Dice que lleva varios años "limpia" y que, por eso, tiene la obligación de transmitir "el mensaje". Así y todo, no quiere hablar mucho del tema, porque "después dicen cualquier cosa". Quizás tenga razón, y en esta feria garpe más el morbo que un puñado de buenas canciones.

Como las de Superamor, por ejemplo, un disco que dice es "hermoso" sin sonrojarse. El último trabajo de Fabiana Cantilo es fresco, espontáneo, profundo. Y es también el primero en que hizo lo que quiso, como quiso y cuando quiso, y en el que lo único que tuvo que resignar fue dinero.

No es fácil, más allá de gustos, matices y antipatías, elegir la voz masculina del rock argentino de los últimos 50 años. Sandro, Moris, Charly García, Spinetta, Luca Prodan, Cerati, el Indio Solari. Sin embargo, cuando se trata da escoger la gran marca femenina, no hay dudas. Fabiana Cantilo ha sido capaz de aullar sin gritar, y cuanto tiene que aterciopelar la voz no canta: ronronea.

Fabiana Cantilo es, a su modo, una sobreviviente. No solo salió, dice, golpeada pero entera de tres décadas atravesadas por el exceso, sino que resistió, con más entereza que varios de sus colegas varones, el asedio caníbal de la industria musical y la crónica roja.

Y es, además, una artista del carajo. Acompañó a Charly García, Fito Páez y Los Twist en sus mejores momentos, pero también construyó una obra tan sólida como subvalorada. Desde el inquietante Detectives (1985), al doble homenaje al rock argentino de Inconsciente colectivo (2005) y En la vereda del sol (2009); del exitoso Algo mejor (1991), al inadvertido Información celeste (2002). Ahora le toca defender Superamor, un trabajo amable y delicado producido codo a codo con Lisandro Aristimuño y financiado por Fabiana Cantilo, a puro pulmón y ganas.

"Soy una sobreviviente", dice, y está muy bien.

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Sos una superviviente del rock, ¿Cómo se vive eso?

Se vive como la vida misma. La gente se va muriendo, no solo los artistas de rock. Se van muriendo porque así es la vida, y algunos quedamos y otros se van. Si supiera eso creo que estaría en otro plano, y tendría alas.

¿Lo tomás como una responsabilidad o no lo planteás en esos términos?

Es triste que se mueran grandes artistas, maravillosos, como los que se han muerto. Es un horror. Cuando se murió Spinetta no pude hablar por una semana. Y los demás eran todos amigos míos, conocidos. Es un bajón. Y también se ha muerto otra gente, como mi gatita, que se murió el mes pasado y la lloré un montón. La vida es así. Pero no vamos quedando pocos, porque van saliendo nuevos talentos. No sé. No estoy pensando en eso todo el tiempo, porque soy bastante casera. No tengo ningún vicio. No tengo más. Mi vida es muy tranquila, no salgo, me quedo en casa, hago mis cosas diarias. Y voy de mi casa al trabajo, a los ensayos, al gimnasio. Sé de algunos movimientos, pero ya no estoy "en la noche".

¿Cambió tu forma de ser artista el dejar de "estar en la noche", tu manera de componer, de relacionarte con el medio?

La composición no tiene nada que ver con el medio, nunca tuvo que ver. En general hablo de mis cosas y de mi visión del mundo. Y me ayudó un montón dejar de estar en el medio, porque como no salgo de noche y no hablo tengo la voz mucho mejor. No me parece que sea algo beneficioso la salida de noche, la droga, todo eso me parece una mierda. Y es mi responsabilidad decirlo ya que soy una persona conocida y que estoy viva, gracias a que estoy limpia. Mi responsabilidad, en este momento, es pasar ese mensaje de fe, esperanza, salud. Como sobreviviente, como me dijiste antes.

¿Esa actitud se lleva bien con el rock and roll? Pienso en gente como Jimi Hendrix, Kurt Cobain o los Rolling Stones, que mostraron que el rock podía ser una cosa peligrosa...


