Contramarea: la epopeya musical que terminó plantando bandera en la Isla de Los Titanes
Entre un tributo soviético, un manifiesto y un formato olvidado, cumple un año de “24.7”, el primer trabajo de una banda de mil aristas.
21.12.2021 10:11
Por Manuel Serra
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Las notas tienen muchos orígenes y todos son válidos, pero hay algunas que fluyen más que otras. Por cómo se generan los contactos, por cómo se da el diálogo y por cuál es el objetivo – si es que existe uno más allá de informar – atrás de las mismas. Esta podemos decir que forma parte del segundo grupo: apareció sin ser buscada, pero, a la hora de llevarse a cabo, enzarzó al periodista y al fotógrafo que lo acompañaba en un viaje que, sin lugar a duda, ninguno de los dos esperaba.
El germen de las palabras que siguen tuvo lugar en Discomoda, la mítica tienda de vinilos ubicada en Tristán Narvaja 1614, uno de los tantos viernes de este año en los que Leonardo Bianco atiende el local y recomienda discos a los devotos que concurren con el ánimo de ir ampliando su colección. Es así que, naturalmente, se van generando relaciones con los clientes, en la medida que estos vuelven y se comparte un gusto en común. Tal fue el caso de quién escribe, que, buscando indagar en el country, fue gestando un trato con Bianco, quien se convirtió en una suerte de guía espiritual a la hora de ahondar en el género. Y también es culpable de la incorporación de un gran número de vinilos a la discoteca propia.
Si bien saltaba a la vista que era músico, tanto por el aspecto – qué prejuicio, ¿no? – como por el conocimiento musical, así como por reconocerlo, aunque no de forma efectiva, de algún toque guardado en la retina, uno no sabía con certeza cuáles eran sus proyectos ni en qué andaba en esos momentos. Tampoco fue motivo de pregunta. Pero eso no impidió, claramente, que la familiaridad continuara. Hasta que un día, luego de encontrar varios discos, Bianco hizo una pregunta determinante: “¿Sos fan de (Black) Sabbath?”. “La verdad es que conozco poco”, atiné a responder, como a quien lo encuentran en falta. “No importa, tomá esto”, retrucó y procedió a contar la historia de contramarea, el proyecto en que está hoy inmerso, y en el cual ha dejado su energía – en el buen sentido del término – en este último tiempo. Además de ser, obviamente, el objeto de esta historia.
¿Por qué cuento todo esto? Porque, de alguna manera, entra en la forma de trabajar de la banda que, hará un mes atrás, cuando tuvo lugar este último diálogo, cumplía un año del lanzamiento de 24.7 (2020), su primer trabajo discográfico al que, quizá por la pandemia, pero, quizá también por su propia forma de entender los tiempos, no difundieron demasiado, aunque sabían que quedaba ahí, entre las bateas de discos de la tienda y del intercambio mano a mano, listo para ser escuchado.
A partir de esta relación fortuita es que, finalmente, a principios de diciembre, con Montevideo Portal visitamos la casa de Bianco, que estaba junto a Santiago Rodríguez, compañero de andanzas en este proyecto, y dialogamos sobre una historia de mil aristas, de tiempos de otro tiempo – valga la redundancia –, de homenajes soviéticos y hasta de travesías marinas. Todo esto sin exagerar, ni un poco. Aunque ellos dirán que lo que llevó a esta charla no fue, nada más ni nada menos, que el “destino manifiesto”, una de las creencias de la banda. ¿Será casualidad o causalidad? ¿Quién sabe? ¿Y a quién le importa?
Foto: Montevideo Portal | Javier Noceti
Lo primigenio
Nacida a fines de 2017, lo que demuestra también como la ansiedad no es uno de los rasgos que los caracteriza, contramarea está conformada, además de por Leonardo Bianco y Santiago Rodríguez, guitarra y bajo respectivamente, por Gastón Zunino, quien oficia de cantante, y Rodrigo Gutiérrez, que hace las de baterista.
