Por The New York Times | Brooks Barnes

El segundo juicio de Harvey Weinstein por delitos sexuales comenzó el 24 de octubre en Los Ángeles. El estreno del filme “She Said” (Al descubierto), sobre la investigación periodística que precipitó su caída y contribuyó al despegue del movimiento #MeToo, está programado para el 18 de noviembre. Viola Davis, protagonista de la película “The Woman King” (La mujer rey), que se estrenó con impresionantes ventas de taquilla el mes pasado, dijo que pensó en el hombre que la agredió sexualmente para lograr su actuación visceral como líder de un grupo de mujeres guerreras africanas.

Esta convergencia nos recuerda en qué medida el movimiento #MeToo cimbró la estructura de Hollywood.

Contribuyó a una revolución de ajustes más extensos en la industria del entretenimiento en torno a la diversidad, la equidad y la inclusión en ambos lados de la cámara, para determinar quién hace las películas y sobre quién se hacen. Algunos activistas están convencidos de que los cambios positivos implementados en estudios y sets son permanentes. La tolerancia cero del acoso sexual y la discriminación en el lugar de trabajo es real.

Por desgracia, en meses recientes, la cultura empresarial de Hollywood ha comenzado a exhibir ciertos retrocesos sutiles.

Se les da más prioridad a algunos problemas nuevos, como los recortes de costos generalizados para sobrellevar los problemas de taquilla o las inminentes negociaciones de contratos sindicales que tienen inquietos a los productores por temor a que causen la suspensión de filmaciones. Por temor a las posibles repercusiones, las empresas de medios que hablaron con franqueza acerca de los movimientos #MeToo y Black Lives Matter han preferido guardarse sus opiniones en debates políticos más recientes de temas culturales.

Ejecutivos de diversidad, equidad e inclusión dicen estar fastidiados de las acciones constantes para reconstituir el enchufismo: las mujeres que recibieron contratos importantes y ganaron fama como ejemplos de éxito en una nueva era ven cómo las hacen a un lado, mientras que algunos de los hombres marginados tras ser acusados de mala conducta ahora vuelven a trabajar.

Si se les pide alguna declaración formal sobre su compromiso continuo con el cambio, los ejecutivos de Hollywood se niegan a decir algo o balbucean aterrorizados líneas como “seguir totalmente comprometidos” preparadas por los publicistas. En cambio, tras puertas cerradas, se escucha un discurso totalmente distinto. Algunos vuelven a emplear lenguaje sexista y racista. Es evidente que gran parte del fervor que había ha desaparecido.

Este artículo se basa en entrevistas con más de 20 líderes de la industria, desde altos ejecutivos de los estudios hasta agentes, activistas, comercializadores y productores, que hablaron a condición de permanecer en el anonimato para poder describir con toda sinceridad el estado actual del mundo del entretenimiento. Se trata de un grupo de edades y razas variadas, de distinto origen étnico y género.

“Durante tres años solo contratamos a mujeres y personas de color”, explicó un ejecutivo de alto nivel que, al igual que muchos líderes de esta industria, es un hombre blanco. Añadió que estaba convencido de que algunos de ellos no tenían la capacidad para hacer el trabajo que se les dio.

En conversaciones sigilosas durante una comida en el restaurante Toscana Brentwood y cocteles en el hotel San Vicente Inn, algunos productores y agentes poderosos han comenzado a cuestionar la viabilidad comercial de los programas y las películas que le dan prioridad a la inclusión.

Citan las terribles ventas de taquilla de filmes como “Bros”, la primera comedia romántica homosexual de un estudio importante, e “Easter Sunday”, comedia promovida como un hito para la representación de los filipinos. “Ms. Marvel”, una serie de Disney+ adorada por la crítica cuya heroína es una adolescente musulmana, tuvo una audiencia reducida, según las mediciones de Nielsen.

“Lo que ocurrió fue que nos pasamos con la corrección”, señaló el director de un estudio.

En otro estudio importante, un ejecutivo de alto rango del equipo de producción citó como un punto de inflexión la implosión de Time’s Up, la organización contra el acoso fundada por mujeres influyentes de Hollywood. “Por un tiempo, todos vivimos en un ambiente de temor absoluto”, dijo. “El temor todavía está ahí, pero ya no es tan intenso. Hay más espacio para los tonos grises y para dar el beneficio de la duda, además de un poco de vergüenza por los juicios apresurados observados en la cúspide del movimiento #MeToo.”

¿Será como un péndulo que se balancea de regreso a sus malos hábitos?

“Se han logrado avances asombrosos que no van a desaparecer y que no deberían subestimarse ni ignorarse”, afirmó Amy Baer, productora, antigua ejecutiva de un estudio y presidenta del consejo de la organización de defensa Women in Film. “Pero sí hay fatiga. Es difícil mantener el ímpetu”.

Las empresas de entretenimiento no se desharán de las estrictas políticas contra el acoso sexual elaboradas en años recientes, en parte porque a los consejeros les preocupa que los accionistas presenten demandas. La Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas reafirmó hace poco el compromiso con su campaña de diversificación. A pesar de varios años de actividades con el propósito de invitar a mujeres y personas de color a integrarse, el 66 por ciento de los integrantes de la academia son varones y el 81 por ciento son blancos.