Ya no más. Los que están, están todos rehabilitados. Yo y un par que no puedo nombrar, y los Oasis, Aerosmith, BB King, que se murió de viejo, Eric Clapton, Sting, un montón de gente que está en otra. Ya fue el rockero drogado. Es un opio. Igual, cada uno es libre de hacer lo que quiera. Pero se puede vivir perfectamente limpio y tranquilo, y das unos shows muchísimo mejores, sos una persona que se sabe dónde va a estar al otro día, y eso para un productor es muy importante (risas). A mí no me tienen que correr más. Estoy donde estoy, cumplo con mis horarios, me encanta, estoy muy feliz con eso, y hago un montón de cosas más que no hacía antes. Me ocupo muchísimo de mí, de mi cuerpo. Estoy con más salud, ¿Se entiende? Además, soy re amiga de todo el rock and roll y los quiero mucho. Y me quieren mucho todos, porque toqué con todos, y tengo muy buena relación, especialmente ahora que estoy limpia, porque no les rompo tanto las pelotas.

Dijiste que Superamor es un álbum que querés mucho...

Amo a todos mis álbumes como si fueran hijos. Siempre hice lo que me gustó en todos los discos. Tuve peleas con las discográficas que querían que hiciera una cosa cuando yo quería hacer otra y había que negociar. Siempre resaltó el pop, que era lo que querían mostrar de mí. Ahora se terminó un contrato y me tiré el lance, y me salió bien, de hacer mi primer disco independiente, donde me tomé todo el tiempo que quise con Lisandro Aristimuño, que es el productor. Es un disco relajado en el que hice lo que quise. No fue pensando en qué vende y qué no vende. Para mí el arte y la música son sagrados, y no voy a lucrar con eso. Yo gano de los shows en vivo.

¿Fue la primera vez que tuviste control total sobre un disco?

No. La tercera. Grabé tres discos en los que hice lo que quise. ¿De qué se ríen? (1998), que casi me peleo con todos porque querían que siguiera haciendo temas de los demás, y es un disco que tiene todas canciones mías. Estoy muy orgullosa de eso, aunque en ese momento me quería matar. Después hice Información Celeste (2002), donde está lo que me gustaba a mí. Invito a todos a que los escuchen en Spotify. Y el tercero en el que hice lo que quise es Superamor. En los demás no es que no hice lo que quise, pero es normal que, de la discográfica, te digan "poneme un rock and roll, otra cosa". Y no es que hice una cosa que no me gustaba, pero ellos cuidan su negocio, y yo tuve que cuidar mi relación con ellos para que no me freezaran. No es una cosa que ah, jaja, qué risa. No es tan divertido.

Ahora es tu dinero, tu negocio. ¿Cómo te ves en ese rol?

Me encanta. Soy muy feliz y estoy muy tranquila. No sé si alguna vez voy a volver a necesitar de una compañía. Ponele que me quede sin plata, que no tengo mucha, aunque la gente piense que soy millonaria. No tengo helicópteros y yates. Me siento muy bien.
Vamos a ir ahora al Conrad a hacer un show acústico. Suena divino todo. Me escucho muy bien la voz. A mí no me gusta la música fuerte, aunque todos piensen lo contrario. Mis años de rock and roll y de aturdir ya fueron. Ahora me gusta escuchar mi hermosa vocecita que Dios me dio y tengo que cuidar un montón.

¿Renegás de tus años de rock and roll?

No, no reniego. Me hubiera gustado estar un poquito más tranquila en algunas cosas, pero lo que fue, fue. La verdad que no. Lo que hice me puso en el lugar que estoy ahora. No creo en eso de quejarse de lo que pasó porque es un plomo y te hace mal. Me siento muy orgullosa de haber estado en Los Twist, de haber tocado con Charly García, de haber sido pareja de Fito Páez y de arreglar temas de él. Hice lo que hice y está buenísimo, y de golpe soy como un personaje del rock nacional por permanencia. ¡Dénme un premio por permanencia! (risas).

Pero tu obra es de gran calidad, más allá de la permanencia. ¿Por qué estás relegada? ¿Por ser mujer?

No. Hice mucho lío. Muchos productores no me contrataron con toda razón. Si uno hace lío, se banca. Calavera no chilla.

Artistas varones han hecho más lío que vos y sin embargo los siguieron contratando...

Sí, qué sé yo. Es su problema. Vamos a ver cómo llegan a viejos...

Nunca te tiraste desde la ventana de un hotel, por ejemplo...

La verdad que no (risas). No lo haría nunca. Además, tengo vértigo.

 

Fabiana Cantilo se presenta el sábado 13 de agosto en La Trastienda Club de Montevideo.