Eduardo Martínez es argentino, pero hace casi 30 años vive en Finlandia. En Helsinki es auxiliar en una escuela para niños con discapacidades, y de eso vive y cría a sus tres pibes.

Además, 25 años atrás y casi por accidente, se puso al frente de The Flaming Sideburns, una banda que combina el beat sesentero con la furia del garage. Eduardo, que no era cantante, se ganó el apodo de "Speedo", sacó el monstruo que llevaba dentro (mezcla de Iggy Pop, Mick Jagger y barrabrava), y se convirtió en una locomotora que impulsa el sonido arrollador de su banda y no deja audiencia en pie.

Los Flaming Sideburns se hicieron fuertes en la pequeña escena finlandesa, y rápidamente estaban girando y compartiendo escena con pesos pesados de la movida escandinava, como The Hellacopters y Gluecifer. Sin estridencias, pero con tesón y laburo, hicieron la Europa, una y otra vez, gozaron de buenos momentos y de los otros, y tienen el orgullo de mantenerse en pie.

Este fin de semana, Eduardo "Speedo" Martínez llegará a Uruguay acompañado de su B.A.ND [viernes 6 en Inmigrantes y sábado 7 en Rebel] , escuderos argentinos que lo acompañan en cada visita al sur de América, para brindar un par de shows junto a Motosierra, y certificar sus credenciales de rock salvaje y divertido.

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¿Qué hace un argentino en Finlandia?

Tengo sangre finlandesa. Es a mi vieja a la que le tendrías que hacer la pregunta. Ella, en el año 65, 66, se mudó de Finlandia a Argentina, y me crie en su casa. Cuando tenía 16 años llegó un cambio de ley por el que podías adoptar la ciudadanía finlandesa a través de la madre, y no únicamente a través del padre, pero tenías que hacer el servicio militar. No era que a mí me interesara ir a hacerlo pero me sortearon —en Argentina— para la colimba, en el 88, y la tenía que hacer. Y no quería. Había sido lo de La Tablada y todo eso, y dije "de ninguna manera". Me anoté en la universidad, pedí una prórroga, y no estudié nada. Me fui a Finlandia a hacer el servicio militar allá, que era más corto y me pagaban el pasaje. Y una vez que lo terminé, en el 89, 90, tenía un montón de posibilidades de trabajo, por el simple hecho de haberlo hecho. Era, todavía, la época dorada de Escandinavia, que económicamente estaba muy bien. Pocos años después se vino todo abajo, con una crisis económica importante. Yo trabajaba en una fábrica empacando latitas de cerveza, y ganaba más que un maestro en Argentina.

 

¿Y cómo llegás al rock? ¿Qué llevaste de Argentina a Europa?

Me llevé muchas ganas de ver bandas que acá no venían. Estando en la colimba venían un montón de bandas. Mötley Crüe, cosas así, que acá ni soñábamos con que podían venir. Yo aprovechaba para comprar boletos, y después ver cómo podía ir, que era otra cosa. Terminé mal, porque a veces directamente me escapaba. En Argentina había visto a La Zimbabwe, Vox Dei, Los Violadores. Y viví toda la época pre Malvinas, con el surgimiento del rock nacional. Rescato a Sumo, que era flor de banda. Nunca los vi, pero residiendo en Finlandia empecé a valorar más esa música. Luca Prodan tenía mucho conocimiento, nos abrió la cabeza a los argentinos, en muchos sentidos.

 

¿Cuándo entra el garage, el rock más killer?

Cuando ingresé al servicio militar había una banda finlandesa que se llamaba Smack, que habían estado en Norteamérica, y habían sido una influencia para Guns'n'Roses, como Hanoi Rocks. Ellos estaban en su último año antes de disolverse, iban a tocar, yo me había enterado por el periódico del Regimiento. Iban a tocar para San Juan, en la época del solsticio de verano, cerca de donde yo estaba. Y dije "voy". Llegado el momento, me prohibieron salir del Regimiento, así que escuché a la banda en el aire, fue una frustración muy grande. Me quedé escuchando sus discos en el Regimiento. Y se me pegó mucho esa banda. Su disco Rattlesnake Bite, que es como los dos primeros trabajos de los Stooges pero en versión finlandesa. Mezclaban el punk con un poco de gótico. Y me quedó eso en el alma, de verlos en vivo. Cuando terminé el servicio militar tenía compromisos en Argentina, para hablar con los milicos, porque no me había presentado a la colimba. Así que, entre medio año y año y medio, anduve por Argentina. Cuando regresé a Finlandia, a lo primero que me dediqué fue a ver bandas del underground. Entre ellas estaba la nueva banda del cantante de Smack [Claude, que había formado The Fishfaces]. Fue una época muy oscura en la escena de Finlandia, en la que no había estrellas internacionales. Ahí descubrí a Jack Meatbeat & the Underground Society, donde fui a parar como cantante. Fui a ver un show de ellos y me dijeron que el cantante se casaba y se volvía a su ciudad natal. Necesitaban un vocalista, estaban haciendo pruebas. Yo no era cantante, la verdad. Me los cruzaba en los bares, sabían que era parte del público, y me invitaron a zapar a la sala de ensayo. Fui al baño y cuando volví me dijeron "te queremos como cantante". En un primer momento les dije "Yo no soy cantante, hago huevo hasta que encuentren uno mejor"... Bueno, de eso pasaron 26 años y todavía estoy. No consiguieron a nadie.

