Con el calor llegan también los mosquitos y elegir un buen repelente puede marcar la diferencia entre disfrutar una tarde al aire libre o pasarla a los manotazos. En el mercado hay muchas opciones y no todas funcionan igual, por eso conviene saber qué mirar antes de comprar y cómo usarlo correctamente para que realmente cumpla su función.
El primer punto a tener en cuenta es el principio activo, que es lo que determina la eficacia del repelente. Los más comunes son DEET, icaridina (o picaridina) y IR3535. El DEET es uno de los más efectivos y duraderos, ideal para zonas con muchos insectos, aunque puede resultar más fuerte para pieles sensibles. La icaridina suele ser mejor tolerada, no tiene olor intenso y ofrece buena protección, mientras que el IR3535 es una opción más suave, pensada para exposiciones cortas o uso urbano.
Otro aspecto clave es la concentración del producto. No se trata de que cuanto más alto el número, mejor en todos los casos, sino de cuánto tiempo de protección ofrece. Concentraciones más altas duran más horas, pero para una salida corta o una caminata por la ciudad, un repelente de concentración media suele ser suficiente. Para jornadas largas al aire libre o zonas con muchos mosquitos, conviene optar por fórmulas más duraderas.
La presentación también importa. Los sprays y aerosoles son prácticos para cubrir grandes superficies del cuerpo, mientras que las cremas o roll-on permiten una aplicación más precisa, especialmente en brazos y piernas. En el caso del rostro, lo ideal es aplicar el producto primero en la mano y luego extenderlo suavemente, evitando ojos y boca.
Usarlo bien es tan importante como elegirlo. El repelente debe aplicarse sobre la piel expuesta, no debajo de la ropa y en cantidad suficiente para cubrir de forma pareja, sin excederse. Si se usa protector solar, primero va el protector, se deja absorber unos minutos y recién después se aplica el repelente. Reaplicar cuando lo indique el envase es clave, sobre todo si hubo sudor, agua o muchas horas al aire libre.
En niños, siempre conviene elegir productos aptos para su edad, que sea un adulto quien lo aplique y evitar manos, ojos y boca. En el día a día, no es necesario usar repelente dentro de casa si no hay mosquitos, y al volver se recomienda lavar la piel con agua y jabón para retirar restos del producto.
Un último detalle a considerar es el contexto de uso. Para una noche en la rambla o una plaza urbana, un repelente suave puede ser suficiente. Para campings, zonas costeras o lugares con mayor presencia de insectos, vale la pena invertir en uno de mayor duración. Elegir bien y usarlo de forma correcta permite disfrutar el verano con menos molestias y sin sumar productos de más.
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