Contenido creado por Gerardo Carrasco
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En 1992, obras en una casa revelaron biblioteca del siglo XVI: ahora se aclaró el enigma

La colección fue localizada entre paredes, e incluía un verdadero tesoro: una edición desconocida del “Lazarillo de Tormes”.

16.03.2026 14:53

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En agosto de 1992, en la reforma de una antigua vivienda en la localidad de Barcarrota (Badajoz, España), se hallaron emparedados diez libros impresos y un manuscrito del siglo XVI.

La noticia se dio a conocer recién en diciembre de 1995, en el momento en que la Junta de Extremadura los adquirió comprándoselos a los propietarios de la vivienda. Los ejemplares pudieron ser vistos por primera vez de manera pública en la exposición organizada en el Museo Extremeño e Iberoamericano de Arte Contemporáneo de Badajoz, en enero de 1996.

Ahora, un ensayo que es fruto de años de investigación revela la identidad del propietario de esos libros que reposaron durante siglos entre los muros de la finca.

El estudio “La Biblioteca Oculta de Barcarrota y el noble portugués Fernão Brandão”, de Pedro Martín Baños, doctor en Filología Hispánica, ha sido publicado recientemente por la Universidad de Extremadura y la Universidad Autónoma de Barcelona.

“Este libro trata sobre la conocida Biblioteca Oculta de Barcarrota, una colección de libros de gran valor histórico y literario” encontrada en 1992 “escondida tras la pared de una casa en Barcarrota, Badajoz, que data del siglo XVI y que se consideraba heterodoxa, prohibida y mágica”, explica el autor en una nota sobre el libro.

Junta de Extremadura

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El origen de la Biblioteca Oculta de Barcarrota, considerada un “tesoro bibliográfico”, ha sido un enigma que el estudio ahora publicado cree haber resuelto.

“La hipótesis que se defiende en este trabajo es precisamente que la persona que escondió los libros tapiados fue el noble portugués Fernão Brandão, perseguido por la Inquisición en su país, que debió pasar algún tiempo en Roma y luego terminó en Barcarrota”, afirma Pedro Martín Baños.

La biblioteca descubierta en 1992 incluía 12 volúmenes, un manuscrito y un elemento clave para identificar a Fernão Brandão: un amuleto de papel con una dedicatoria que contenía un nombre, un lugar y una fecha: Fernão Brandão, de Évora; Roma, 23 de abril de 1551.

Basándose en esta inscripción, Pedro Martín Baños centró su investigación en los registros que llevaban el nombre de Fernão Brandão e identificó al noble portugués en los archivos de la Inquisición en Évora, donde fue objeto de varias acusaciones y denuncias entre 1547 y 1549, y posteriormente en Barcarrota, en documentos relacionados con transferencias de propiedades en la localidad.

Fernão Brandão fue acusado por el Tribunal de la Inquisición de Évora de “impiedad e irreligión” y “sodomía”, por poseer “un libro de sodomía” encuadernado como si fuera religioso, “en el que se representa a hombres cabalgando contra la naturaleza, unos contra otros por detrás”.

Según las acusaciones de la Inquisición portuguesa, citadas en el estudio ahora publicado, comía pescado y carne todos los viernes, domingos y demás días festivos religiosos, nunca rezaba, jugaba a la pelota con los sirvientes en lugar de ir a misa, desaparecía de la ciudad durante la Cuaresma para refugiarse en una casa en el campo, no se confesaba, blasfemaba contra Dios y los santos y poseía pequeñas figuras de metal con las que practicaba magia y rituales de brujería.

Fernão Brandão se exilió en Castilla “debido a los excesos que cometió en su reino”, según genealogistas portugueses citados en el estudio.

El autor de este libro ha pretendido probar que el emparedamiento no fue un acto apresurado ni arbitrario, y que en cada pieza pueden advertirse una o varias razones concretas que la convertían en sospechosa. Todo responde a una coyuntura histórica muy específica, entre finales de 1559 y principios de 1560, tras la publicación del índice de libros prohibidos del inquisidor Valdés.

La joya bibliográfica de la colección es El Lazarillo de Tormes, impreso en Medina del Campo (Valladolid) en 1554, edición desconocida hasta el momento hallazgo, y que fue la primera en editarse facsimilarmente en julio de 1996.

El incomparable tesoro bibliográfico de Barcarrota es un objeto de estudio tan fascinante como promisorio, que de seguro no ha agotado aún las sorpresas que puede depararnos en el futuro.