Antes que nada, se definen como un “grupo de amigos”, que “transitaron la amistad primero” y luego se volcaron a un proyecto musical común, pero, además de afinidades estéticas y de camaradería, también los une “el amor por un lugar común”. El lugar del que hablan es Los Titanes, en la Costa de Oro, y, como se verá a continuación, es una referencia constante y omnipresente. Y eso lo tienen claro: no habría banda de no existir este balneario canario y, de hecho, este les marcó, sin duda alguna, la hoja de ruta a la hora de trabajar.
“Había una especie de dos bandos en el balneario, con un palo más hardcore, más punk, y otro, más metalero”, recuerda, no sin nostalgia, Bianco. “Y eso, con el paso de los años, devino en volver a volcar todo lo que nos unió en su momento. Entonces, es un poco eso: la mezcla de todas esas mareas o aguas que se fueron haciendo una”.
Es por ello también que, a la hora de hablar de influencias musicales, son tan extensos ya que, en gran parte, fueron sonidos que descubrieron en su propia compañía a medida, también, de que iban creciendo. “Referencias hay miles. Imaginate: veinticinco años de amistad, de buscar y descubrir música juntos”, explica Rodríguez.
Entre los géneros que los marcaron, mencionan, por nombrar apenas algunos, desde el hardcore al heavy metal, pasando por el hard psych, el blues, el kraut rock hasta el free jazz. Esto, quizá, define también la complejidad de lo que quieren trasmitir con su música, que, precisamente, y hasta cierto punto, es mucho más que música.
Foto: Montevideo Portal | Javier Noceti
La declaración de principios
Si vamos a los hechos concretos, hasta ahora solamente tienen un single en carretera, que, sin embargo, tiene una profundidad que rebasa claramente la que suelen tener este tipo de formato, usualmente utilizado como una forma de difusión comercial. Más allá de esto, se definen como “ratones de laboratorio” y aman pasar el tiempo en su propia sala, ensayando, tocando y grabando, y ya tienen múltiples grabaciones y un nuevo trabajo que verá luz el año próximo.
Pero, al día de hoy, publicado tienen exclusivamente 24.7 (2020), una canción que puede leerse como su bautismo de fuego y que, a su vez, es como un manifiesto o declaración de principios de la banda, respecto a cómo entienden la música, el trabajo en ella y hasta la vida actual.
El movimiento constante de cuatro destinos finalmente se encausan y convergen en una misma corriente, que, al unísono, dragan desde sus interiores una masa sonora turbulenta, poderosa y abundante, que irrumpe y distorsiona en las tranquilas aguas de la nueva normalidad.
Esto se puede leer en la tapa del single, lo que adelanta un poco la visión estética de la banda. En los tiempos pandémicos que corren es imposible substraerse a la pregunta respecto a “a las tranquilas aguas de la nueva normalidad”, no obstante, aseguran que, aunque, “puede buscársele la vuelta ahora de haber sido un presagio de la tormenta que se venía, no fue puesto conscientemente”. ¿Destino manifiesto?
Foto: Archivo de la banda
Aparte de esto, hay otras aristas que se desprenden al leer este prólogo poético que antecede a la música y que tiene como protagonista cómo se vive la temporalidad hoy. Cabe decir, incluso, que la palabra “24.7” no está en ninguna parte de la canción, más allá de ser la elegida para su titulación, y refiere también a “estar todo el tiempo en algo”.
“La letra referencia al salir de la ciudad. Como que están esas dos partes de la canción. Esa y cómo zafarle, precisamente, al 24/7. Tiene como esa referencia temporal de la manija, de estar constantemente en la rosca”, relata Rodríguez, y aclara que al lugar al que se dirigen es, no podía ser de otra manera, Los Titanes.
“Para nosotros, el balneario significa la desconexión con eso, salirte de la maquinaria opresiva del sistema y también donde nosotros nos desenvolvemos mejor como personas. Donde somos nosotros mismos, sin nada que nos maniate”, acota Bianco.
“Esto no es un simple o un corte de difusión. Ya plantea una estética, algo que no lo podés saborear o disfrutar escuchándolo en Spotify. Con el solo hecho de verlo sabés que hay un planteo. Hay algo para contar. Y toda la data que podés sacar solamente viendo el disco, sin pincharlo o poner play en la bandeja es inmensa”, agrega al respecto.
