Entrevistas

Bardo uruguayo

ENTREVISTA A FERNANDO CABRERA

La charla inicial versa sobre temas triviales y no tanto: el clima; el hábito de tomar café a pesar del calor; lo lindo que es el Bar Tasende; la nostalgia; El Prado, su viejo barrio, del que se mudó hace cuatro años. Ahora Cabrera vive en Ciudad Vieja y no le pesa el cambio. "Me adapto fácil", dice mientras hilvana otro tema, hasta que llega el mozo con el café, y hablamos en código de "entrevista".

29.11.2005

Lectura: 12'

2005-11-29T00:00:00
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El 3 de diciembre es tu último show del año...

Sí. Voy a tener algunas cosas más, no mías sino de invitado, porque estoy en plena zafra, me invitan todos a cantar dos o tres canciones. Pero como algo mío, sí, es el cierre de un año muy nutrido, y va a ser un concierto distinto. Con el correr del tiempo se van acumulando las canciones, y así como cuando empezaba me manejaba con un repertorio de 20 o 30, hoy tengo 180 temas. Entonces, cada vez que vas a organizar un recital, tenés la posibilidad de elegir...

¿Eso te da la libertad de ir fabricando distintos espectáculos?

Sí, y eso me gusta, porque los espectáculos son siempre distintos. Es algo a lo que mi público ya se acostumbró. Difícilmente veas dos recitales que se parezcan, siempre va a ser como ir a un concierto diferente.

¿Creés que eso contribuye a que hayas formado un público al que podés llamar "mi público", que sabés que siempre va a seguirte?

Pienso que sí, eso y otras razones. Tengo un público estable, que me acompaña desde hace mucho tiempo.

¿Esa estabilidad te permite experimentar cosas? ¿Podés decir "mi público me va a permitir ciertas salidas de línea"?

Creo que mi público espera eso, porque así lo acostumbré desde que empecé, desde hace casi 30 años. Eso me da una libertad bárbara. Siempre tuve un perfil experimental en mis actuaciones, y también en mis discos. Vas a encontrar que las canciones no se parecen entre sí, que no siguen el mismo género, el mismo estilo, la misma orquestación. Cada canción es un mundo.

Aparte la producción de un disco te llevará un buen tiempo...

Mucho tiempo, cada vez más. Mi último disco lo saqué hace tres años, y el siguiente va a ser el año que viene. Son cuatro años de separación, y en ese tiempo uno tiene distintos estados de ánimo, y por lógica, distintos estados compositivos.

Se habla de vos como una figura de culto, para un público reducido, ¿te sentís así?

Sí, me siento así. Pero creo que eso se debe a las características del material que hago, de mi música, de mis canciones. Lo que hago genera eso. Y no hay mucha más vuelta que darle, ni mucho análisis, es así, es una realidad. Lo que sí sucede, como contrapartida, es que el público va en aumento permanentemente. Cada año, cada presentación, siento que hay caras nuevas, que se agrega gente muy joven, y que los de siempre permanecen. Esa es una cosa muy agradable, me hace muy feliz.

¿Y te estimula?

Me estimula mucho, porque quiere decir que no tengo que recurrir a otras alternativas, a otras herramientas para conquistar público. Alcanza con que haga lo que hice siempre. Con un alto nivel de capricho, si querés, pero alcanza para tener una actividad permanente, de muchos años, mucho respeto, no sólo acá sino en otras partes. Más no puedo pedir.

¿Tu disco nuevo tiene nombre?

Estoy en eso... ése es el gran problema.

¿Te cuesta el tema de los títulos?

Horrible. Con "Viveza", por ejemplo, debo haber manejado 600 nombres. Me pongo nervioso, me preocupa, porque no es una pavada, el título es muy importante. En realidad tengo una idea de título, que gira en torno a la palabra "bardo".

¿Bardo? ¿Como el bardo de Astérix?

Claro, hay un doble significado. Está el origen de la palabra: en las antiguas civilizaciones, el bardo era el entretenedor, el poeta, el cantante, como en Astérix. Pero en el Río de la Plata, en los últimos años, la palabra cobró un significado del lunfardo, que quiere decir "exceso", "quilombo". El tema es que he estado preguntándole a mucha gente joven, y nadie sabe el significado original de la palabra. La gente piensa que solamente quiere decir "quilombo". Me gustaba jugar con el doble significado, pero el chiste se pierde si la gente no lo entiende.

¿Cómo definirías la esencia de este nuevo disco?