Los estudios todavía apoyan la selección inclusiva de elencos, en especial Disney, que se prepara para el lanzamiento de “La sirenita” con actores de carne y hueso y una actriz negra en el papel principal y tiene en producción una película de “Blanca Nieves” con una protagonista latina.

No obstante, vivimos un momento desconcertante, en opinión de Sarah Ann Masse, actriz que aparece en “She Said” (basada en un libro de las periodistas de The New York Times Jodi Kantor y Megan Twohey) y participa en dos comités para la prevención del acoso sexual del omnipotente sindicato de actores SAG-AFTRA. En 2017, Masse acusó a Weinstein de atacarla sexualmente en 2008. Weinstein ha negado cualquier conducta indebida.

“No me chupo el dedo; no creo que un sistema injusto e incluso tiránico en muchas instancias (sí, todavía es así) vaya a cambiar de un día para otro”, afirmó Masse. “Al mismo tiempo, es de lo más frustrante. Quienes están en el nivel más alto de la cadena alimenticia, en particular, parecen haberse distraído con otros problemas nuevos”.

En agosto, Warner Bros. Discovery suspendió indefinidamente “Batgirl”, una película casi terminada con una protagonista latina y una actriz transgénero en un papel de reparto, escrita por una mujer, producida por mujeres y dirigida por dos hombres musulmanes. Warner Bros. Discovery nunca dio una explicación pública de esta decisión, pero sí dio a entender que le parecía que a “Batgirl” le faltaba creatividad.

Dan Lin, productor de “Aladdin” (2019) y “The Lego Movie”, es una de las personas que sacaron otras conclusiones.

“La óptica ya no es lo más importante”, explicó Lin. “Se aproxima una recesión y hay poco presupuesto, así que me preocupa mucho la posibilidad de que lo primero que desaparezca sea la diversidad”.

La semana pasada, Warner Bros. Television, entre otros recortes de costos, suspendió programas de “voces nuevas” para escritores y directores emergentes, decisión que provocó una reacción vehemente del Sindicato de Directores de Estados Unidos (DGA, por su sigla en inglés). “El DGA no se va a quedar de brazos cruzados si ve que WB/Discovery pretende dar marcha atrás a décadas de progreso para las mujeres y los directores de color”, aseveró el sindicato en un comunicado.

Warner Bros. Discovery no tardó más de un día en aclarar que, si bien se darían por terminados los programas de “nuevas voces”, ya tenía planeado ampliar la iniciativa de programas de búsqueda de talento en su departamento de diversidad, equidad e inclusión. Ya no hay una prohibición general de contratar a los hombres acusados de mala conducta. Johnny Depp dirige una película tras obtener un resultado positivo, en general, en el caso que interpuso ante tribunales su exesposa, la actriz Amber Heard, por violencia sexual y doméstica. John Lasseter, el titán de la animación en Disney y Pixar, sufrió en 2018 una avalancha de críticas por su comportamiento y abrazos no deseados, y pidió disculpas si sus “traspiés” les habían parecido una “falta de respeto” o habían “incomodado” a algunos miembros del personal. Ahora realiza películas de gran presupuesto para Apple TV+. La carrera actoral de James Franco implosionó en 2018 cuando se revelaron algunas acusaciones de conducta sexual indebida. Cuatro años más tarde, después de haber llegado a un acuerdo por 2,2 millones de dólares y sin haber admitido ninguna acción indebida, tiene previsto participar por lo menos en tres películas.

Además, los estudios han empezado a asumir más riesgos con el contenido; por ejemplo, han respaldado libretos que habrían considerado radioactivos en 2018, en la cúspide del movimiento #MeToo, o en 2020, cuando Black Lives Matter era uno de los temas principales de la cultura.

Algunos ejemplos son “Blonde”, el largometraje de Netflix sobre Marilyn Monroe que ha sido criticado con adjetivos como misógino y explotador (aparece un feto abortado que habla). Paramount Pictures está preparando una comedia musical con actores sobre las indemnizaciones por la trata de esclavos; la idea original fue de Trey Parker y Matt Stone, creativos carentes de corrección política responsables de “South Park” y “The Book of Mormon”.

Dos programas de telerrealidad que documentaban y honraban el trabajo policial, “Cops” y “Live PD”, y que se cancelaron tras el asesinato de George Floyd en custodia de la policía, comenzaron a transmitirse de nuevo. “Cops” ahora está incluido en las opciones de Fox Nation, servicio de emisión en continuo de Fox News, y “On Patrol: Live”, una copia apenas disfrazada de “Live PD”, se estrenó en el verano en la red de cable Reelz.

Al mismo tiempo, algunas películas y programas que abiertamente son escaparates para la diversidad y la inclusión han batallado en el mercado o no han logrado despegar. La conclusión, al menos para algunos agentes y ejecutivos de los estudios: “Lo intentamos, pero estos proyectos ‘woke’ no funcionan”. El movimiento #MeToo propició una mayor diversidad y representación en la industria del entretenimiento, pero ahora se teme que haya comenzado a presentar retrocesos. (Mary Haasdyk/The New York Times)