Las instrucciones del año XIII cumplieron el año pasado su bicentenario. Esas dos pequeñas hojas manuscritas, firmadas por Artigas y entregadas a los diputados orientales en 1813 han recorrido un largo camino que aun hoy reclama revisiones y nuevas visitas.

A esa tarea se abocaron los historiadores uruguayos Gerardo Caetano y Ana Ribeiro. En procura de un trabajo historiográfico diferente y fecundo, ambos autores decidieron "abrir la cancha", y lo hicieron a lo grande.

Para ello, convocaron a más de veinte colegas entre los que se cuentan uruguayos, latinoamericanos, estadounidenses y europeos, así como todos los presidentes del país del periodo post dictatorial.

Sobre la génesis de esta obra plural, sus cometidos y alcances y el rol de las Instrucciones en el Uruguay de hoy, dialogamos con la historiadora Ana Ribeiro.


Un libro de historia que tiene su historia

Entre la idea del libro y la concreción del mismo hay una historia que no es menor, hecha de desvelos, prisas comunicaciones de larga distancia y trabajo. Mucho trabajo.

Esa historia comienza cuando el Grupo Editorial Planeta decide sumarse a las celebraciones del bicentenario de las Instrucciones del año XIII con una obra a ese respecto. De inmediato se pensó en Ribeiro, cuyas obras han sido publicadas por dicha firma, y dado que ella ya ha escrito en otras ocasiones acerca de Artigas y su tiempo " se pensó hacerlo junto a otro historiador y en forma de dialogo o intercambio", cuenta.

De inmediato comenzaron a barajarse nombres, hasta que surgió el de Gerardo Caetano, propuesta que ella consideró "una maravilla, el sueño del pibe", recuerda la autora, sueño que se concretó cuando "pese a sus múltiples ocupaciones aceptó encantado".

"Cuando nos juntamos a trabajar yo ya imaginaba que él iba a proponer un libro colectivo", explica Ribeiro, decisión que, lejos de ser antojadiza, se tomó "porque se impone, la época lo impone, la necesidad de cruzar múltiple miradas dentro y fuera de la región lo exige".

"Gerardo fue más allá, porque además de convocar a historiadores uruguayos, americanos y europeos, planteó la necesidad de convocar también al presidente Mujica y a los ex presidentes desde 1984 a la fecha".

La autora confiesa que la idea generó dudas al principio. "A mí me daba un poco de vergüenza convocarlos" pero los razonamientos de su compañero de tarea la convencieron. "Argumentó que Uruguay es el único país de la región cuyos presidentes posteriores al ciclo de dictaduras de los años '70, están todos vivos", explica.

Acordado todo lo anterior, ambos historiadores echaron mano a sus agendas y se pusieron a trabajar. "Nos juntamos en mi casa, y té mediante empezamos a seleccionar nombres", rememora.

Al cabo de días y de un intenso intercambio de comunicaciones a ambos lados del Atlántico, lograron reunir una selecta y variada tropa compuesta de un par de docenas de historiadores, entre los que se encontraban reputados académicos de nuestro país, así como del resto de Latinoamérica, Estados Unidos, España, Italia e Inglaterra.

Sólo tres de los convocados faltaron a la cita, debido a compromisos que les impedían participar: el mexicano Roberto Breña y los uruguayos Carlos Maggi y José Rilla.

"Cuando presentamos la lista a los editores no lo podían creer", cuenta Ribeiro, destacando que "cada ensayo fue escrito exclusivamente para el libro, lo que los hace todavía más valiosos".

Además, tanto los escritores como los coordinadores "tenían un plazo, un límite de espacio y debían ceñirse un formato". Por otra parte, algunos de los historiadores "eran muy mayores y no estaban habituados al trabajo en computadoras, así que hubo que ayudarlos", recuerda la autora, quien asegura que el trabajo fue "tan grato como demoledor".

¿Qué hay de nuevo viejo?

Tras recopilar los trabajos de todos los autores, Caetano y Ribeiro no hallaron información nueva, al menos en el sentido estricto de la palabra, pero si un universo nuevo de ricas interpretaciones que es sin duda lo más jugoso de la obra.

"Todos los autores trabajaron fundamentalmente sobre el mismo corpus documental", cuenta Ribeiro, explicando que el tema a tratar tenía "la ventaja que todo lo que se relaciona con el año 1813 está muy bien documentado en el Archivo Artigas y está online". Así, todos los historiadores recibieron "un archivo que contenía todo el material, el discurso inaugural, las Instrucciones en las cuatro versiones conocidas y algunos textos fundamentales al respecto" como el del historiador Héctor Miranda.

Por ello, en el libro resultante "no hay documentos nuevos, lo que hay son preguntas nuevas, interpretaciones que más que nuevas son novísimas, y el efecto de la concentración de 26 cabezas especialistas y muy distintas en torno a un texto fundacional, doscientos años después". Para la autora, el resultado de esta mezcla "es muy descacharrante".

Uno de los frutos más atractivos de esta pluralidad proviene del hecho de que cada colaborador hizo su aporte desde su circunstancia y nacionalidad. Así, por ejemplo, el Ecuatoriano Enrique Ayala Mora analizó el documento desde la importancia que le atribuye en el proceso de formación de las naciones andinas, el brasileño Joao Paulo Pimenta aportó un enfoque lusoamericano, y el británico Charles Esdaile ponderó la figura de Artigas a la luz de la resistencia española contra la invasión napoleónica.

