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Cultura

La mirada de los otros

Entrevista con la escritora Fernanda Trías sobre La Ciudad Invencible

"Lo peor que me pasó y lo mejor que me pasó ocurrió en Buenos Aires": entrevista con la escritora uruguaya Fernanda Trías sobre su novela "La ciudad invencible".

25.12.2015 10:05

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2015-12-25T10:05:00
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Por Martín Otheguy

Para ver bien las cosas, a veces, no hay que mirarlas directamente; hay que desviar ligeramente la vista, enfocar en otra dirección. En el caso de algunos objetos, como las estrellas más débiles, uno debe incluso fijarse en el vacío circundante para notar que están allí, parpadeando. Algo de eso es lo que hace notablemente la escritora uruguaya Fernanda Trías en La ciudad invencible para acercarse a Buenos Aires, la ciudad que protagoniza la obra y cuya silueta asoma entre líneas, como marco de fondo que termina resaltando al final del relato.

"¿Cómo nombrar las cosas? Cómo acercarse lo más posible al asunto que se quiere contar?", se pregunta Trías en La ciudad invencible (Editorial HUM, 2015). Esa mirada oblicua es justamente la que le permite revelar una ciudad inabarcable, lejos de los cafetines, los clichés literarios y el folklore del Buenos Aires más manido. Novela iniciática, de conquistas y transformaciones, se desarrolla en los márgenes, en las pensiones de barrios venidos a menos, en los bares "diminutos y anacrónicos". Y sin embargo, el espíritu de Buenos Aires sobrevuela intacto en cada vuelta de hoja, entre sus mudanzas, la muerte de sus seres queridos, sus descubrimientos, la lucha por hacer propio un espacio ajeno y la amenaza latente de una persecución que a veces parece obra de un personaje (la "Rata") y en otras de la propia metrópolis.

A medio camino entre la ficción y la autobiografía -la autora vivió un tiempo en Buenos Aires, además de muchas otras ciudades en el mundo- la novela narra con brillantez la odisea por hacer propio un espacio urbano a veces hostil, otras inesperadamente hospitalario, que adquiere significado a través de los afectos y las rupturas.

Trías, siempre itinerante desde que ganó una beca de la Unesco en 2004 para ir a escribir a Francia, visitó brevemente Montevideo en diciembre para presentar su libro, ocasión que aprovechamos para charlar con ella sobre los límites de la realidad y la ficción, la construcción literaria de las grandes ciudades y de cómo Buenos Aires modificó su vida.

¿Cuál es tu relación con Buenos Aires, más allá de lo que se trasluce en las páginas de la novela?

Una relación muy estrecha. Sigo sintiendo que Buenos Aires es mi segunda ciudad, o mi ciudad de adopción, si bien hace más de tres años que no vivo ahí. Me mantengo al tanto de lo que pasa allá, y lo sufro o lo celebro casi como si estuviera ocurriendo en mi propio país. También sigo las novedades literarias, en la medida de lo posible, mantengo a los amigos, que fueron mi familia durante los momentos difíciles, y cada tanto fantaseo con volver.

¿La ciudad invencible es por Buenos Aires en particular o es una reflexión sobre la ciudad en general? En el primer caso, ¿por qué invencible?

Toda gran ciudad tiene algo de monstruoso y de inabarcable, y Buenos Aires no escapa a eso, como tampoco Nueva York o París o Bogotá. Pero en el caso de la novela, habla más de la percepción de la narradora, de cómo ve ella la ciudad mientras intenta construirse un lugar y comprender, reeditar o reconstruir, su propia identidad. Si lo logra -si la vence o no-, es algo que cada lector decidirá.

En un momento del libro decís: "la literatura de Buenos Aires siempre sucede en otra parte", en alusión a los lugares más emblemáticos. ¿Lo sentiste en otras ciudades? ¿En Montevideo, por ejemplo?

