Entrevistas

Aquel abrazo

Entrevista a Jorge Nasser

Con la excusa de la salida de "Abrazo criollo", el cantautor Jorge Nasser conversó con Montevideo Portal, y habló de los inicios del rock post dictadura, la fama, la popularidad, la búsqueda de una identidad musical y las drogas.

21.01.2011 15:33

Lectura: 7'

2011-01-21T15:33:00
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Jorge Costigliolo | Montevideo Portal
jcostigliolo@montevideo.com.uy

Jorge Nasser publicó, a fines de 2010, "Abrazo criollo", un disco de canciones de más acá o más allá en el tiempo, una suerte de recopilación de grandes éxitos con sonido actual.

"Es un disco nuevo, pero antes que nada es un disco bueno", aclara Nasser. Y es, también, y aunque el músico lo niegue, un auto homenaje a su carrera, a más de dos décadas de avatares, primero surfeando la ola del rock nacional, casi corriendo de atrás, luego como primeros exponentes del rock de estadio vernáculo con Níquel, y, de un tiempo a esta parte, encarnado en un cowboy urbano, milonguero eléctrico en procura de un lugar en la canción popular. Si algo hay que reconocerle a Nasser es su tesón, su olfato y su capacidad de supervivencia, y que buena parte de la música uruguaya de los cuatro últimos lustros se edificó a un lado y otro de Nasser. Él y su banda fueron capaces de ganar adeptos en un público poco acostumbrado a descender a los tugurios a ver qué se cocinaba, y que, en cambio, llegaba a la música a través de la TV, la radio, y el festival masivo. Él y su banda, quizás como nadie, supieron generar odios y desprecios en una o dos generaciones de rockeros que, en defensa de vaya uno a saber qué purismo, denostamos (y me cabe el sayo), sus posturas éticas y estéticas. Desde aquel video de "Candombe de la Aduana", con una multitud en la que un juvenil y patilludo Daniel Figares batía palmas, al mordaz ladrido de "yo no amo este lugar", de los necesarios Chicos Eléctricos, hubo de todo.

Níquel, o más bien su núcleo duro, Jorge Nasser y Pablo Faragó, venían, desde mediados de la década del 80, tratando de encontrar un sitio. Pelearon en el seno del "rock argentino", compartieron copas y guitarras con Los Redondos antes de que muchos ricoteros de ley llegaran al mundo, pegaron su primer mini hit, que fue 'Hay una falla en tu mente', que, según Nasser, "no tenía absolutamente nada que ver con lo que se hacía acá", y luego cambiaron el sonido y empezaron a romper todo en la comarca, que estaba siendo copada por la música tropical y el pop latino.

 

Foto: Gerardo Carrasco l Montevideo Portal

"Teníamos un sonido Costa Oeste", explica Nasser. Por ese entonces, principios de los 90, "conocíamos la música de Eagles, los Doobie Brothers, cosas con percusión. Tal vez fuimos un poco adelantados en ese sentido, y eso tiene sus partes buenas, porque fuimos un fenómeno popular. Este año se cumplen 20 años de una canción que cambió para siempre la historia de Níquel, y la mía, que fue el ‘Candombe de la Aduana', que convirtió una banda que movía 300 tipos, algo que era ya raro por esos días, con un fuerte espaldarazo, en un grupo que rompió todo. Si aún hoy ser popular en Uruguay es controvertido, imaginate 20 años atrás. Porque definamos popularidad: Los Tontos, los Estómagos, Los Traidores, eran populares entre los 600 tipos que podían llevar a un Cine Cordón. Creo que ser popular es ser como La Vela Puerca, o Níquel, que llevaba en su momento bastantes miles de personas".

En esa época, recuerda, "los medios y los sponsors llamaban la atención sobre ese tema, y alguna gente, que tenía las antenas preparadas, se colgaba, pero no era una cosa ‘popular' en el sentido más estricto de la palabra. Pero nosotros surfeamos también en esa ola, y, si bien no teníamos nada que ver estéticamente, empezamos bajo ese paraguas. Y estamos muy agradecidos de que eso haya existido; de hecho el bajista de Níquel (Pablo Dana) era el bajista de Los Traidores. Era una continuidad que en los 90 eclosionó. Hay como una noción de que el rock era muy popular en los 80 y después se cayó, pero ni era tan popular en los 80 ni después se cayó tanto. Nosotros llevábamos miles de personas y las bandas seguían activas también; el Cuarteto de Nos también tuvo su fenómeno".

