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Historia de vida

Es ucraniano, llegó a Uruguay sin hablar español y ahora construye su casa en Piriápolis

Renat Sheikhov tiene 16 años y vive desde hace dos Maldonado junto con su familia. Hoy asegura que el país ya es su hogar.

22.09.2026 21:08

Lectura: 5'

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Hace dos años, Renat Sheikhov llegó junto con su familia a Piriápolis sin hablar prácticamente una palabra de español. Tenía 14 años, venía de vivir en Suiza y todavía no sabía cuánto tiempo permanecería en Uruguay.

Hoy tiene 16, estudia en un liceo de la zona, habla español, incorporó varias costumbres uruguayas y su familia construye su propia casa cerca del balneario. El joven registra buena parte de esa experiencia en su canal de YouTube, donde publica videos sobre su vida en el país.

“No me arrepiento para nada de que nos hayamos mudado acá”, contó en agosto, al hacer un balance de sus primeros dos años en Uruguay.

Sheikhov es ucraniano, aunque antes de instalarse en Piriápolis pasó dos años junto con su familia en Suiza. La llegada a Uruguay, según relató, fue bastante improvisada.

La familia arribó de noche a Piriápolis, cerca del Hotel Argentino, acompañada por su perro y sin una reserva donde quedarse. Dos vecinos los vieron con las valijas y comenzaron a llamar a conocidos para conseguirles alojamiento.

Finalmente, no solo encontraron dónde pasar esa noche, sino también una casa que inicialmente alquilarían por un año y en la que terminaron viviendo durante dos.

“Yo me quedé completamente en shock”, recordó el adolescente sobre aquel primer contacto con los uruguayos.

Poco después comenzó a estudiar en un liceo de Piriápolis. Para su primer día había aprendido de memoria apenas una presentación: su nombre, su edad y que era de Ucrania.

“Eso era literalmente lo único que podía decir”, recordó.

La barrera del idioma no tardó en hacerse evidente cuando sus compañeros intentaron conversar con él. Sin embargo, Sheikhov asegura que allí encontró una de las principales diferencias con su experiencia anterior en Europa.

Según contó, tanto sus compañeros como sus profesores comenzaron a ayudarlo y le permitían utilizar el celular para traducir aquello que no entendía.

“Acá todo es mucho más cálido y cercano, como en mi casa en Ucrania”, afirmó.

Con el paso del tiempo no solo aprendió español, sino también algunas expresiones locales. Entre ellas mencionó “pibe” y “ta”, además de otra palabra que, según contó entre risas, conoció durante su primer día de clase: “ñeri”.

También hubo costumbres que inicialmente le resultaron difíciles de entender.

Una de ellas fue la forma de saludarse. Acostumbrado a un movimiento de cabeza o un apretón de manos, le sorprendió que en Uruguay fueran habituales los abrazos y los besos en la mejilla.

Otra fue el mate. Durante sus primeros meses no entendía por qué veía personas con termo y mate prácticamente en cualquier lugar, incluso dentro del liceo.

“En este país se siente una libertad increíble”, señaló.

El fútbol también terminó formando parte de su adaptación. Sheikhov recordó su sorpresa cuando, durante un partido importante, un profesor puso la transmisión en plena clase para que todo el grupo pudiera verlo.

“Acá no es solo un deporte, es una religión, un culto”, sostuvo. Todavía, sin embargo, no resolvió otro asunto bastante uruguayo: si hinchar por Nacional o Peñarol.

Hay una costumbre de Piriápolis que recuerda especialmente.

Una tarde caminaba por la rambla mientras caía el sol cuando escuchó que las personas que estaban en la playa comenzaban a aplaudir. Al principio pensó que ocurría algo o que estaba por comenzar un espectáculo.

Después entendió que estaban despidiendo el atardecer.

“Ahora, cuando nosotros con la familia salimos a caminar a la playa al atardecer, yo también aplaudo junto con todos”, relató.

De alquilar a construir su propia casa

La vida de la familia en Uruguay comenzó como algo que todavía podía ser transitorio. Eso cambió cuando decidieron comprar un terreno a unos diez minutos del centro de Piriápolis y construir allí su propia vivienda.

El proceso también se convirtió en contenido para el canal de Sheikhov.

La familia se encontró con trámites y costos que no había previsto. Antes de comenzar la construcción debió gestionar servicios, permisos y profesionales, además de modificar el proyecto por las características del terreno.

Entre otras cosas, Sheikhov contó que OSE les presupuestó alrededor de US$ 900 por la conexión de agua y que llegaron a recibir presupuestos de hasta US$ 12.000 para adaptar el proyecto arquitectónico a la normativa uruguaya.

El terreno, además, presentaba un desnivel de casi dos metros en algunos sectores, por lo que tuvieron que modificar la estructura prevista inicialmente.

Con la obra ya en marcha, el propio adolescente comenzó a involucrarse. A sus 16 años, contó que aprendió términos vinculados a la construcción e incluso llama personalmente a barracas para averiguar precios y coordinar la compra de materiales.

“Tengo 16 años y ya conozco un montón de términos de construcción en español”, bromeó.

Para Sheikhov, la construcción terminó convirtiéndose también en una señal de cuánto cambió la situación de su familia desde que dejó Europa.

“Hace dos años estábamos en Suiza y no teníamos ni idea de qué iba a pasar después, dónde íbamos a vivir o qué nos esperaba en el futuro”, recordó.

Ahora la situación es distinta.

“Ya me acostumbré a estas calles, a la playa, a la gente y ahora entiendo que esto ya no es algo temporal”, afirmó.

“Poco a poco se convirtió en nuestro hogar”, resumió.