Es difícil expresar con palabras. Son las canciones que he compuesto en los últimos cuatro años, y son muchas. Se me han acumulado muchos temas, así que primero voy a tener que hacer un trabajo de selección. Todas las canciones son muy distintas entre sí. En definitiva, va a ser un disco parecido a todos los demás en eso: en que las canciones son muy diferentes. Pero no sé que más decirte. Tampoco empecé el proceso arreglístico, ver qué instrumento va a llevar cada canción, qué coros

¿Siempre le prestaste mucha atención al tema de los arreglos?

Sí, porque todo forma parte de lo mismo. Cuando escuchás en la radio una canción, la canción no es sólo la melodía cantada por el cantor y nada más. Hay todo un ropaje, al que la mayoría de la gente quizás no le presta atención, pero no quiere decir que no cumpla un rol muy fuerte en el impacto que produce esa música. Por ahí no te das cuenta si hay una trompeta, o si el baterista hace tal cuestión, o si el teclado mete un do sostenido... pero todos esos detalles sumados hacen a la cosa general, al impacto general.

Lo incorporás en algún nivel...

En algún nivel, inconscientemente, lo incorporás. Entonces hay que prestarle mucha atención, es un terreno muy espinoso. Uno puede perjudicar una canción buena con una versión o un arreglo malo, y un buen arreglo puede salvarle la vida a una canción floja.

¿Volvés sobre tus propios materiales? ¿Los escuchás?

No. Me irrita un poco, no es una cosa que me agrade. Por lo que he visto, es algo común. Siempre encontrás esa respuesta, todo el mundo contesta lo mismo, desde Chico Buarque hasta Mick Jagger. Porque cada vez que escucho algo me acuerdo de aquel defecto que nunca arreglé cosas que nadie se da cuenta, pero que uno sí. O decís "esa la canté más o menos", o la letra no está bien, y ahora estoy arrepentido y no la puedo cambiar más, porque el disco queda para siempre.

¿Hay temas tuyos que ahora te aburran, o que digas "por qué hice ese tema"?

Sí, seguro.

¿Y los seguís cantando igual?

No. No los canto nunca más. Algunos los he cambiado, les he hecho un trabajito, como si los mandara a un taller: les cambio un poco la letra o les corrijo algo que no me gusta. Pero los que francamente me parecen flojos, no los canto más. Nunca más. Hago de cuenta que no existen. Ahora, lo curioso es que, ante esa impresión mía, puede suceder que para algunas personas del público, por el contrario, ésa sea la canción que más les gusta y me la piden. Me la piden y yo me hago el distraído...

¿Les explicás?

No, no explico nada. Trato de decir "no traje la letra", "no me la acuerdo", "justo ésa hace tiempo que no la hago"...

¿Y qué te gusta escuchar?

No tengo la actitud que puede tener una persona normal, que no está en la profesión, que es escuchar por un acto de placer, de hedonismo, de disfrute. Estoy tan inmerso en la profesión, que todo el tiempo estoy escuchando una cantidad de cosas, analizando de manera inconsciente. Siempre estoy viendo cómo lo habría hecho yo, o si está bien o está mal. Con el tiempo uno pierde esa escucha más virgen, esa escucha del disfrute. Rara vez llego a mi casa y pongo un disco, como hace la mayoría de la gente.

Entonces, ¿qué otras cosas hacés?

Nada. Me gusta la nada, no hacer nada. No quiere decir que lo haga todo el tiempo, pero cuando puedo, recurro a la nada, porque me encanta, me equilibra. "Nada" puede ser mirar el cielo, tomar mate, limarme las uñas... no sé, leer una revista. Pero también, hago la aclaración, esa nada o ese ocio no es nada más ni nada menos que una herramienta. Porque en esos momentos de tranquilidad, de silencio, uno encuentra las mayores facilidades para elaborar una idea, para escribir una letra, para que se te ocurra una melodía. Por ejemplo, estás mirando la televisión, un programa chatarra, y justo la banda sonora, o la frase de una actriz, te gatilla una cosa que se puede convertir en una estrofa de una canción. Busco la nada con ese fin.

¿Cómo manejás tu rol como productor con tu labor como músico? ¿Hay conflictos?