Milonga igual


Este 'Abrazo criollo' recoge algunas de las canciones más emblemáticas del repertorio de Nasser, en las que, además del aggiornamiento que impone una regrabación, se notan, como nunca, las obsesiones y las musas del artista. Por ahí se mezclan, con cuidados arreglos de música pop, las infernales guitarras milongueras del Toto Méndez, y la impronta que dejaron en Nasser Alfredo Zitarrosa y Dino.

Este 2011, apunta Nasser, se cumplen 20 años del show en el Solís, en el que Níquel presentó 'De memoria', una suerte de ensayo histórico en el que la banda recreaba canciones de otros artistas que quizá no tenían más que un puñado de años, pero dictadura y tabula rasa mediante, habían quedado en el más ominoso de los olvidos.

"Fue una época importante pero muy controversial, con mucha desinformación, a veces a propósito, porque éramos conocidos de la gente de las otras bandas, no había división. Éramos colegas, estaba todo bien, y sin embargo se transmitía una enemistad que no era cierta. El público, los entornos, todas esas cosas que siempre hay, sumados a la salida de la dictadura, conformaron un ‘signo de los tiempos' de gran intolerancia. Estar contra el otro generaba más gregarismo que estar a favor", reconoce.


Pero "'De memoria' fue tomado en Argentina como puerta de entrada para entender el rock uruguayo de los 70. Imaginate, si acá no teníamos idea, porque hubo un agujero cultural con eso, allá mucho menos. Yo toda esa movida la agarré después; vi una vez a Psiglo y una vez a Días de Blues, y me parecían extraterrestres".

Foto: Gerardo Carrasco l Montevideo Portal


Nasser opina que "con la dictadura hubo un hachazo al rock, lograron hacerlo desaparecer. Y los que se fueron del país no fueron exiliados políticos: se fueron por cuestiones ideológicas que tenían que ver con la libertad. Y cuando surge el rock en los 80, fue como que todo lo anterior no contaba. Nosotros comenzamos haciendo un rock completamente ‘intelectual', influenciados por bandas como Talking Heads, B-52's. Nos gustaba mucho ese ‘rock mental', y fuimos descendiendo por la caverna hacia las raíces del rock", rememora. Ese Níquel de fines de los 80 no tenía demasiado que ver con el de los últimos tiempos, y menos aún con el Nasser de hoy día, de sombrero cowboy, tatuaje artiguista e inclinaciones milongueras.

 

Foto: Gerardo Carrasco l Montevideo Portal

"Yo seguí bajando hacia la raíz, y, en todo caso, doblé a la izquierda. Y creo que llegué a mi lugar. Estoy tocando la música que me corresponde tocar. Soy una prueba viviente y absolutamente representativa de las pampas; incluso con ese background de rock". Y, ante la necesidad de justificarse, Nasser apunta que "no me gustan los artistas que hay que ver con un manual, yo no formo parte de eso. A mí me ves, me escuchás, y te gusta o no, no tiene explicaciones. Y a Níquel tampoco había que verlo con manual. Es más, esa ‘falta de manual' fue la que permitió tergiversaciones o malos entendidos; pero ya no los hay, y eso me alegra mucho. Los malentendidos me volvieron loco. Combinados con cocaína son explosivos. Las drogas y la sobre exposición no pueden ir de la mano. Felizmente hoy esas cosas no tienen nada que ver conmigo, ni con mi modo de vida. Lo que fui haciendo fue quitarme esas pieles, y el combustible fue parecerme a mí mismo. Despojarme y buscarme. Y finalmente, estaba en mi infancia, con mi abuela, y en la ‘Milonga para una niña' que me hacía cantar mi tío por cinco pesos cuando tenía 5 años, y yo la sabía porque sonaba en las radios. En esa época Zitarrosa era un fenómeno muy popular, junto con los Beatles. Hoy hay una ‘clientela' en todo el país, una muchachada a la que le gusta conectar el folklore con el rock, y que me ven como referente, lo que no deja de ser una vuelta más de ese círculo".

 

Jorge Costigliolo | Montevideo Portal
jcostigliolo@montevideo.com.uy