Los carnavaleros y los más enterados saben que Edú “Pitufo” Lombardo es sinónimo de calidad y primeros premios. Los que no son del palo murguero reconocerán en él a un músico versátil, un arreglador de buen gusto, un compositor inspirado. Sus colegas encuentran en Lombardo a un profesional talentoso, comprometido y meticuloso hasta la obsesión. La historia, esa parte de la historia que puede armarse no sin paciencia y de a pedazos, llega ahora, ordenada y aumentada, en un libro firmado por Fabián Cardozo (Bien de al lado: vida y música de Edú “Pitufo” Lombardo, Fin de Siglo, 2014), en el que Pitufo también trabajó aportando memoria, y que, dice, no lo condena al bronce.

Entre un libro en el que participan decenas de artistas y un espectáculo en el que el músico comparece ante el respetable “más solo que el uno” transcurre, sin paradojas, el presente de Edú Pitufo Lombardo.

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¿Leíste el libro antes de que saliera o fue una novedad para vos?

No lo leí antes de que saliera. Leí mis partes para corregir algunas cosas, porque después de la desgrabación ameritaba una revisión. Hay mucha participación de los colegas. Yo he participado en muchos proyectos artísticos con diferentes músicos. Hay más de quince entrevistas que hizo Fabián Cardozo, y no las quise leer hasta que no saliera el libro, del que estoy sumamente conforme.


¿Te reconociste en el libro?

Sí, sí. Me encontré con algunas cosas que no recordaba, que volvieron a mi memoria. Pasajes por experiencias artísticas que me trajeron recuerdos, me movilizaron mucho. La idea era no olvidarme de nada y ser muy minucioso, como lo fue Fabián, con fechas, nombres... Me encontré con muchas cosas lindas, experiencias de muchos años atrás. Creo que muchos colegas, muchos amigos han sido grandes maestros para mí y han tenido mucha generosidad para conmigo, no solo por el hecho de invitarme, de convidarme a grabar un disco, a tocar en vivo con ellos, sino por dejarme estar metido dentro de un proyecto de cantautor y acompañarlos, estar por dentro de sus canciones, de sus creaciones, de sus formas de escribir, de componer. Y de su mirada.

Una canción es como una casa...

Sí, es entrar en la vida de esa persona. Yo recibí mucho aprendizaje. En esto de la canción, de componer, soy un tipo muy nuevo. Hace nada más que siete años que saqué mi primer disco. Y hacer este recorrido de recuerdos fue muy lindo para mí. Y aparece mucha, mucha gente. Amigos, colegas. Hay una parte muy importante de la música popular uruguaya en este libro.

Foto: Montevideo Portal l Marcos Sánchez

¿Te sentiste un poco de bronce cuando te propusieron hacer el libro?

Tuve como dos sensaciones. Cuando me vino el libro armado, terminado, ‘Vida y música de Edú Lombardo’, me sentí un poco raro. Pero por otro lado me dio una sensación de satisfacción, porque mucha gente me conoce por mi trabajo en el Carnaval, que es más masivo y está como más subrayado. Y que la otra parte, de percusionista, o más reciente, de cantautor, capaz que no se conoce tanto. Y me parece que está bueno que eso esté en el libro. Me puse a revisar y descubrí que grabé más de 150 discos con diferentes colegas, acompañando a muchísima gente. Me gusta que la gente sepa eso también.


¿Y ahora pesa haber sido biografiado, tener un libro? ¿Te hace repensar tu papel en la música popular?

No, no me cambia. Yo me tomo mi profesión como algo para compartir. Hay muchas cosas para decir, y también la tomo como un aprendizaje. He tenido la suerte, desde muy niño, de encontrarme con gente muy valiosa dentro del arte, de la música, con la que me seguí reencontrando. El poder seguir conociendo gente, músicos, artistas, de otra época y nuevos, está bueno, y no me cambia en nada. Sí me preocupo a la hora de montar un espectáculo, o grabar un disco, de hacerlo con todo lo que tengo, ponerle todo. Pero no me modifica. Me halaga que lo hayan hecho, que hayan participado muchos amigos, me halaga que la gente pueda ver cosas que de repente no sabía.

Al empezar tan chico y en ese momento histórico, a principios de los ochenta, te tocó jugar de enganche entre dos generaciones pesadas...