No hay conflictos. Para mí es tremendamente estimulante, es una fuente de ideas trabajar en la música de otro. Porque sino, los que ya tenemos una carrera desarrollada, corremos el riesgo de empezar a ver el mundo musical sólo por nuestros ojos, por nuestros oídos. En cambio, cuando tengo que hacer un trabajo de producción para otro artista, eso me coloca en la posición de olvidarme un poco de mí, de cuáles serían mis gustos, mi perspectiva estética, para ponerme dentro de otro proyecto que ya existe y que ya tiene su personalidad. Me exige un desprendimiento, quizá hasta de mis propias opiniones. Por ejemplo, mi último trabajo fue con La Trampa, y tuve que meterme dentro de un grupo que ya tiene una personalidad muy definida, una trayectoria de muchos años, y que tiene muy claro lo que quiere hacer. Entonces, me integro a ellos como uno más de La Trampa. No es que se metió Fernando Cabrera a meter todas sus ideas y toda su escala de valores. Trato de ser funcional para ellos.

Llegás a vivir una doble personalidad...

Exacto. Y eso es tremendamente útil, porque me hace ver la vida desde otro lugar, cosa que no hacemos nunca. El ser humano rara vez hace eso: ver la vida desde el lugar de otro. Es tremendo, porque te da una apertura mental tan grande que inspira, porque ingresan a tu cabeza otra forma de hacer las cosas, otros sonidos, otra forma de tocar la guitarra, otra forma de cantar. A esto es a lo que voy: soy yo el beneficiado. Yo aporto, ellos están contentos, el disco quedó bárbaro. Pero lo que nadie ve, o no se dan cuenta, es que quizá el mayor beneficiado sea yo. Me llevo ideas, novedades, mi cabeza se refresca. Lo mismo con Liliana Herrero, y el año pasado con Once Tiros, con Dino, con La Tabaré, con Darnauchans.

¿Es cierto eso que cada vez tocás menos, pero mejor?

La primera mitad es cierta. Lo segundo, ojalá. Pero es cierto que los últimos años he hecho un proceso, como guitarrista, de economía de ideas, de notas, buscando un poco el rendimiento de lo esencial. Fijate que los guitarristas tienen la posibilidad de tocar muchas notas al mismo tiempo y eso hace que, por deformación natural, los guitarristas sean gente que toca mucho, que mete mucha información. Entonces empecé, de unos años a esta parte, a buscar una mayor simpleza, a lograr que una sola nota tenga el mismo rendimiento emotivo, el mismo shock emocional, que una sinfonía entera. Y es posible, porque nada impide que una sola nota a vos te toque, te emocione, o te guste tanto como diez mil. No es un tema de cantidad, es un tema de emoción.

También se han espaciado más tus discos...

Sí, pero eso responde a otras razones, que tienen más que ver con la edad. Cuando tenés 20, 25 años, tenés un impulso tremendo y querés mostrar y demostrar. Con los años te das cuenta que hacer mucho te da más posibilidades de equivocarte que hacer poco, es un tema estadístico. Al comienzo de mi carrera editaba prácticamente un disco por año. La década del 80 fue salvaje, creo que saqué ocho o nueve discos en 10 años. Hoy los veo y digo "caramba, si en vez de nueve hubiera sacado cuatro, seleccionando y grabando con más tiempo y detenimiento, hubiera ganado plata". No estaría, como ahora, arrepentido de una cantidad de cosas que las veo verdes, apuradas. Con el tiempo fui llegando a este ritmo, que me parece mucho más sensato, de sacar un disco cada dos o tres años, sin el apuro loco. Me acuerdo que Darnauchans me decía "¿quién te obliga a sacar un disco por año? ¿Hay alguna ley, alguna regla?". Son locuras de uno.

De esa primera época de Montresvideo , ¿hay cosas que rescatás hoy?

Sí, cómo no. Muchas cosas. Tengo un recuerdo muy lindo, tanto de Montresvideo, que fue mi primer grupo, como de Baldío. Ya son algo remoto, pero tengo una enorme simpatía por esa época de mi actividad, con virtudes y defectos, no importa. Hoy escucho ese disco, el de Montresvideo, con sus precariedades, en fin, y lo encuentro tan cercano, tan mío... no veo que haya una fisura, que diga "era otra persona". No. Y hay canciones de ese disco, como "Agua", "El loco", "María Helena", que las canto hoy, y parece que las hubiera compuesto ayer. Eso me gusta, ver que tempranamente, a los 21 o 22 años, ya estaba claro lo que iba a hacer. Es lindo ver que uno, ya de jovencito, no estaba balbuceando, tropezando, sino que ya estaba claro: ya era esto.

Montevideo Portal / Inés Nogueiras
inogueiras@montevideo.com.uy