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La risa, remedio infalible

Germán Medina: “En Catarsis, el humor es encuentro y también empoderamiento”

El comediante presenta su nuevo show tras “Intenso” y reflexiona sobre la presión cotidiana que inspiró el espectáculo.

18.10.2026 13:35

Lectura: 7'

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Por María Noel Domínguez

Germán Medina viene de un espectáculo llamado Intenso y ahora llega con uno que se llama Catarsis. No es casualidad: los nombres de sus shows siempre buscan algo, siempre apuntan a una emoción. En esta charla con Montevideo Portal, el comediante habló sobre la presión cotidiana que da origen a su nuevo trabajo, el vínculo con el público, la profesionalización de su carrera y por qué define el humor, ante todo, como encuentro.

¿Por qué Catarsis?

Los nombres me disparan cosas. Cuando uno construye sus propios espectáculos, el nombre tiene que significar algo. Y me parece un lindo momento para llamar a un espectáculo así. Hay como una cierta presión que todos sentimos. Hay que ser bueno en un montón de cosas. Esto de tener todas las barritas altas: entrenar, comer bien, dormir bien. Quiero hacer todo, porque todo sé que está bien, pero no llego a todo. Eso es catarsis. De ahí surge el nombre, y de ese nombre se desprenden situaciones humorísticas que parten de lo personal para transformarse en humor compartido. Las búsquedas siempre van por las emociones, porque son lo que nos mueve.

La estética tiene que ver con un sillón, como una sesión de terapia...

Sí. Y hay un adelanto que puedo dar: la gente, al ingresar al teatro, va a tener la opción de pasar por una cabina catártica donde podrá decir, comentar o hacer catarsis de lo que se le ocurra y como se le ocurra. O pasar de largo hacia la butaca, también. El espectáculo tiene un concepto colectivo. Intento que la gente no solo vaya a reírse, sino que se encuentre con lo que sucede en el escenario. Los nombres de mis shows tienden a ser paraguas bastante grandes donde todos tienen algo para sentir.

En todos tus trabajos siempre sos vos mismo, sin impostura, pero también hay una sobreexposición constante. ¿Cómo llevás eso?

Estoy muy agradecido y bendecido por trabajar de mí. Tengo muchas suertes, en plural. Es un privilegio maravilloso poder escribir algo, subirlo a un escenario y que sea compartido. El cariño del público es de ida y vuelta. Puedo recorrer el país gracias a eso. Y desmiento el estereotipo del público uruguayo gris: yo no tengo nada para decir de eso. Todo lo contrario. La gente elige comprar una entrada, y eso lo valoro profundamente.

¿Qué pasa el día que no querés mostrarte, que te levantás alunado?

No me levanto arriba, pero tampoco alunado. La intención de mi trabajo es entrar en el living de la casa de la persona. La gente me dice: “Parece que pusiste una cámara en mi casa, porque estás contando lo que dijiste de la campera de jean”, y lo relacionan con su marido, su novia, sus hijos. El público llega con una conversación ya discutida en su familia y me la traslada. Uno tiene que colocarse en el mismo lugar para escuchar de qué está hablando la persona.

Lo que pasa es que ellos te conocen, pero vos no los conocés a ellos.

Es indudable que yo no te conozco y es indudable que vos conocés lo que viste de mí. Y lo reconozco como parte de una búsqueda también. Para mí, el humor es encuentro. Cuando la gente se está riendo, nos estamos encontrando en un espacio. Muchas veces la gente se ríe de cosas que no le pasan exactamente así, pero conecta con la emoción. Lo mismo que le pasa a alguien con una canción adjudicada a un momento de vida. Somos recontraprivilegiados.

En los últimos años te ves más ordenado, más profesionalizado. ¿Cómo pensás eso?

