Juan del Val: "Un escritor que se autocensura es un señor que redacta cosas"
El escritor español presentó “Vera”, novela ganadora del Premio Planeta 2024, y defendió la honestidad por encima de la corrección política.
17.05.2026 08:10
Por María Noel Domínguez
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Juan del Val estuvo en Montevideo con Vera bajo el brazo y el Premio Planeta recién cobrado. El escritor y periodista español, conocido en toda la región por su presencia en El Hormiguero, es también el autor de siete novelas en las que, dice, nunca hay príncipes azules ni mujeres que necesiten ser rescatadas. Vera, una historia de amor, su última obra, ganó el Premio Planeta 2024 y narra el viaje interior de una mujer de clase acomodada que decide marcharse de una vida confortable sin que haya sucedido nada extraordinario. Solo el hastío. Solo la intuición de que se está perdiendo algo y que queda poco tiempo para remediarlo.
Juan del Val / Javier Nocetti.
Del Val no es un escritor de academia. Durante años trabajó como guionista y redactor detrás de cámaras en España. La televisión lo puso al frente del mundo recién en 2020, durante la pandemia, cuando El Hormiguero se quedó sin invitados y sin público y tuvo que reinventarse con tertulias de actualidad. Ahí, dice, simplemente habló como piensa. Y eso, en tiempos de cancelación y de disculpas públicas de cartón, le dio una popularidad que él mismo describe como algo muy nuevo y muy extraño.
Lo que no cambió con la fama es su manera de escribir. En Vera, una historia de amor, como en todas sus novelas anteriores —Candela, Delparaíso, Boca besada—, el autor dice estar entero. "En televisión soy una parte de mí —afirma–. En las novelas estoy yo entero". Esa diferencia entre el columnista de actualidad y el narrador de ficciones atraviesa buena parte de la conversación que mantuvo con Montevideo Portal durante su paso por Uruguay.
Del personaje de Vera, de la autocensura, del Premio Planeta y de por qué considera que la cultura de la cancelación está bastante más agrandada de lo que se dice, Juan del Val habló con claridad y sin demasiada diplomacia. Así es esta charla.
¿Cómo construiste a Vera?
Vera nace de la observación. Tenía inquietud por contar una historia de pareja con condición social distinta, con diferente edad y origen social. Quería hablar del viaje de una mujer en una edad determinada. Vera tiene cuarenta y cinco años, pero podría tener cuarenta, cincuenta o cincuenta y cinco. Esa edad es un momento en que las personas —especialmente las mujeres— se hacen preguntas incómodas: ¿realmente estoy donde quiero estar? El viaje de Vera tiene que ver con llegar a ser quien realmente es.
En la novela hay una frase que llama la atención: "Un hombre se separa cuando tiene otra mujer, una mujer se separa para encontrarse a sí misma".
Creo que es así. Huyo de las generalizaciones entre hombres y mujeres, pero considero que esta corresponde a la realidad. Las mujeres toman decisiones importantes cuando se encuentran a sí mismas. Para el hombre, la separación a veces implica lo que yo llamo "sustituir", un verbo que detesto en el contexto de las parejas.
Vera no tiene hijos. ¿Qué rol cumple esa ausencia en la historia?
Genera un conflicto reconocible en mujeres de esa edad. La ausencia de hijos está ligada también a haber criado casi como madre a su hermana pequeña desde bebé, y a una intuición de que no debía tenerlos con Borja. Su conservadurismo es más una rutina que una decisión por convicción. Vivió una vida confortable durante muchos años sin hacerse demasiadas preguntas. Lo hizo porque creía que era así, no por obligación.
¿Por qué la situaste en una posición de privilegio económico?
Porque quería explicar lo difícil que es la decisión de marcharse en sí misma. Si yo le pongo una carga de tres hijos y tiene que estar trabajando doce horas al día, bueno, pues mira, ya evidentemente no son cuento de malas decisiones. Quería que Vera pudiera tomar la decisión y que aun así fuera muy difícil. Eso era lo que quería contar.
La separación de Vera no tiene un detonante claro. No hay una traición visible, no hay un hecho traumático.
