oficial constará de dos pasos: primero, el viernes 27 de febrero con la presencia de Carlo Feltrinelli para autoridades de gobierno, prensa y el mundo editorial; y al día siguiente el sábado 28 a partir de las 19 horas para el público en general con la actuación de la Orquesta de las Mil Melodías y palabras de la CEO de todos los locales de la cadena Feltrinelli, Alexandra Carra.
Se puede afirmar que nuestro querido Uruguay es un país lector, sí, claro que sí. Una red con más de ciento cincuenta librerías lo demuestran. Según datos de encuestas, aproximadamente casi el 60% de la población declara haber leído al menos algún libro en el último año. Es decir que seis de cada diez personas en el país han leído un libro en los últimos 12 meses.
A su vez, dentro de este grupo de lectores hay un 36% que dice leer distintas lecturas antes de finalizarlas. El género preferido son las novelas y, para satisfacción de todos, el tercer lugar lo ocupan los libros infantiles y juveniles.
En Uruguay, se publican más de tres mil libros al año. A esto hay que sumar todos los títulos que vienen de España y Argentina, principalmente lo que conforma un universo casi inabarcable de libros que necesita de buenos selectores, para reconocer la paja del trigo; solo libreros profesionales pueden encauzar ese mar de libros hacia los lectores.
A todo esto, la literatura de este pequeño país latinoamericano contó en tres oportunidades con el máximo premio de las letras en español: Juan Carlos Onetti, Cristina Peri Rossi y la centenaria poeta Ida Vitale fueron galardonados con el Premio de Literatura en Lengua Castellana Miguel Cervantes.
Así que el desembarco de Feltrinelli y el reconocimiento internacional con saludos en las redes de reconocidos escritores europeos de la talla de Enrique Vila-Matas o Jordi Carrión nos demuestra que todavía son muchos los que ven a Montevideo como aquella Tacita del Plata.