Tal es la búsqueda por la “desconexión” que el single, al que podríamos leer como álbum, en realidad, por sus complejidades internas, a pesar de estar en plataformas online, está pensado para vinilo. Y no solo eso: aunque es una canción sola, está dividida en dos discos diferentes, como una forma de romper con la forma de escucha digital. A su vez, el formato elegido fue el Flexi Vynil, un objeto, precisamente, flexible, que te permite agarrar los discos hasta con la mano – una suerte de los nuevos billetes que podés apretar sin que se rompan – y que, hasta el momento, no había habido ninguno de producción local. O eso creen.
“En Uruguay creo que es el único. A menos que yo sepa, en Uruguay no hay ningún Flexi y mucho menos un Flexi doble, que eso ya es raro”, sostiene Bianco, quien, además de músico y estar tras las bateas de Discomoda, oficia de DJ en numerosos eventos, con el nombre artístico de El Sicodélico.
La resignificación flexible y el homenaje soviético
Para dar un poco más de contexto respecto al origen de los Flexi Vynil, hay que decir tuvieron su auge entre los setenta y ochenta, cuando servían, usualmente, de soporte de difusión. Al venir muchas veces en una revista como parte de un catálogo o incluso poder ser enviado en una carta, era ideal para promover material de forma más barata, ya que se ahorraba también el costo de traslado, además de la confección que era menos costosa.
Además de esto, también implicaban una “conducta activa” del fanático respecto al material, ya que, para tener cierto Flexi que uno sabía que había, tenía que ir a buscarlo especialmente. Primero conocer su existencia, y luego ir tras él. Esto también implicaba una relación muy cercana de este tipo de formato con la escena underground.
“También tiene eso del mano a mano. Tiene un poco ese cariño, más personalizado. No te lo comprás directamente, tenés que llegar a él. Parte del interés de la persona de conocer algo de una forma diferente”, explica Bianco. Y esto marca también un afán de la banda en diferenciarse y hacer algo más cercano a la escucha. A la vez, que también da la pauta de su carácter de eruditos de los vinilos y su historia, y su anhelo por rescatar, por ejemplo, este formato que muy pocas personas, al menos en nuestro país, conocen.
Además, les permite hacer las cosas a su modo, “desconectando” con las formas de hoy. “Nos gusta cortar las tapas, pegar los stickers o hacer el mastering nosotros mismos. Meter las manos en la masa y no delegar. Son formas de hacerlo, para nosotros es parte del todo”, aseguran.
Por si esto fuera poco, además de un homenaje a esta forma de difusión contracultural, existe otro tributo en la estética del trabajo. Y es a los bone disc. Si es difícil conocer la historia acerca de los Flexi, esta es mucho más compleja e intrincada. Se trata de los discos que realizaban clandestinamente en la Unión Soviética para poder escuchar música que saliera de los parámetros de lo permitido por el régimen.
Estos se distinguían, sobre todo, y sin mencionar el sonido, claro está, en su manufacturación y su forma. Se producían, uno a uno, sobre placas de hueso o radiografías, lo que, precisamente, les da el nombre. Al verlos, ignorando su utilidad como difusor de cultura prohibida, hasta podrían resultar algo macabro. Lo que está claro es, que, sin duda alguna, llaman la atención de quien lo ve. Y el disco de contramarea hace referencia total a esta estética. Aunque, evidentemente, uno tiene que saber de su existencia para poder entender la referencia. Es por eso que, hacemos tanto énfasis en la complejidad del trabajo, y en que se trata de una “obra integral”. En cada escucha, en cada contemplación, en cada indagación, en cada una de ellas se van encontrando nuevos detalles que siguen enriqueciendo su consumo.
Respecto a los bone disc originales, Bianco destaca que “están calados a mano”. “Valen carísimo porque son piezas únicas. Todos cortados con tijera. Y esto también es un tributito hacia eso”, asegura.