Vera quería a su marido, o se acostumbró a él. Después de que ella se va, el lector empieza a descubrir quién es y quién ha sido Borja. Ella toma la decisión sin que haya sucedido nada tremendo. Si se hubiera enterado de lo de las fotos u otras cosas que Borja es capaz de hacer, la decisión hubiera tenido otro motivo. Hay un momento en que la rutina se convierte en hastío absoluto y ella siente la intuición de que se está perdiendo algo y que está en el último momento de poder disfrutarlo.
¿Qué rol cumple Antonio en ese proceso?
Creo que Antonio aparece en la vida de Vera cuando ella ya está dispuesta a que sucedan cosas. Cuando estás abierta a que te sucedan cosas, te suceden cosas. Si no, no. Hay un cierto ejercicio de voluntad para que te sucedan cosas. A lo mejor, cinco años antes Antonio hubiera pasado por su vida y no hubiera pasado nada. Lo que le fascina a Vera de Antonio es que es el único hombre que conoció que está seguro de sí mismo sin tener dinero. Los otros hombres que conocía basaban su seguridad en el estatus económico. Y lo que le fascina a Antonio de Vera, entre otras cosas, es que ella pueda pagar una cuenta que vale casi lo que él cobra en todo un mes.
¿Las relaciones siempre son interesadas, entonces?
Sí. Las relaciones siempre son y deben ser interesadas, no desde la pureza del amor, sino porque te fascina algo que tiene la otra persona que vos no tenés. Puede ser cultura, bagaje, posibilidades económicas, físico. Todo vale. Vera y Antonio no llegan a defraudarse el uno al otro. Hay una pasión importante entre ellos. El deseo es el pilar fundamental a la hora de construir una relación.
La novela se subtitula "Una historia de amor", pero parece ir mucho más allá del amor romántico.
Es una historia de muchos tipos de amor: el amor de las amigas, el amor familiar, Antonio con su madre, Vera con su hermana pequeña, Antonio con su hermano Diego. Por eso se llama Una historia de amor: no es la historia de amor de Vera, sino una historia de amor en sentido amplio.
Vera es descripta como el personaje más frío. ¿Es difícil empatizar con ella?
No tiene que ver con que sea rica. Tiene que ver con que hay un momento en que parece que las cosas no le duelen como le duelen a los demás, aunque eso no sea cierto. Es más sencillo empatizar con Antonio, con Gaby, con Diego, que es un personaje fascinante con mala suerte. Vera es el hilo conductor, pero en la novela hay mucho más que Vera. Y el gesto de generosidad de Vera al final con Antonio la define como personaje. Mucha gente me pregunta si queda o no queda con Antonio. Con quien queda es con ella misma.
¿Tenés autocensura cuando escribís, sobre todo cuando escribís sobre mujeres?
No. Por ninguna. Un escritor que se autocensura no es un escritor, es un señor que redacta cosas. Sí valoro aspectos como el posicionamiento de un personaje en función de lo que quiero contar. Pero escribir requiere honestidad. Escribo para la gente, pero no puedo estar condicionado por lo que la gente opine.
¿Y el hate en redes sociales? La relación con el público es mucho más intensa que hace diez años.
Me da exactamente igual lo que digan. No me afecta en absoluto porque sé que es ficción. No les creo ni a los que dicen que es lo mejor ni a los que dicen que es lo peor. Mi objetivo es que cuando la gente termine la novela diga "ha merecido la pena". Con eso me alcanza. Si aparte se reflexiona, se divierte, se excita o se emociona, mejor.
¿No te preocupa que tu rol mediático opaque tu perfil de escritor?
No puedo hacer nada con eso ni quiero hacerlo. Hay gente que por verme en televisión cree que no puedo escribir bien, y hay otros que se acercan a mi escritura precisamente porque me ven en televisión. Llevo un camino en televisión y en la escritura basado en lo que quiero contar y en la honestidad. En televisión soy una parte de mí. En las novelas estoy yo entero.
¿Esperabas ganar el Premio Planeta?
Llevo yendo al Premio Planeta desde hace muchos años como espectador. Siempre fantaseé con ganarlo, pero nunca me había presentado. Vera la empiezo a escribir sin ninguna pretensión de presentarla. Era para mi editorial, que pertenece al grupo Planeta. Con aproximadamente media novela escrita, se la doy a mi editor, quien me sugiere presentarme al premio. La segunda parte la escribo ya con esa pretensión. Me presento con seudónimo. Nueve días antes del fallo se dan los diez finalistas y ahí vi que podía haber posibilidades. Alguien me dijo ese mismo día que la cosa había ido muy bien tras la última votación del jurado. Lo tomo como una oportunidad: la difusión del premio sirve para captar nuevos lectores, que espero se queden para los libros posteriores.
