Entrevistas
El oficio más viejo del mundo

Conversamos con Julián Marchante, hacedor de canciones

Conversamos con Julián Marchante, “hacedor de canciones”, que este fin de semana se presenta en Montevideo.
06.10.2016 15:22
2016-10-06T15:22:00

Era un adolescente cuando ponía la voz en Los Roques, un grupo de rock urgente nacido del barrio, y tenía 19 años cuando grabó su disco debut (La casa de las plantas y el tiempo, MMG, 2008), toda una proeza en esta escena gerontocultural. A los 21 descubrió que lo que tenía para decir ya no entraba en la banda, y se fue a España a buscar un qué. Allí se encontró con lo que para él es un oficio: el de hacedor de canciones.

Su oficio le permitió, desde entonces, moverse primero con tibieza de intruso en los bajos fondos de la península, y luego asentarse, con guitarra y todo, del otro lado del Plata, ahí en La Paternal, que a veces le trae nostalgias de su barrio de gurí, un Malvín sin rejas, de vecinas en la puerta.

Julián Marchante hace canciones. No importa la influencia del momento, ni lo que suene, o no, en su cabeza cuando está componiendo. Esas canciones sonarán más o menos a Calamaro (a los dos), más o menos a Nacho Vegas, más o menos a Gustavo Pena, pero más que más a sí mismo. Canciones transparentes, frágiles y amables, como la voz que, desde el otro lado del teléfono, dice que, si los que se dedican a ese oficio no son capaces de hacer una crónica de lo que está pasando, no son buenos en lo que hacen.


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Tus discos tienen una fisonomía propia, más allá de las diferencias, pero no se parecen a lo que hacías en Los Roques.

Es que esa fue una linda etapa que pasó. Éramos chicos. Entramos al estudio a grabar el disco, y yo tenía 19 años. Después me fui a España, donde al principio estuve sin querer tocar mucho. Estaba con un proceso interno grande, que implicaba también guardarme un poco, y no quería presentarme mucho en vivo en esa etapa.

¿Qué fuiste a hacer?

Fueron varias cosas. Tenía como esa ansiedad. Nosotros, mal o bien, venimos todos de familias de emigrantes. Parece una cosa ahí medio genética, que se lleva en la sangre. Y tenía esa ansiedad grande de moverme y conocer un poquito más, más allá de Uruguay. Y los viajes derivaron en que, hace casi cuatro años, me vine a vivir a Buenos Aires.

¿Qué te llevó a Buenos Aires, que es tan cerca de Montevideo, pero no es Montevideo?

Es muy fuerte. Yo me enamoré del sur de España, con la cultura gitana, el flamenco y todo lo demás, pero en Buenos Aires, culturalmente somos muy parecidos, y me siento en casa.

¿Qué te robaste de España?

De todo. Mi amigo Gastón, de 4 Pesos de Propina, que estuvieron de gira por allá, me decía que veía Julianes por todos lados. Robé sobre todo de la cultura de los gitanos. Si bien yo no aplico mucha música flamenca en lo que hago, he robado bastante de ahí. De ese ambiente. Hay una cultura muy linda.

¿Y qué te impulsó a hacer una carrera solista, proviniendo de una banda, que tiene otra dinámica? ¿Te habías quemado con leche?

No, no se trató de una situación vincular. Con Los Roques éramos la vieja y querida banda de amigos, y con ellos no tuve mayores percances. Pero empecé en un momento de mi vida donde componía y me daba cuenta de que esas canciones no eran para una banda. No las hubiera podido compartir con mis amigos. Uno, cuando compone, teniendo una banda, tiene que tener en cuenta las inquietudes, las necesidades de sus compañeros. Y en ese momento yo estaba dejando de escribir para una banda, y estaba haciendo otra cosa, por ahí más íntima, más personal. La identificación con el proyecto solista llevó su tiempo. Asumir que ese era mi oficio. Yo soy hacedor, artesano de canciones. Llamalo como quieras. El término cantautor no me gusta...

¿Por qué?

Porque no me cierra. Me hace acordar a compositores de canciones de otra época...

¿A Serrat?

