Entrevistas

Memorias de Cecilia

Conversamos con Cecilia Rossetto, que se presenta en el Teatro Solís

“El hecho de que uno busque el color a través del arte, no quiere decir que siempre sienta que es útil”.

02.11.2018 13:45

Lectura: 7'

2018-11-02T13:45:00
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A los 68 años, Cecilia sigue siendo capaz de meterse en la piel de sus personajes, entrar en su psicología, ser el otro. Actriz de prestigio en cada lugar que requiera de su actuación, sea el cine, el teatro o la TV, su versatilidad le ha dado tanto galardones tangibles como numerosos premios en distintos lugares del globo, como de los otros, de los que al final del día valen más, como el aplauso y el cariño del respetable.

Como actriz, Cecilia Rossetto puede hacer de todo. En cambio, es otro cantar cuando se trata de cantar. Ahí, frente al micrófono, importa ella y sus circunstancias. Las palabras que salen de su boca deben convencerla, dolerle. Tienen que sonar a verdad, a compromiso. Y a poesía.

El 7 de noviembre se presentará por primera vez en el Teatro Solís, con el espectáculo Cecilia Rossetto en concierto. No es una recién llegada. A Cecilia Rossetto la unen lazos de sangre con el Uruguay. Y de los otros. Sin embargo, exilios laborales y otros compromisos la alejaron de las tablas del paisito por casi dos décadas. Ahora, "con mucha ilusión", vuelve con un repertorio de tangos y poemas memorables, con acompañantes de lujo, para hacer lo que sabe: "tratar de transmitir emoción".

*

Tenés una larga relación con Uruguay....

Sí, claro. Mi padrino vivía en Montevideo. Ahora hace muchos años que no voy, porque estuve viviendo en Barcelona. Hace 18 años que no canto en esa ciudad. Los he extrañado mucho. He ido a visitar familia y eso, pero no a actuar.

 

¿Vas a cantar por primera vez en el Solís?

Sí, y me hace mucha ilusión. Es una locura de teatro. Ayer estuve con muchos uruguayos, porque se estrenó aquí en Buenos Aires un documental sobre Daniel Viglietti, y estaba Lourdes, su compañera, y muchos de sus amigos. Una belleza. Y aparecen imágenes de la actuación de él con Benedetti en el Solís. Me llenaban de ansiedad, y al mismo tiempo nervios. Es un trago muy especial, muy lindo, creo que a esta edad ya merecido por toda una vida compartida con ustedes.


¿Qué nos vas a traer?

Es un espectáculo muy bello. No puedo teorizar mucho, porque, fundamentalmente, es un espectáculo de emociones. Tiene mucha emoción. Está compuesto de grandes textos, de autores de tango, de poetas, y los voy ligando a todos. Homero Manzi, Juan Gelman, Haroldo Conti, Eladia Blázquez. Voy hilando, como si fueran palabras mías, las palabras de los poetas con la música. Hay 20 temas. Y tengo unos músicos extraordinarios [César Angeleri en guitarra, Walther Castro en bandoneón y Horacio "Mono" Hurtado en contrabajo]. Cuesta mucho juntarlos. Ahora hay dos que están en Alemania, y vienen para el Solís. Me hace mucha ilusión llevar algo tan bello. Además, muchos uruguayos lo vieron aquí en Buenos Aires, y les gustó. La ministra de Cultura, María Julia [Muñoz], me dijo que tenía que llevarlo, que le iba a dar mucho placer a la gente. Ella lo disfrutó muchísimo.


Además, hay textos de autores uruguayos...

Sí. De mujeres. Idea Vilariño y Cristina Peri Rossi.


Está bueno que tomes autoras como parte del repertorio. ¿Tiene algo de reivindicación del espacio femenino o simplemente te gustan sus textos?

Eso es lo que más me interesa. Siempre he seguido el camino de las mujeres que pusieron el cuerpo previamente, desde el siglo pasado. Les tengo un inmenso respeto. Todas han sido mis referentes.

 

Uno piensa en autores como Discépolo o Eladia Blázquez, por citar dos bien distintos y no contemporáneos, que pintaron la época que les tocaba vivir, ahora ¿Qué tango hay que cantar? ¿Qué hay qué decir, qué posición debe tomar el artista, no solo de tango de la canción popular en general?

Cuando no encuentro la letra en los tangos, la encuentro en los grandes poetas, en todo lo que tenga que ver con justicia social, con la denuncia de los dolores de la gente. Por eso están Haroldo Conti o Juan Gelman. La letra que no encuentro en los poemas musicalizados, en los tangos, la busco en otro lado. No espero. Yo no soy autora, y no espero que me lo den las canciones. Trato de buscar la profundidad de lo que yo persigo de diversas maneras. Pero siempre tiene que ver con esa hondura, que es lo que me permite transmitir emociones.


Es un momento complicado en la región para una canción con compromiso...

La verdad que sí. Yo he pensado en ustedes, en la pinza esta que van a tener que sufrir entre un gobierno de derecha de Argentina, y uno fascista de Brasil. Me apena tanto lo que le está pasando a la región, esta ola derechista que va avanzando. Ustedes tienen que cuidarse mucho porque tienen un hermosísimo país y un gobierno progresista, que creo que pueden sostener, siempre y cuando no les hagan daño de afuera. Y lo mismo a Evo. Estuve con él hace dos semanas, cuando vino a la Argentina, una persona fantástica. Dio vuelta todos los arreglos internacionales de Bolivia en favor de los bolivianos.


En un momento de crisis, que la región se derechiza, por lo menos, ¿Qué papel tiene la canción? ¿Es resistencia, es esperanza?

Las dos cosas. Por otra parte, el hecho de que uno busque el color a través del arte, no quiere decir que siempre sienta que es útil. Viendo la película de Viglietti, viéndolo a él cantar en Nicaragua, en La Habana, en los grandes estadios, en el Solís, con toda la sala a oscuras, se podía sentir la emoción de la gente. Uno sale cargado de esperanza, y con las pilas puestas. Una cosa es lo que uno siente como espectador y lo que uno siente en cuanto a su responsabilidad de artista. Yo sé que mis espectadores reciben una dosis grande de vitalidad y de esperanza. De hecho, Norita Cortiñas, Madre de Plaza de Mayo Línea Fundadora, que está constantemente por todo el mundo, se pasó todo el otro día recorriendo comisarías [fue el día de los incidentes en torno al Congreso, cuando se votaba el Presupuesto], y de noche estaba en la proyección de la película. Y feliz, siempre dándole ánimos a todos. Ella vio cuatro veces mi espectáculo, y me dijo "tengo que ir cada 15 días a verte, porque me carga las pilas y tengo fuerza para seguir". Ella, como espectadora, o tantos otros, pueden sentir eso. Ahora, yo, como comunicadora, como persona que crea sus espectáculos, también tengo momentos en que me siento perdida. Me ha pasado desde muy jovencita. Siento que, a veces, el arte es inútil ante el hambre, la desesperación de la gente, la falta de salud. A mí, esas falencias, y la falta de justicia social, me han apenado mucho toda la vida. Ha sido una gran preocupación en mi vida, y al mismo una gran frustración. Muchas veces sentí que el arte no era suficiente. Pero me reconstruyo, intento alimentarme del arte de los demás, y así, en ese sube y baja, vuelvo a recuperar el estímulo. Pero no es fácil tener siempre estos alicientes en esta región tan castigada.

 

Jorge Costigliolo | Montevideo Portal
jcostigliolo@montevideo.com.uy