Las costas agrestes del departamento de Rocha, especialmente en Cabo Polonio, Barra de Valizas y Aguas Dulces, no solo cautivan por su belleza natural, sino también por la carga de historia y misterio que arrastran desde el mar. Entre los relatos que sobreviven al tiempo, el naufragio del buque portugués Arinos destaca como una de las leyendas más intrigantes del litoral atlántico uruguayo.
El 9 de octubre de 1875, en medio de una feroz tormenta y bajo una espesa niebla, el Arinos encalló en la playa de Aguas Dulces. Se trataba de un vapor propulsado por ruedas de paletas, de origen portugués, que viajaba desde Río de Janeiro hacia Montevideo, con escalas intermedias y una carga muy particular: monedas de oro destinadas a financiar al ejército imperial brasileño en plena Guerra de la Triple Alianza (1864–1870).
Una carga codiciada, un destino trágico
El episodio, más allá de su valor histórico, dio origen a múltiples versiones sobre el destino del oro. Según testimonios recogidos en la prensa marítima de la época, la embarcación transportaba dos cajones con 4.367 libras esterlinas, que habrían sido robados durante la noche siguiente al naufragio.
En una declaración fechada el 13 de octubre de 1875, el capitán del Arinos afirmó:
“Declaro que recibí del señor teniente Romero, por ante mis oficiales tripulantes y del señor Vice-Cónsul de Portugal, Federico Augusto dos Santos Baptista, dos cajones con el rótulo que dicen tener libras esterlinas 4.367, que me fueron arrebatados por el señor Leoncio Lapuente en la noche del 10 del corriente.”
Los diarios de la época señalaron como responsables a revolucionarios brasileños que actuaban como bandidos en la región. Pero el verdadero destino del oro sigue siendo una incógnita.
De los Palmares a la laguna de Briozzo: el oro oculto
Con el paso de los años, la leyenda del oro del Arinos se esparció entre los lugareños. Hay quienes aseguran que las libras fueron enterradas bajo las raíces de una palmera doble en los Palmares de Castillos, o incluso escondidas en el hueco de unas palmeras trillizas. Otros sostienen que reposan sobre los camalotes de la laguna de Briozzo, sumidas en el silencio de las aguas dulces que dan nombre al balneario.
En los días de bajante, cuentan los pobladores más antiguos, era posible llegar nadando o incluso caminando hasta los restos visibles del casco del Arinos. Sin embargo, el avance del mar ha ocultado casi por completo lo que queda de la embarcación, dejando solo fragmentos como testimonio de aquel naufragio.
Mito o historia: la fascinación persiste
Como ocurre con tantos relatos vinculados al mar, los hechos documentados conviven con las leyendas orales, alimentadas por generaciones de pobladores y aventureros. Lo cierto es que el Arinos, más allá de su trágico final, despertó una narrativa colectiva que hoy forma parte del patrimonio inmaterial de Rocha.
Un misterio sin resolver, entre el brillo del oro y la niebla del Atlántico.
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