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Con la cantante mexicana Liliana Felipe, que el lunes se presenta en Montevideo

“[En la música] hay muchísimas cosas que se repiten, pero yo trato de dejar testimonio de lo que me toca vivir”.
16.08.2018 14:10
2018-08-16T14:10:00

A Liliana Felipe no le gusta callarse nada. Quizá por eso, cada vez que conversa, se inflama en una verborragia convencida. Como sus canciones. Que pueden ser hermosamente deformes o de clásica belleza, pero en las que no se calla nada.

Liliana Felipe es una especie de guerrillera armada de piano y voz. Y palabras. Cantante, pianista, compositora, arreglista y un larguísimo etcétera, esta argentina de nacimiento y mexicana por adopción lleva décadas peleando sus batallas en innumerables discos, música para teatro, cine y cabaret, sin ceder una coma de independencia.

El próximo lunes 20 de agosto se presentará en la Sala Zitarrosa, más de una década después de su último desembarco en Montevideo. Con esa excusa, conversamos de música, libertad, política y también de #Feminismo #Antiespecismo, su nuevo espectáculo, en el que todos esos temas también están presentes.


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Sos una artista que lleva grabados decenas de discos, compuesto cientos de canciones, pero inevitablemente los periodistas te preguntamos sobre política. ¿Te molesta esa situación?

Lo que pasa es que todavía no me puedo abstraer de la realidad en la que vivo. Mis canciones hablan de lo que vivo. No sé hacerlo de otra manera. A mí me sorprende muchísimo la gente, los compositores o compositoras que no ven, que no observan, que no son testigos. Que no dejan testimonio de lo que les tocó vivir. Que uno siente que toman temáticas totalmente de refritos, cosas ya sudadas, usadas hace mucho tiempo. Como que podrían haber vivido hace 50 años, 100 años, y ser lo mismo. Claro, hay muchísimas cosas que se repiten, pero yo trato de dejar testimonio de lo que me toca vivir.

 

¿Cuál es la causa de que la música popular no aborde esos temas? ¿Llegó a un grado de confort y autocomplacencia que no necesita mirar lo que pasa alrededor? Vos pertenecés a una generación que abrazó la canción comprometida...

Sí, y ahora como que no la hay. ¿Pero será que no la hay o será que los medios de comunicación están totalmente controlados y ponen lo que ellos quieren que uno escuche? Acá, en México, los medios, la radio, que es lo que más podría llegar a las clases populares, está totalmente controlada. Esperamos que con este maravilloso gobierno que va a comenzar el 1º de diciembre [de Andrés Manuel López Obrador], que es un hombre de verdad, un ser maravilloso, esperamos poder cambiar muchísimas cosas, entre ellas este control, dominio absoluto y tiránico de los medios de comunicación.

 

¿Creés que, aunque no aparezcan en los medios, hay una corriente de música popular comprometida y valiosa artísticamente?

Ojalá. La verdad, no estoy tan así en contacto. Siento que, muchas veces, la música es usada, francamente, como un instrumento de tortura. A todos los niveles. En los restoranes, en los aviones, en los medios de transporte, en las fiestas y festivales. El año pasado me impactó, en la Argentina, ver a los mejores acordeonistas del país tocando con una sola mano. ¿Qué pasa si yo tocara el piano con una sola mano? Avísenme cuando el señor acordeonista aprenda a tocar con las dos manos para pagar la entrada.


Hoy quizá vale más la imagen, el marketing, que el talento...

Por eso te digo. Los que organizan esos festivales son unos viles comerciantes. Quiero creer que no es que no hay gente comprometida, sino que no los dejan llegar, mostrar su trabajo. Tampoco sé de mucha gente que esté haciendo música muy comprometida, pero prefiero pensar que sí.


En ese escenario de la música popular, metida en la industria del espectáculo, ¿Qué posibilidades tienen las artes de provocar, de hacer daño?