Y... empecé a tocar profesionalmente en la década del ochenta. Mi niñez, mis barrios y mi familia han sido muy importantes en mi carrera. Mis padres me llevaron al Carnaval, y la música siempre ha estado conmigo, siempre estuvo presente. En mi casa se escuchaba mucha música, mi vieja cantaba, le gustaba cantar. ¡Y el barrio! La Comercial era un barrio muy carnavalero, y después, en Sayago, se me abrió un mundo increíble, en otro contexto social, político, cultural. A partir de ahí conocí a artistas que veía cuando niño. Había una data, una información de ver mucha gente. A Dino, a Fernando Cabrera, a Jaime Roos, Canciones para no dormir la siesta, Rumbo y Ruben Olivera...

Que por ese entonces podían ser tipos comunes pero que resultaron ser los que escribieron buena parte de la música popular uruguaya.

Claro, y ese material nos fue llegando a los gurises del barrio. Los vimos actuar en vivo y con El Firulete, que después fue Contrafarsa, compartimos escenario. Ya desde ahí entré en relación con muchísimos artistas y toqué con Los que Iban Cantando, Ubal, Mariana Ingold, participé en la banda de Jaime, toqué con Hugo y Osvaldo Fattorusso, Jorge Drexler... Eso me abrió unas puertas increíbles. Pero pasa que con muchos de ellos me vuelvo a encontrar a lo largo de mi carrera y sigue nuestra relación, profesional y de amistad.


¿Cuándo sentiste la necesidad de largarte a componer, de empezar un proyecto propio, y dónde vas a buscar la inspiración cuando no te la da el Carnaval?

Creo que hubo un espectáculo bisagra en mi vida, que fue Murga Madre, y por el que le agradezco a Pinocho Routin, que me invitó a escribir las músicas y a trabajar con él. Me parece que desde ahí, más allá de la murga del título de la obra, las canciones no están solamente inclinadas al género murguero, sino que se abre el espectro, y para mí también se abrió una puerta nueva. Ese es el puntapié inicial para investigar, zambullirme en otras aguas.

Foto: Montevideo Portal l Marcos Sánchez


¿Y qué estabas buscando?

En Murga Madre hay temas murgueros, pero también una combinación de géneros que conviven. Me pareció que la obra necesitaba, musicalmente, abrir el espectro musical.

¿Qué es la murga hoy? ¿No hay una resignificación y también una nueva combinación de géneros? ¿Qué lugar ocupa la murga en la cultura, y qué es para ustedes, los tipos que hacen murga?

La murga es un género muy potente. A lo largo de los años ha transmitido el género a diferentes generaciones y en diferentes barrios de Montevideo, distintas poblaciones. Por otro lado, creo que, en sus contenidos, es un gran libro de historia. Uno va a la murga y sabe lo que estaba pasando en el país en diferentes temáticas a lo largo de los años. Y reúne muchas áreas, muchas disciplinas, actuación, baile, humor, tiene un coro polifónico. Y es popular. Y no hay una escuela. Es más intuitiva, más del sentir y de la comunicación de generación en generación. El niño que va al ensayo y se contagia. Después se perfecciona, va estudiar, aprende algún instrumento y lo desarrolla, sí, pero tuvo esa vivencia. Creo que la murga ha cumplido un rol importante en todas las épocas. Se ha modificado y se seguirá modificando porque la mirada de los que la hacen en determinado momento es particular.

¿Cuánto hay que respetar a la murga?

Creo que hay que respetarla siempre. Me parece que antes de romper las reglas hay que conocerlas. Tenemos que darnos cuenta de que, antes que nosotros, a la murga la hicieron otras personas. Pero también está bueno poner la mirada en las nuevas generaciones. Los tiempos cambian, y uno se tiene que adaptar.

¿El concurso sigue siendo el gran patrón de calidad y el motor para la salida de murgas?

El que hace murga y está en el Carnaval lo hace porque realmente le gusta, tiene una pasión por el género. El Carnaval es una fiesta popular muy importante y muy linda de vivir. Cuando uno hace murga y quiere hacer tablados, el único vehículo que hay es el concurso. Creo que con el correr de los años, así como sucede en Cádiz, habrá un Carnaval de concurso, como en el Teatro Falla, pero también un Carnaval de la calle, que en nuestro caso son los tablados. Creo que se da más importancia al concurso que al Carnaval en los barrios, y eso hay que cuidarlo. Se hace una fuerza para que haya tablados populares en los barrios, pero a veces no se pueden sostener, y me parece que hay que poner un poco de atención en eso. Equilibrar.