"Eso es maravilloso, porque como uruguayo te permite salir de los compartimientos estancos de las historias nacionales, donde a veces se realiza un corte arbitrario en el límite del país y todo queda dentro de esa frontera". Por ello, una obra plural con aportes internacionales "permite cambiar la cabeza, ver los hechos históricos de aquí desde otros países, verlos en la clave de la revoluciones atlánticas y las revoluciones mundiales. En ese sentido sí encontramos muchas sorpresas", afirma.

Como ejemplo de ello cita el caso del Giovanni Levi, académico italiano considerado como uno de los creadores de la Microhistoria, quien pidió analizar el artículo tercero de las Instrucciones, donde se proclama la libertad civil y religiosa. "Le da un giro a ese tema que realmente nunca se nos hubiera ocurrido", admite Ribeiro.

Desde tiendas políticas

A la hora de analizar los ensayos redactados por los ex mandatarios Julio María Sanguinetti, Luis Alberto Lacalle, Jorge Batlle, Tabaré Vázquez y el actual presidente José Mujica, dos elementos resultan llamativos. La unanimidad en valorar las Instrucciones como un hito de gran relevancia en la historia del país, y el modo en que cada uno logra abordar el texto desde un enfoque particular, que bien podría acarrear agua para sus respectivos molinos.

"Sanguinetti elaboró un artículo muy bien escrito, mientras que Batlle, como liberal hace un alegato de la Ley, y como aficionado a la historia, para explicar las Instrucciones se remonta a la batalla de Trafalgar", enumera la autora.

Semejante diversidad de interpretaciones es posible porque el de las Instrucciones "es un texto breve, críptico, que está encerrado y como en clave. Con el tiempo le hemos hecho decir a cada palabra un montón de cosas, incluso algunas que no están en el documento".

En tal sentido, menciona el trabajo de la historiadora uruguaya Inés Cuadro Cawen, incluido en la obra, quien llama la atención sobre el hecho de que "la palabra democracia no figura en las Instrucciones, pero siempre la asociamos con ellas".

Del mismo modo, "la idea de república de entonces no es la misma que tenemos hoy, era un concepto proactivo, manejado por gente que estaba acampada frente a Montevideo y manteniendo un sitio armado. Esa es la gente que crea un documento que pasa por ser un esbozo de constitución, un proyecto cuasi constitucional. Y sin embargo era gente que estaba con las armas en la mano. Era un momento de la historia en el que había que detenerse y explicar el concepto de separación de poderes, algo que hoy nos resulta obvio".

Por ello, la autora entiende natural semejante polisemia en un documento que ofrece "atisbos del modo de construir un Estado, en un momento en que se está construyendo uno alternativo al colonial. Eso le da a las Instrucciones esa resonancia enorme que hace que de dos páginas se escriban seiscientas".

"Lo más grato fue el interés general de todos los convocados. Los ex presidentes no sólo aceptaron, sino que nos dieron las gracias por haberlos invitado a compartir una obra con tan ilustres académicos", subraya.

Los huesos enyesados de América Latina

Dentro de un lustro signado por las celebraciones bicentenarias a lo largo y ancho del continente, resulta de recibo recordar que aquellos personajes venerados como próceres -Artigas, San Martín, Bolívar- soñaban con un mapa americano muy distinto -opuesto- al que la realidad plasmó.

"En estas fechas hay una celebración y también un uso del pasado, a veces con fines políticos o de afianzamiento de identidades nacionales. y esas identidades van en contrasentido del proyecto primero de aquellos hombres" señala la historiadora.

"Hay que pensar que ellos veían una unidad territorial mayor porque de hecho pertenecían a ella, y que nosotros hoy, doscientos años después, somos producto de un largo proceso, donde cada trozo desprendido de esa unidad original construyó una identidad nacional propia, elaboró un discurso y un relato histórico. Cada vez que nos miramos a nosotros mismos oscilamos entre ese relato histórico de lo que no pudo ser doscientos años atrás y lo que hoy somos. Evidentemente el punto de equilibrio está en el medio", afirma.

"Hay que saber que somos la amputación de un sueño mayor, pero aquella territorialidad no se pudo mantener. Ese fue el fracaso de los que se propusieron ligas o patrias grandes, y fue producto de algo natural: se cayó al suelo el imperio español y se fracturó. Somos los pedazos".

Un presente del pasado

A la hora de señalar el legado fundamental y de mayor vigencia de las Instrucciones dictadas por Artigas a los diputados de la Provincia Oriental, Ribeiro destaca "el concepto de república, entendida como entonces, esa participación proactiva directa en las cosas públicas, que nos pertenecen a todos y entre todos deben decidirse. Hay en eso un principio de igualación que era probablemente lo más significativo de aquella época, la ampliación del mundo político: aquello que era asunto de unos pocos y los demás, como súbditos, tenían que obedecer, pasó a ser cosa del común, de todos. Esa es la clave de los tiempos que se abrieron a partir de las revoluciones burguesas del siglo XIX y que por suerte no hemos perdido".