La lamparita que se ve en la imagen está instalada en el cuartel de Bomberos de Livermore, California. Consume solo cuatro vatios, y fue encendida por primera vez en junio de 1901.
Durante estos casi 125 años solo se ha apagado en contadas ocasiones, como en 1903, cuando el cuartel se mudó a otro edificio. Lo mismo ocurrió en 1976, cuando un nuevo cambio de sede obligó a desenroscar la bombita y colocarla en la nueva casa apenas cuatro horas más tarde.
Además de esas dos ocasiones, la lámpara solo estuvo apagada algunas veces de manera accidental a causa de apagones que afectaron la localidad.
La lámpara de Livermore es orgullo de los ciudadanos del lugar y cuenta con su página web y una cámara que la filma en vivo y actualiza imágenes cada treinta segundos. Cada 18 de junio, los vecinos del lugar organizan una ceremonia en su homenaje.
Esta pequeña luminaria constituye un verdadero recordatorio del conflicto que surge a veces entre los avances tecnológicos y el afán de lucro. No en vano, la primera mención escrita de la expresión "obsolescencia programada" proviene del rubro de las lamparitas.
Se trata del acta de nacimiento del cartel Phoebus, creado en Suiza el 23 de diciembre de 1924, por Osram, Philips, General Electric y otros fabricantes de lámparas. Esa alianza duró quince años, y tuvo como cometido acordar una reducción deliberada en la duración de las lamparitas, cuya vida no debería superar las 1.000 horas.
Si la lámpara de Livermore tuviera boca seguramente se reiría de esa cifra. Y lo haría con pleno derecho, ya que lleva ya más de un millón de horas iluminando.