El principio que trato de sostener es que lo profesional no invada lo lúdico. Lo profesional es parte del oficio y necesito vivir yo y mi familia. Pero el esfuerzo diario es que no deje de ser lúdico, porque estamos haciendo humor. El proceso es empoderarnos de cosas que nos pasan y transformarlas. Y esa esencia lúdica no la quiero perder. Todo lo que sube al escenario primero fue una afectación de algún tipo, me atravesó en algún lado. Y aclaro algo, quizás en detrimento de mi propia profesión: el humor no es la solución a todo. Es un vehículo, pero no resuelve todos los problemas. Soy hiperresponsable con lo que hago.

¿Cuándo decidiste que esto iba a ser exclusivo? ¿Fue una decisión valiente, arriesgada, o fue natural?

Lo corregiría: no diría “te salió bien”, sino “viene saliendo”. No lo veo como algo irreversible ni soy dramático en el sentido de que si no es esto que no sea nada. Estoy sorprendido y agradecido con la cantidad de oportunidades. Siempre tuve inclinación humorística, incluso cuando hacía teatro más convencional y ortodoxo. En textos no humorísticos siempre encontraba una veta cómica y los profesores me decían: “No, no es por ahí. ¿Qué estás haciendo?”. Cuando me dicen que ya tengo un público que me sigue, esa frase me incomoda. A veces yo tampoco me quiero seguir tanto a mí. El camino me va llevando a ver a dónde vamos.

¿Qué harías si no hicieras esto?

No sé hacer nada. Soy un inútil. Soy un inútil en todo. Tengo la enorme suerte de poder transformarlo en humor. Lo que sí sé que me gusta es el humor de observación y de comportamientos humanos. Me resulta fascinante la gama de comportamientos distintos ante el mismo hecho, desde las cosas más profundas hasta las más triviales. Cómo para alguien limpiar un piso es el fin del mundo y para otro es algo trivial. Me gusta observar qué está pasando y anotar.

En la promo aparecés solo en el escenario, sin coro de bailarines. ¿Hay un acuerdo tácito con el público de que van a pasar un buen momento?

A veces los artistas nos olvidamos de que somos espectadores. El público hace un sacrificio que va más allá del económico: la cantidad de actividades, responsabilidades, presiones. Retomo lo del principio: la presión de todas las barritas altas. Que con todo eso te dejen un espacio de tres o cuatro horas para ir a divertirse es algo que valoro muchísimo. La palabra “soltar” está tan de moda, pero es válida. Y sobre el acuerdo: no sé si hay un acuerdo previo. Lo que sí es que cuando está sucediendo, acordamos algo juntos. El teatro en vivo es totalmente irremplazable. Lo que sentís con lo que te está pasando, sea bueno o sea malo, es irremplazable por cualquier otra cosa.

Hacer reír es un don trabajado, una ventaja diferencial.

Es muy agradable reír. Es de las cosas placenteras gratis más grandes. He escuchado a médicos hablar de los beneficios de la risa, la cantidad de músculos involucrados y cosas que suceden fisiológicamente. Soy un ignorante en ese tema. Pero el humor me ha ayudado profundamente en mi vida. He recibido devoluciones de personas para las que en momentos difíciles el humor venció, aunque sea por un rato, tal o cual cosa. Y el humor también es empoderamiento: cuando uno se puede reír de algo, en algún punto tomó una distancia muy sana. Cuando algo lo tenés muy arriba, muy presente, muy doloroso, el humor es más difícil. Cuando podés mirarlo en perspectiva, aparece. El humor también es sorpresa, es poner las cosas donde no estaban. Y lo más importante que yo soy es persona, más que comediante. Como persona, el humor me ha permitido disfrutar mucho en la vida cotidiana.

Catarsis se presenta el 21 de noviembre en el Teatro de Verano. Medina lo define como “medio que recital humorístico” e incluirá sorpresas. Las entradas, algo que el artista cuida deliberadamente, son accesibles: “Los abrazo y los recibo y los espero”, cerró.

Agenda

Germán Medina vuelve al Teatro de Verano

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Por María Noel Domínguez