Buenos Aires tiene una tradición literaria que es fabulosa y al mismo tiempo aterradora. Además es una tradición que nombra la ciudad: nombra las calles, los parques, los barrios... No sé si en Montevideo hay lugares literarios emblemáticos como en Buenos Aires, porque nuestra tradición no tiende a nombrar de ese modo, no ha hecho todavía de Montevideo una ciudad literaria, sino al contrario; solemos describir una ciudad sin nombre, que se parece a Montevideo pero sin decirlo, o ciudades inventadas, como la Santa María de Onetti. Buenos Aires es tan compleja y tiene tantas contradicciones, que nunca se sabe dónde se estará escribiendo lo verdaderamente renovador.

Justamente, Buenos Aires parece una ciudad muy "escrita". ¿Cuál era tu desafío para que la mirada no cayera en los mismos lugares, para que se convirtiera en algo nuevo?

No sé si se trató de un desafío, sino más bien de una estrategia. Mi estrategia fue ignorar el peso de esa larga tradición de "escribir Buenos Aires" y mantenerme fiel a la mirada propia y a mi experiencia de la ciudad. No hay dos maneras iguales de mirar y, al fin de cuentas, un escritor es eso: una manera de mirar el mundo.

¿Dónde se marca el límite entre la ficción y tus experiencias personales? ¿Puede marcarse ese límite alguna vez en la literatura?

Yo soy de la idea de que toda literatura es de algún modo autobiográfica, en el sentido de que siempre se pone mucho de uno en cualquier texto, por más ficcional que sea. Tal vez no sea autobiográfica en lo que respecta a los "hechos", como es el caso de La azotea (primera novela de la autora), pero sí en ciertos elementos metafóricos o simbólicos. Claro que esto es un viejo debate, y algunos escritores estarán en franco desacuerdo. En el caso de La ciudad invencible, donde estaba trabajando abiertamente la autoficción, el vínculo entre vida y literatura es más evidente, pero permite también jugar con las experiencias propias, transformarlas, y tal vez esa transformación al final tenga un efecto concreto sobre la propia vida. Una especie de círculo virtuoso.

En general me gusta experimentar, no encasillarme y repetir para siempre un mismo formato. Este libro era parte de ese ánimo de experimentación.

¿Tenías algún referente a la hora de incursionar en ese terreno bastante experimental para tu literatura?

No, realmente no. Me lancé sin referentes, algo bastante propio en mí (risas).

Es una novela que se desarrolla en un espacio abierto y no cerrado, a diferencia de La azotea, pero que produce por momentos una sensación de opresión. ¿Es Buenos Aires la que produce esa sensación?

Es la manera en que la narradora percibe la ciudad lo que genera esa opresión o "claustrofobia al aire libre", una especie de proyección del estado interior. A mí, personalmente, Buenos Aires me resulta una ciudad liberadora; nunca me resultó opresiva. Lo que era opresivo eran las circunstancias concretas. Pero yo no noté esa opresión que transmite la novela hasta después de terminada, cuando la escritora Lina Meruane leyó el primer manuscrito y me dijo "¡qué claustrofobia!". Ahí entendí que la claustrofobia no sólo ocurre en un ascensor cerrado.

Te tocó mudarte con frecuencia y enfrentarte a ciudades y espacios geográficos distintos. ¿Por qué escribir sobre Buenos Aires?

Fue producto de azar, porque el proyecto comenzó como una invitación a escribir una crónica breve de Buenos Aires y luego se fue alargando y se convirtió en este texto híbrido. De todas maneras, he escrito sobre varias de las ciudades donde viví en el libro de cuentos que se va a publicar el año que viene. Casi todos los cuentos de ese libro ocurren en otra ciudad, ajena al protagonista, y ahora que repaso mentalmente los cuentos, noto que todos los lugares en los que viví hasta el momento de "cerrar" el libro (el año pasado) aparecen como telón de fondo.

¿Por qué esa vida itinerante? ¿Surge más de una pulsión interior que de las circunstancias de la vida?

Es muy difícil separar pulsión interior de circunstancias de vida, porque muchas veces la pulsión interior es la que genera, notándolo o no, esas circunstancias. Al fin de cuentas yo me presenté a la beca que me sacó de Uruguay en 2004 y también a la beca de New York University. Tal vez se trate de una mezcla de las dos.

¿Tenías un preconcepto de la ciudad al llegar, que haya influido de alguna manera luego en tu construcción literaria?