¿Cómo fue la experiencia de las ferias del libro en la región?
Con novelas anteriores ya había hecho giras potentes en España, México y Colombia. Vera me dio la oportunidad de estar en Buenos Aires y en la Feria del Libro de Buenos Aires, que me impresionó mucho. Es una de las ferias más grandes en los últimos tiempos. También me impresionó mucho la Feria de Guadalajara.
¿Creés que se está leyendo menos?
Rechazo esa falsa dicotomía. No, están leyendo. Están leyendo distinto y tienen la capacidad de ver más del autor. En España los datos del mercado editorial están cada vez mejor. La literatura juvenil es un fenómeno: filas abarrotadas de gente jovencísima. Si un veinticinco por ciento de esos lectores jóvenes se queda como lector habitual, es maravilloso. La lectura tiene algo que no tiene ninguna otra cosa. Me encantan las películas y las series, pero leer un libro es algo especial.
¿Cómo llegaste a la televisión después de treinta años detrás de cámaras?
Mi profesión en España durante treinta años fue guionista y redactor, siempre detrás de cámaras. Empiezo a salir delante a partir de 2020, después de la pandemia. Durante la pandemia, sin invitados, sin público, en El Hormiguero se inventan las tertulias. El programa empieza a ser visto por más gente que antes. Por mi manera de hablar o de estar, cobro muchísima popularidad. Es algo muy nuevo para mí. En las tertulias actúo desde la honestidad: analizo la actualidad de la manera en que la pienso y la siento, equivocándome muchas veces. Cuando llego a la televisión ya soy mayor y tengo muchos tiros pegados: digo lo que pienso, no solo las cosas convenientes.
¿Cómo vivís la cultura de la cancelación?
Existe, pero bastante menos de lo que se dice que existe. Está agrandada, es una construcción mayor. A mí me han intentado cancelar mil veces por mil cosas. No siento que nadie me haya cancelado nunca. La gente hace lo que le da la gana. Sobre el caso de Vargas Llosa: ¿aquí se lee a Vargas Llosa o no? ¿En una librería se puede comprar el libro de Vargas Llosa? Pues ya está. Hay que ser mucho más libre y el miedo no siempre está justificado.
En la comunicación actual se le da un valor extraordinario al victimismo y a sentirse ofendido. Sentirse ofendido es un ejercicio individual. Yo me siento ofendido, ya tendré yo que gestionar que me sienta ofendido. No hay que estar echándole la culpa al otro. Las disculpas públicas del tipo "lo siento a todo el mundo que se haya podido sentir ofendido" son mentira y una mediocridad absurda. Si alguien dice que Pedro Sánchez es un idiota o es buenísimo, quien se ofenda debe resolverlo por su cuenta. Ese camino, lejos de penalizarme, me ha dado cosas buenas, porque la gente está muy hasta los huevos y valora la honestidad. Alguien escribió sobre mí algo que me encantó: "Disparar a Juan del Val no significa cazarlo".
El libro
Editorial Planeta
Cuando el deseo también es el peligro
Vera ha seguido siempre las reglas: ha vivido durante más de veinte años con la elegancia, la discreción y la dignidad exigidas a la esposa de un marqués. Pero ahora, a los cuarenta y cinco, recién separada y sin nadie que le dicte qué hacer, empieza a plantearse preguntas que nunca se había permitido.
En medio de esta búsqueda aparece Antonio. Es más joven, de origen modesto y ajeno a su mundo. No es solo la atracción lo que los une, sino algo más profundo: la posibilidad de salirse del guion. Ese vínculo, tan improbable como provocador, será el detonante de unos hechos que nadie anticipa.
El exmarido de Vera no acepta que ella se haya rebelado, y lo que comienza como despecho se va convirtiendo en algo mucho más siniestro. Hay cosas que el marqués no soporta perder. Y algunas pérdidas, cuando se acumulan, pueden llevarte al límite.
Por María Noel Domínguez
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