La mejor y la peor de las épocas

El sabor de la nostalgia: bar ruso triunfa vendiendo solo “refuerzo de los tiempos duros”

Pese a lo exiguo de su menú, el lugar funciona gracias a su invocación de las “malas buenas épocas”.

20.05.2026 14:38

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Por Gerardo Carrasco
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Mucho se ha escrito acerca de las dificultades que ofrecía la vida para las personas que vivían tras la cortina de hierro. Y, si bien es cierto que el desabastecimiento y la falta de acceso a bienes de consumo podían ser un problema, con el llamado socialismo real sucedió lo mismo que ocurre cuando se come mucho picante: lo más doloroso fue la salida.

A comienzos de los 90, mientras los países del Pacto de Varsovia se pintaban con los colores de la libertad, mucha gente quedó colgada del pincel. Algo similar pasó en Cuba, con el llamado “período especial”.

Masha Lepskaya, youtuber rusa radicada desde hace muchos años en Chile, es un buen ejemplo de lo ocurrido en esos tiempos. A ella le tocó, siendo apenas una niña, vivir la “pintoresca" situación de que su padre se quedara sin empleo y su familia sin casa. Por algún tiempo vivieron en su auto y se alimentaron del mediterráneo manjar del pan con tomate.

Luego, con el paso de los años, llegó la estabilidad, pero los “tiempos difíciles” de la década de 1990 quedaron grabados en la memoria de rusos, polacos, húngaros, checos, etc. Y como suele suceder, quienes fueron jóvenes en ese tiempo recuerdan con añoranza tales épocas, por difíciles que hayan sido.

Esa especie de “disonancia nostálgica” parece ser la explicación del éxito de un modesto bar situado en un también modesto suburbio de San Petersburgo, ciudad que supo llamarse Leningrado.

Allí, el menú se limita a refuerzos de pan blanco común rellenos de los ingredientes más elementales: manteca, mortadela, queso o huevo.

Buterbrodik 66 (que significa "Sándwich 66" en ruso) ofrece sus sándwiches a solo 100 rublos (1,36 dólares). Y sus propios dueños admiten que no tienen nada de especial: de hecho, parecen preparados por algún estudiante en su habitación de residencia, pero ahí reside su encanto.

Alexey Petrachev, propietario del bar, declaró a PDM News que él y un amigo comenzaron el negocio con un simple puesto que vendía sándwiches baratísimos para animar a la gente, pero la cosa evolucionó y ahora tienen su propio local. Al igual que los sándwiches, no es nada lujoso: está en un edificio en el que nadie más quiere operar, en las afueras de San Petersburgo. El sitio no es gran cosa, pero el alquiler sale barato y eso les facilita seguir adelante.

“Al principio, los precios eran de 50 rublos; la gente entraba, decía: ‘¡Qué estafa!’, y se iba. Luego subimos el precio a 100 rublos, y enseguida todos se sintieron bien”, comentó con ironía Petrachev, acerca de cierto postureo que trasciende fronteras.

“Teniendo en cuenta nuestra ubicación, porque estamos en las afueras, en un edificio y un lugar que nadie quiere, tenemos suficiente para cubrir el coste de este local”, detalló.

Por 100 rublos, un vecino de San Petersburgo podría aspirar a un bocadillo de mejor calidad que un simple pan tipo porteño con mortadela. Sin embargo, mucha gente parece estar dispuesta a ir hasta Buterbrodik 66 y abonar esa cifra.

Para el comerciante, la “nostalgia” explica buena parte de la demanda, especialmente en los clientes de más de 40 años. Sin embargo también considera que su bar llena un hueco en la oferta: vende un refuerzo sencillo que el resto de los bares no considera tener, y esto interesa a personas que desean comerlo, pero no quieren tomarse la molestia de armarlo en su casa.

Tiempos difíciles

“Le tocaron, como a todos los hombres, malos tiempos en que vivir”, escribió Jorge Luis Borges en su artículo "Nueva refutación del tiempo", ilustrando con claridad que no hay generación que escape a las tribulaciones.

Y si de “gastronomía de los tiempos duros” se trata, el que esto escribe puede recordar la situación vivida en Uruguay a mediados de los 80, con las secuelas de la rotura de la tablita y la inoperancia económica de una dictadura que iba de salida. Entonces menudearon las tortillas de fideos del día anterior, los pasteles de verdura con salsa blanca (de carne ni hablar) y los desayunos con bizcochos (que entonces eran baratos, no como ahora) que valían también como almuerzo en un largo “puente de ayuno” hasta la tarde.

También está grabada en la memoria de esos días una carestía puntual de papas y cebollas, que transformó a esas verduras en una suerte de quimera inalcanzable.

Todo ello por no hablar de las consecuencias de la crisis de 2002, pero para entonces este modesto escriba ya estaba más crecido.

¿Qué tiempos duros te tocó vivir? ¿Hay alguna comida que te “sepa” a esa época? ¿Te sigue apeteciendo, aunque esté asociada con momentos difíciles?

Por Gerardo Carrasco
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