Cuando llegué a Buenos Aires, en 2010, no tenía ningún preconcepto de la ciudad. Ni siquiera se puede decir que conociera la literatura argentina, más allá de los clásicos. Hasta entonces, yo había ignorado olímpicamente la existencia de ese país que desde siempre ha sido como una sombra amenazadora y a su vez desafiante para nosotros. Mi experiencia de la ciudad fue como un golpe, un choque inesperado. Pero cuando digo que la ciudad me modificó, me refiero a muchas cosas, sobre todo a la gente, a los amigos que hice, porque siempre he pensado en una ciudad como un mapa de afectos. Esos amigos también me abrieron el camino a ciertas lecturas y a ciertos autores argentinos que desconocía. En suma, podría decir que lo peor que me pasó y lo mejor que me pasó, ocurrió en Buenos Aires.

¿Hay un correlato entre el espacio interior y el espacio exterior en la novela? ¿Es buscado? Es decir, el cambio, el miedo a lo nuevo, la sensación de amenaza latente...

La sensación de amenaza latente es un punto en común con todo lo que he escrito, en especial con La azotea. Si pensamos los dos libros como una continuidad, al menos en mi escritura, podría decirse que en La azotea el rechazo al mundo exterior contaminante es total, mientras que en La ciudad invencible hay una apertura, cierta manera de rendirse y de hacerle frente a lo desconocido. Pero, al fin de cuentas, es otra manera de abordar el mismo tema de siempre. No se trató de algo buscado. Creo que el vínculo espacio interior-espacio exterior existe siempre. A pesar de todo, el "afuera" me sigue pareciendo un lugar bastante amenazante e inhóspito, y tal vez mi vida itinerante sea una forma de contrafobia.

Saliendo de la novela, ¿qué escritores actuales vale la pena leer y por qué?

No creo que "haya que leer" nada en particular. Las búsquedas son muy personales y esto lo afirmo desde mi propia experiencia, porque he sido autodidacta. Pero hay autores interesantes, muchos, que nos ayudan a pensar la escritura y a sentirnos un poco menos solos. En un espectro muy amplio mencionaría a: Mario Bellatin, Karl Ove Knausgaard, Rodrigo Ray Rosa, Sergio Chejfec, Ana Blandiana, Mircea Cartarescu y las últimas dos ganadoras del Nóbel, Alice Munro y Alexievich.

¿Sentís que se lee menos ficción en general? Lo digo teniendo en cuenta que se parece apostar al libro adhoc, no de ficción, que intenta captar un interés coyuntural.

No lo sé. Hace rato que la crónica está en boga, y hay cronistas excelentes, que escriben verdadera literatura. También hay fenómenos literarios, como el caso de Knausgaard, que han escrito sobre su propia vida y se han convertido en best-sellers mundiales. Pero no creo que se lea menos ficción, o tal vez habría que redefinir qué es la ficción... Que el mundo editorial intente captar el interés y apoyarse en situaciones coyunturales no es algo nuevo. De hecho, comprender el deseo "actual" y captar el interés del público mayoritario es el trabajo de las grandes editoriales. Por eso la literatura más interesante suele encontrarse, al menos en primera instancia, en las editoriales independientes.

Sobre la autora

Fernanda Trías (Montevideo, 1976) es traductora y magíster en Escritura Creativa por la Universidad de Nueva York. Publicó Cuaderno para un solo ojo, La azotea y la plaqueta de relatos El regreso. Por La azotea recibió el tercer premio Nacional de Literatura en Narrativa/ MEC, 2002. En 2004 obtuvo la beca Unesco-Aschberg para escritores y se estableció en Francia. Así empezó un período itinerante que aún no termina y que incluyó las ciudades de Berlín, Buenos Aires, Nueva York, Valparaíso y actualmente Bogotá. En 2006 obtuvo el primer premio a la Cultura Nacional de la Fundación Bank Boston. Sus relatos han aparecido en antologías de nueva narrativa en Alemania, España, Estados Unidos, Inglaterra, Perú y Uruguay. La ciudad invencible se publicó en España en 2014 (Demipage) y en Chile-Nueva York en 2013 (Brutas Editoras) bajo el título de Bienes muebles.

Por Martín Otheguy