 

¿Y Flaming Sideburns?

Flaming Sideburns nació medio en paralelo. Cuando con esa banda empezamos a girar por Europa, principalmente Alemania, Holanda y Dinamarca, tocamos con una banda de chicas garageras finlandesas, Thee Ultra Bimboos, que arrasaron con todo. La novia de nuestro guitarrista tocaba en esa banda, y después yo terminé enganchado con la guitarrista, y el guitarrista de los Flaming Sideburns salía con la baterista. Así que nos decidimos a formar una banda de garage, haciendo, primero que nada, covers. Tocábamos de traje, queríamos imitar la onda de los 60. Y fue un éxito rotundo, instantáneo. Con la banda anterior veníamos de años y años con material propio intentando hacer bailar al público, y no lo conseguíamos. En cambio, con esta banda, un poco disfrazados y haciendo covers teníamos a todas las minas bailando. Y los pibes del público se volvían locos. Una vez que las chicas bailan lo que estás tocando, conseguiste el éxito. Eso hace que vengan los chabones, y así nació Flaming Sideburns. Empezamos a girar por Europa, y llegado el momento dijimos "¿Por qué no componer canciones parecidas a los covers que estamos tocando?", y empezamos. En aquella época había mucha hermandad para esta movida de música entre las bandas escandinavas, Hellacopters, Gluecifer, éramos todos amigos. Nos gustaba la misma música. Cada vez que venían los Nomads a Helsinki nosotros le hacíamos de soporte, abríamos para Hellacopters, que nos conseguían fechas para ir a tocar a otros países, donde nos cruzábamos con Gluecifer. Después empezaron a tocar en España, y nosotros también fuimos. Ahí se formó lo que se conoce como "la movida escandinava", que tuvo su cúspide a principios del milenio, y después, poco a poco, se fue acabando. Ahora creo que, en parte, está regresando. Pasaron unos 15 años desde entonces. Volvieron los 90, y muchas bandas no quedan de esa época. Para las bandas nuevas es muy jodido tener un espacio, conseguir un público.

 

Claro, te iba a decir que, para muchos, la movida de Europa del Norte era la gran promesa del rock después de la muerte de Kurt Cobain. Turbonegro, Hellacopters, Gluecifer...

Sí. Bueno, The Hives fue una banda importante. Ellos lograron sonar en Inglaterra, y desde ahí en Norteamérica. Llegaron a la Argentina. Esa es la gran diferencia. A nosotros no nos conoce nadie en comparación...


¿Y qué pasó? ¿Pasó de moda? ¿Tenés alguna respuesta?

Mirá, Suecia es mucho más occidental que Finlandia. Tiene más contacto. La gente que maneja bandas allá es más seria. En Finlandia todavía estamos bajo lo que fue la influencia soviética y eso, artísticamente, es algo bueno, porque las bandas son más originales, no son tan comerciales. Pero falta todo lo que es Management, saber vender una banda, llevarla al extranjero. En Finlandia hubo un solo manager [Seppo Vesterinen], que estuvo con Hanoi Rocks y The Rasmus. Fue el único chabón que hizo algo por las bandas finlandesas. El resto es trabajo de hormiga, como hicimos nosotros. De a poquito, de a décadas. Y tuvimos nuestro momento, aunque no fue una aceptación directa. En el extranjero sí. En Suecia no nos hicimos grandes pero fuimos una de las bandas que pudo girar allá, y eso ya es mucho. En Bélgica, Francia, Alemania, Portugal, Suiza, Eslovenia, Croacia, Dinamarca, Noruega, Rusia, ahí nos conocen. Y en Brasil y Argentina, y espero que próximamente en Uruguay. Tengo mucha esperanza. A los uruguayos, a quienes fueron Chicos Eléctricos, les tengo muchísimo respeto. Marquitos [Marcos Motosierra] me recordaba a Los Mockers de los 60, y tenía razón. Espero que haya un público "culto" de rock & roll, porque Uruguay siempre tuvo buenas bandas. Y es una alegría poder compartir escenario con Motosierra, que es una referencia muy importante en Sudamérica.