Compusiste hits murgueros, ganaste todos los premios del Carnaval, tocaste en todo el mundo y tocaste con los músicos más importantes del Uruguay... ¿Qué te queda por hacer?

Seguir tocando y aprendiendo. Mi recorrido es el de seguir haciendo cosas. No siento que sea una carrera, sino que el fin primordial de todo esto es hacer lo que me gusta, vivir de ello y poder compartirlo. Es una bendición compartir mi música con la gente.

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Fan


Fabián Cardozo l Foto: Cortesía Fabián Cardozo

A Fabián Cardozo le ha tocado pararse frente a la cámara de TV o sentarse ante el micrófono en la radio, tuvo que perseguir presidentes por distintos rincones de América y confirmar rumores escuchados en el pedregullo del Ramón Collazo, no necesariamente en ese orden. Sin embargo, este es su primer libro y es sobre uno de los íconos del Carnaval y la canción murguera, una de sus pasiones más hondas.


¿Cómo fue el proceso para escribir el libro? ¿Cómo resolviste el formato final?

Surgió en una sorpresiva propuesta que recibí una mañana de febrero desde la Editorial Fin de Siglo. A partir de allí nos contactamos con Edú, que estaba comenzando una gira por Europa, y recién pudimos comenzar a trabajar en abril. Varias mañanas compartidas en su casa en El Pinar, algunas en el bar Las Flores de Bulevar Artigas y Garibaldi en Montevideo, infinidad de llamadas telefónicas, correos electrónicos y mensajes de texto.
Privilegié su relato en primera persona con preguntas que van surgiendo y llevando al lector por su vasta carrera y vida personal. Además tuve el placer de que gran parte de los artistas que lo acompañaron o invitaron a formar parte de su banda estuvieran en el libro. Quiero destacar a Raúl “Flaco” Castro, realizador de la preciosa contratapa, y a Fernando Cabrera, autor del prólogo del libro, que es una maravilla.

¿Sabías de antemano sobre qué escribir y sobre qué no? Es decir, hay muchas aristas de la vida personal de Pitufo que quedaron afuera, y solo está enfocado en su carrera como artista. ¿Buscaste que fuera así o lo decidiste en la edición?

La trayectoria profesional de Edú es muy vasta y llena de detalles. Más de 100 discos grabados e infinidad de shows en Uruguay, América y Europa. Traté de que todo estuviera. Sobre lo personal y su visión de la vida, el amor y la familia les recomiendo leer el último capítulo del libro Edú bien de al lado, que es donde nos centramos en eso.

¿Hubo algo que te sorprendiera, dicho por Pitufo o por sus colegas, sobre el artista, algo que nunca hubieras imaginado?

Confirmé que, tal como me dijo Jaime Roos, Edú tiene “la obsesión positiva que todo buen artista debe tener”. Eso significa trabajar muy profesionalmente y al detalle. Descubrí además a un padre de familia y esposo admirable, que puede perfectamente estar una mañana en su casa atendiendo a sus hijos mientras planifica el próximo show.

¿Creés que hay un Pitufo, que es el que está plasmado en el libro, que convive con otros Pitufos que no aparecen reflejados en él?

Intenté mostrarlo tal cual es. Luego de varios encuentros logré que en la intimidad del living de su casa y en la mesa del bar se abriera a hablarme de él y de su vida. Muchos me decían que tal vez costara por su timidez, pero con trabajo y afecto se puede lograr todo, creo.

Sos un confeso admirador de Pitufo. Luego de hacer el libro, ¿qué imagen o sensación nueva te dejó, como artista y como ser humano?

Comprobé que en el escenario es un fenómeno, en el Carnaval un revolucionario, y que además contando su historia se puede recorrer buena parte de la música nacional de los últimos 20 años al menos. Como ser humano me demostró que se puede ser muy buen tipo y humilde a pesar del éxito.
Edú sigue tomándose el ómnibus todas las mañanas con su guitarra a cuestas. Seguramente en los largos viajes desde El Pinar tenga tiempo para ir pensando en la próxima canción.


Edú Pitufo Lombardo presenta "Más solo que el uno" este viernes 3 de octubre, desde las 21 horas, en la Sala Hugo Balzo del Auditorio Nacional del Sodre. Las localidades están a la venta en todos los locales de la Red UTS.

Bien de al lado: vida y música de Edú “Pitufo” Lombardo, de Fabián Cardozo, se consigue acá