Por María Noel Domínguez
manoeldominguez
En La bendición de Jonás, Diego Fischer vuelve a su territorio más característico: la crónica histórica que ilumina zonas relegadas de la memoria rioplatense. Esta vez se adentra en la tragedia del barco Ciudad de Asunción, ocurrido en 1963, un episodio sorprendentemente ausente del imaginario colectivo pese a ser —según recuerda— “la tragedia más importante del Río de la Plata”.
A partir de tres historias de vida que convergen en aquel naufragio, el autor construye un relato profundamente humano, donde el amor, la solidaridad, la fe, la duda, la música y la lucha por sobrevivir se entrelazan con una mirada histórica sobre un año que, para Fischer, marcó “el principio del fin de muchas cosas” en Uruguay y Argentina. Esta es parte de la entrevista que mantuvo con Montevideo Portal.
Contame del libro. Tiene muchas puntas, pero tres
historias de vida que se unen en una tragedia.
—Sí, y de manera absolutamente marcada por el destino. Dos de ellos iban a
viajar en Pluna a Buenos Aires ese mismo día y el aeropuerto estaba cerrado por
fenómenos climáticos. Todo eso los llevó a embarcarse en la Ciudad de Asunción.
¿La historia llegó a vos desde otro trabajo o por una
investigación previa?
—No. Había conocido esta historia hace cinco o seis años, conversando con mi
colega y amigo Mauricio Bernstein. Cuando me contó lo que pasó con sus padres,
me resultó tan impactante que la anoté en mi lista de futuros libros. Y el año
pasado decidí que era el momento: veníamos de un año político muy intenso, yo
había publicado un libro fuerte sobre historia reciente, y sentí que el público
estaba saturado del clima electoral. Esta era una historia profundamente
humana, necesaria.
La bendición de Jonás es una historia profundamente humana, no una novela: todo ocurrió
Me llamó mucho la atención no haber sabido nada de esto.
Es gravísimo, y sin embargo no estaba en el registro familiar o colectivo.
—Son esos misterios. En el prólogo ensayo una interpretación: el año 63 es el
principio del fin de muchas cosas. En Uruguay y Argentina comenzaba a
insinuarse una tragedia política y social. Los tupamaros inician sus acciones,
en Argentina asume Illia con debilidad política, el peronismo está proscripto,
surgen los primeros movimientos guerrilleros. Ese contexto, creo yo, hizo que
este naufragio cayese injustamente en el olvido.
Leyéndolo pensé: 1963 no es tan lejos. Pero viajar a
Buenos Aires era toda la noche, casi un ritual.
—Exacto. Era algo romántico. Yo hice ese viaje dos veces. Subías al barco a las
21, cenabas, dormías, desayunabas y bajabas a las 7. Hoy parece Titanic, pero
era la normalidad de aquel tiempo.
Había muchas familias que murieron allí. Muchos niños…
—Terrible. La hipotermia castigó principalmente a niños y personas mayores. La
historia de los niños es tan dura que opté por abordarla a través de un caso
concreto que aparece en el libro, acompañado de un acto heroico de un jugador
de fútbol.
La pareja que te acercó la historia me resultó
desgarradora, especialmente ella, embarazada de siete meses.
—Es una historia sublime de amor. El amor que lo da todo por el otro. El amor
que necesita sobrevivir porque afuera hay hijos esperándolos. Me alegra que te
haya conmovido, porque era la emoción que yo sentí al escribirlo. No es novela:
es real.
También aparece la dimensión de la fe en el libro.
—Sí. Y aparece la contradicción humana. El abate Pierre, por ejemplo, considerado
la “conciencia de Francia”, creador de Emaús, un hombre de enorme carisma…
también llega a dudar de Dios. Para un sacerdote eso implica un conflicto
interno gigantesco. Pero en esas circunstancias extremas, cada quien se aferra
a lo que puede.
La tercera historia, la del músico Amadeo Baldovino, es
encantadora.
—Es maravillosa. Toscanini lo descubre siendo adolescente. Le dice que nunca
había escuchado a alguien tocar Bach así. Y ese episodio lo une para siempre
con su violonchelo —un Stradivarius llamado Mara— del cual logramos reconstruir
el pedigrí completo desde que fue adquirido directamente a Stradivari en
Cremona. Esa historia podría ser un libro aparte.
Cada sobreviviente es una historia en sí misma
El capitán y Dodero son personajes fortísimos.
—Dodero merecería un libro propio. Un uruguayo brillante, que compró el mayor
imperio marítimo-fluvial de América, que estuvo muy cerca de Perón y Eva Perón,
que enviaba mensajes secretos a la Embajada de Estados Unidos… un personaje
fronterizo, fascinante.
También llama la atención cómo se manejaba la
información. Las familias enterándose por radio…
—Era otro mundo. Un jovencísimo Néber Araújo fue quien dio la noticia. Su
conducta ética, su profesionalismo, marcaron escuela. Trabajé con él, en esa
Radio Sarandí maravillosa de Jorge Nelson Mullins. Fue una marca a fuego.
Creo que el libro combina emoción y memoria histórica, y
rescata un hecho olvidado.
—Y también un mensaje: la lucha por la vida en circunstancias extremas. No
claudicar. No entregarse. Sobrevivir incluso en el horror.
¿Te vinculaste con familias sobrevivientes?
—Muchísimas. Ahora mismo voy a Trinidad a presentar el libro acompañando a una
sobreviviente que tenía 14 años cuando viajaba a festejar sus 15 con sus
padres, que murieron. Aparecen historias nuevas cada día.
El libro
Editorial Planeta
El 10 de julio de 1963, el Vapor de la Carrera Ciudad de Asunción zarpó del puerto de Montevideo con más de cuatrocientos pasajeros. Hacía días que un espeso manto de niebla cubría las capitales de ambas márgenes del Plata. El destino puso a bordo a un consagrado músico italiano que viajaba por el mundo con un Stradivarius, a un sacerdote francés mundialmente famoso por su trabajo con las personas que vivían en las calles de París, y a un joven matrimonio judío que esperaba su tercer hijo.
Basado en una profunda investigación periodística, La bendición de Jonás recrea la trágica madrugada del crudo invierno de 1963, en la que centenares de personas se enfrentaron a la disyuntiva de morir en el incendio que había estallado en el barco o intentar sobrevivir arrojándose a las gélidas aguas del Río de la Plata.
La bendición de Jonás es un apasionante relato que atrapa al lector desde el primer párrafo y que lo mantendrá en vilo hasta la última frase. Una historia real que el tiempo quiso olvidar, rescatada por la pluma de Diego Fischer.
Por María Noel Domínguez
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