Foto: Archivo de la banda
La travesía marítima
Como veníamos diciendo, la imagen de Los Titanes es omnipresente en todo el disco. Y como es una “obra integral”, en la que la música tiene un peso similar, tanto como lo estético o las referencias culturales, entonces la tapa era una decisión vital. Y, recordando como de jóvenes crecieron viendo la Isla – así con mayúscula – que estaba en las playas del balneario, decidieron que debía ser una foto tomada en ese lugar. Claro que, desde el principio había algunos problemas. Sin ir más lejos, ¿cómo llegar? Porque está ubicada en la mitad del mar. Y eso también hace alusión al nombre de la banda, contramarea. Es todo un circulo que, como un Ouroboros, se come a sí mismo, pero que, a diferencia de este, también se da vida.
Para lograr el cometido de llegar a la Isla, Bianco se comunicó con su tío, que era pescador y quien conectó con los pescadores locales. Así organizaron la ida, con una “flota”, con todo el sentido de epicidad.
“La ida a la isla íbamos en la lancha, mirando el atardecer y no podíamos creer”, cuentan, y, en este punto, la historia ya fue demasiado para Javier Noceti, fotógrafo de Montevideo Portal, quien no pudo evitar reaccionar ante semejante imagen y gesta. Todo por una foto para un single. En una lectura epidérmica, obvio.
“Parece que estás hablando de Indonesia y es acá”, soltó, casi sin querer. Para luego exclamar, quizá traicionado por su trajinar en el mundo audiovisual, “¡era como para hacer un documental!”. Y, la verdad, es que no le falla la razón porque, al ver todo el trabajo detrás de este proyecto, uno no puede más que sorprenderse. Pero aún no había terminado el relato.
Foto: Victoria Ismach
“Después le mostré las fotos a mi tío, vio que eran todas movidas y no lo podía creer”, cuenta Bianco. Y, nuevamente, cómo no entender el planteo, habían hecho un inmenso despliegue para poder tomar las capturas para luego editarlas y dejarlas “translucidas”, en ese homenaje al bone disc, y que no se note dónde habían sido sacadas.
“Perfectamente, lo podríamos haber hecho en cualquier roca o en el muro en frente a casa, pero no. La esencia está ahí”, dice el músico y cultor de los vinilos.
Pero esto que puede parecer una locura – y, quizá, lo sea –, también describe la forma de encarar las cosas de la banda. Y otra muy importante: que, a fin de cuentas, lo importante es el camino y disfrutarlo ellos mismos, más allá de lo que pueda pensar la gente. Ellos saben que la foto fue tomada en la Isla, más allá de que parezca o no, al verla. Y les basta. Solo se rinden cuenta a sí mismos. Para bien o para mal.
Entre pedales y festis
El bajista de la banda, Santiago Rodríguez, también es la persona atrás de Inspira, un fabricante de pedales artesanales uruguayo. Esto no es casualidad, de forma alguna, porque, en cierta sentido, sigue los mismos lineamientos filosóficos que defiende el grupo en su forma de trabajar.
De este emprendimiento es, que, desde el año pasado, surgió el festival Fuzz Local. En un primer momento, “concebido como una serie de video entrevistas, con el fin de construir un relato colectivo acerca del camino que recorren los músicos para encontrarse con su sonido propio, y de cuál es el rol juegan los pedales de efectos en esa búsqueda”, según explica el comunicado de la propia organización.
Si bien lo presentaron de forma no oficial en Plaza Mateo el año pasado, la nueva edición de este evento, que tendrá lugar el 23 de diciembre desde las 19hs en la plaza del Club Victoria, ubicada en Requena e Itapebí, será un lugar ideal para presentar 24.7 (2020) en sociedad. Además, una oportunidad para tocar en vivo para una banda que tocó infinitamente más en sala de ensayo que ante el público.
El resto de las bandas que tocan, también “están en la órbita de Inspira”, y son Señor Faraón y Las Mantarrayas, grupos con los cuales contramarea siente una afinidad especial. Y con los que, en cierto punto, comparten escena o un sentido estético de la música. Además, junto al sello Little Butterfly Records, se presentará un recopilado de canciones de Fuzz Local, siendo una obra de ellos.
“Va a haber gente pasando música, venta de discos, comida. La idea es ir acercando de vuelta la barriada al rock and roll”, dice Bianco. Y vaya si es una buena ocasión para ir a disfrutar una linda tarde veraniega, escuchar música o descubrir historias como esta. La entrada es libre, por cierto. No hay excusa que valga.
Por Manuel Serra
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