Cultura

A la intemperie

Hablamos con Jorge Fierro sobre su novísimo video “Cuarentena sin casa”

Quienes están en la calle tienen historias distintas y algo en común: la cuarentena cerró todas las puertas y ellos quedaron del lado de afuera.

24.03.2020 14:52

Lectura: 4'

2020-03-24T14:52:00
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Por Gerardo Carrasco
  gcarrasco@m.uy

En lo social, la pobreza funciona del mismo modo que la obesidad lo hace en lo físico: es un problema en sí misma, y agrava cualquier otro problema que se tenga.

La pandemia por coronavirus no es la excepción. Como su nombre lo indica, nos afecta a todos, pero no lo hace de la misma manera: son los más pobres quienes ven la peor cara de la situación.

Ante la llegada de la cuarentena -parcial y "exhortada" en nuestro país, obligatoria y rígida en otros- surge una pregunta que resulta nueva para algunos pero que está planteada desde siempre: ¿Cómo se queda en casa quien no la tiene?

En busca de respuestas salió el realizador cinematográfico Jorge Fierro (Dormidos, La caída de las campanas), cámara en ristre y violando esa cuarentena que deja a algunos adentro y a otros afuera.

En diálogo con Montevideo Portal, Jorge cuenta que su trabajo en el Espacio Cultural Urbano, del Ministerio de Educación y Cultura, le ha permitido tener un contacto directo y habitual con personas en situación de calle.

"Doy talleres de cine ahí, pero ahora cerró por la cuarentena, y el grupo de trabajo comenzó a ver qué hacer", refiere.

Junto al colectivo Ni todo está perdido, que agrupa a personas en situación de calle junto a docentes y estudiantes, surgieron varias iniciativas, algunas incluso de alcance internacional, para dejar un mensaje claro: la cuarentena no debe ser un privilegio.

Sin embargo, y mientras esas acciones iban cuajando, Jorge decidió hacer algo más inmediato. "Buscar el testimonio de las personas en la calle", cuya voz "es algo mucho más potente y directo" que aquello que se pueda decir en su nombre.

Así, el pasado sábado, el realizador salió en bicicleta con su cámara, en busca de caras y voces para su iniciativa. El hecho de conocer y tratar a muchas personas a la intemperie le facilitó un tanto las cosas a la hora de abordar a sus potenciales entrevistados. Además, advierte, todo fluye mejor cuando se dejan de lado los prejuicios.

"La gente en situación de calle no es diferente del resto", enfatiza Jorge. Por ello, estas personas estarán tan bien o mal dispuestas a hablar ante una cámara como lo podría estar cualquiera.

Diversidad al aire libre

Esa diversidad queda clara en los testimonios recabados en el video. Lejos del preconcepto que suele primar, y que pinta a las personas de la calle como una suerte de yonquis arruinados, incapaces de hablar o hasta de pensar, los participantes del documental muestran una realidad muy diferente.

"El universo de gente en situación de calle es muy variado. En Urbano hay talleres de cine, literatura, teatro, y va gente que muestra un gran despliegue". En contrapartida, "tenemos que doblar al español las películas porque también hay gente analfabeta", narra.

Asimismo, se refiere a la perversa "calesita" que rige a menudo a las personas de la calle, un círculo vicioso entre la cárcel, el manicomio y la intemperie, y que parece no tener solución.

A ello se le suma "gente institucionalizada, que pasó toda la vida en el INAU, y que a los 18 años queda en la calle".

Es un virus que anda, y por el que nada anda

Las personas entrevistadas en Cuarentena sin casa tienen historias diferentes pero un elemento en común: ya vivían de forma precaria antes de la pandemia. Ahora, las medidas de aislamiento los pusieron contra las cuerdas.

"Todos los lugares de contención, donde podían estar un rato, sociabilizar, ser humanos, cerraron", cuenta Jorge. Desde el propio Urbano, hasta las bibliotecas y las iglesias, ya casi no les queda donde recalar.

Esto también tiene un impacto negativo "en las iniciativas que trabajan en las adicciones", porque "hasta el Portal Amarillo cerró".

Además, "gente que vendía en la calle, en los ómnibus, y que hacía unos pesos para pagar una pensión, seguramente termine yendo a parar a la calle", lamenta.

Por Gerardo Carrasco
  gcarrasco@m.uy