Sí. Ojo que Serrat es un tipo sumamente admirado. Pero nosotros tenemos que hacer una búsqueda nueva. Hay algo en la palabra que no me cierra. No sé si soy cantautor. Yo hago canciones. Nosotros laburamos mucho con la comunicación. Cada vez creo más en que hay una cosa que tiene que ver con lo emocional, que es lo que nosotros trabajamos, y sucede en vivo, y va mucho más allá de lo musical, de lo que uno escriba. Pasa por tratar de interpretar el momento, y compartir desde la emoción. Laburamos mucho con la emoción y la comunicación. Más que con la música.

Viste que se dice que cada época tiene una música que la representa, que el rock directo, por ejemplo, tiene más andamiento cuando hay una crisis, y que hay un tiempo para una cosa más reflexiva. ¿Tiene que ver eso con lo que decís sobre la forma de comunicar?

Por un lado tiene que ver con el desarrollo del oficio. Hace 14, 15 años que ejerzo este oficio, y con los añosalgunas cosas, poquitas, he ido aprendiendo. Y una de las cosas que he ido observando es cómo funciona el diálogo cuando uno está tocando. Y una de las reflexiones que me surgen es que la cosa se da en el momento. La música es en vivo y hay caras, y vos te das cuenta cuando estás tocando. De repente le ves los ojos a uno y te das cuenta de que algo estás haciendo bien.

Dijiste la palabra oficio varias veces, que no es lo primero que se piensa en relación a los artistas. Muchos opinan que los artistas responden a una fuerza, una sensibilidad extrema...

En mi opinión, nosotros no tenemos nada que ver con ninguna fuerza del más allá, ni somos un canal de nada. Somos trabajadores que trabajan con la parte emocional. Somos recontra laburantes. Lo digo por mí y por mis pares conocidos. Ahora, si nosotros, los que nos dedicamos a la canción, no somos capaces de hacer una crónica, de representar el momento que estamos viviendo, no somos buenos en lo que hacemos.

¿Por dónde va tu búsqueda ahora, qué estás buscando, de qué te nutrís?

Ahora me nutro de cosas no musicales. Casi no estoy escuchando música. Hace como seis meses que no consumo música. Leo un poco, veo crónicamente cada noche El Padrino, que pongo antes de irme a dormir y veo alguna escena. No estoy escuchando nada en particular para nutrirme. Me nutro de cosas que no son musicales, como ir a ver una obra de teatro, o compartir la realidad con mis amigos, que ya nos toca bastante espesa.

¿Estás peleado con la música?

No, no estoy peleado para nada. Hay un montón de cosas que me llaman la atención. Pero laburo en eso. Imaginate para un dentista, llegar a su casa y tener que arreglarle los dientes a su mujer. Le meto un montón de horas por día, al disco que estamos haciendo para principios del año que viene, más los ensayos, y de alguna manera uno, a veces, extraña el silencio.

Todos tus discos son independientes, y están disponibles en la web. ¿Lo hacés por comodidad o es una decisión política?

Creo que hoy día es el camino que nos toca. Se me da naturalmente. Desde que empecé a laburar solo publico los discos gratuitamente en la web. Soy un tipo muy pirata, muy amigo de la piratería, y me parece que está bueno que podamos brindar el material en una calidad que nos interese compartir.

¿Cómo estás en Buenos Aires? ¿Te movés en el terreno de lo emergente o pudiste subir un escaloncito?

No. Nosotros somos y seremos defensores del under. Me parece que es el lugar que me toca. Si mañana viene hacer algo más grande, bienvenido. A veces voy a tocar a algún lugar y veo algunas boquitas cantando, que se saben los temas, y eso es bastante fuerte, pero al margen de eso me manejo en los centros culturales de acá, que hay una movida muy grande.

El formato solista te lo facilita...

Exactamente. Acá el panorama de centros culturales es muy lindo, he aprendido a manifestarme y tocar en espacios reducidos. Antes me daba pánico la cercanía con la gente que estaba escuchando, y prefería la distancia. Ahora es al revés, necesito estar ahí cerca.

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Julián Marchante se presenta este viernes 7 de octubre, desde las 21:00, en El Living (Juan Paullier 1050, con Mariana Lucía como artista invitada) y el sábado 8 de octubre, desde las 22:00, en Brecha Bar y Café (Canelones 1259, con Por Ahora y Matías Rodríguez). Ambas presentaciones son con entrada libre.

 

Jorge Costigliolo | Montevideo Portal
jcostigliolo@montevideo.com.uy