No sé. Si no podés llegar, estar en la necesidad de la gente, instalarte ahí, no creo que pueda transformar nada. No lo sé. Al haber tanto control es muy difícil que logremos poder saltar esa valla, que cada vez es más distante. Cada vez los pobres están más arrinconados, y cada vez los ricos son menos y con más dinero. Quizás ha habido, o hay, algunos países que intentan acortar esa brecha, pero en general veo una derechización muy dura, muy fuerte, del mundo de la política.


¿Hay esperanzas en México con López Obrador?

Sí, claro, claro. Digamos que no es la ultraizquierda, pero es un hombre muy sensible, muy inteligente, sagaz. Y ha doblegado a este sistema, algo que era imposible. Hace 20 años nos decía "sin disparar un solo tiro vamos a vencer a este sistema". Y todos decíamos "está loco". Eso no ocurre. Y ahora sí. Siento que él arrinconó a este sistema maldito, y creo que vamos a poder hacer muchas cosas.


El vecino del norte más complicado que nunca...

Sí, pero también muestra los dientes.


Y sus muros...

Sus muros altos, esta barrera infame. Es algo estremecedor, que de verdad se siente la estupidez humana ahí. A todo volumen. Una barrera de la que de un lado es todo verde, y del otro pobre, jodido, sucio. Una barrera que se mete al mar. No alcanza la vista para verla, y de todas maneras la atraviesan. Es increíble.


¿Cómo vinculás el feminismo y el antiespecismo?

¿Vos sabés lo que es el antiespecismo? El especismo es sencillamente como el racismo, que es discriminación por raza, o como el sexismo, que es discriminación por sexo. El especismo es discriminación por especie. Que nos hayan metido al rojo vivo que nosotros somos los dueños del universo y que podemos hacer con el resto de las especies lo que se nos hinche... Un día, hace siete años, descubrí que no quería ser cómplice de ese sistema, y comenzó a cambiar nuestra vida, la mía y la de Jesusa, mi pareja. De verdad, nunca habíamos pensado en ser veganas, no habíamos escuchado la palabra especismo, no habíamos leído nada, y de repente, un día, paradas frente a un camión que transportaba cerdos, dije "no quiero ser parte de esto". No ser cómplice. Y así empezamos. Siempre digo que lo que ocurre cuando cambias tu dieta, tu alimentación, es, primero, darte cuenta de que no eras quien elegía qué comer. Después vas viendo cómo todo el derredor está ordenado de acuerdo a los intereses de los esclavistas actuales.


¿Los frigoríficos, la industria alimenticia?

Sí, sí. Pero también los medios de comunicación y también las universidades. Y cualquier escuela de medicina. Cuando vos ves que los médicos te dicen que tenés que comer lo que te enferma, y cuando ves que la farmacia está asociada con lo otro, es como una gran desintoxicación, o desinflamación del cerebro. Eso lo he sentido. Y lo siento en el piano.

 

¿Cambió tu forma de tocar?

Absolutamente. Pero lo único que digo con esta historia es que a la persona que intenta ser un poco más justa, tratar de darle elementos para que salga con ganas de ver, de comprobar que hay otra manera de vivir, mucho más justa. Es una dieta que no es cruel, no es injusta. La dieta que tenemos es cruel, injusta e innecesaria. Se puede y se debe cambiar. Tarde o temprano habrá que liberar a los animales. Es como pararse como si estuviéramos viviendo en la esclavitud humana. Yo ya sé esto, ¿Qué hago? ¿Sigo así, explotando seres humanos, o empiezo a luchar por su liberación? Es exactamente lo mismo.

 

Es un cambio inevitable, entonces... Quizá sea como los movimientos feministas actuales, que hace 30 años eran impensables.

Claro, claro. Ustedes en Uruguay ya legalizaron el aborto. Es mucho mejor, más tranquilo. Imaginate si cuando se terminó con la esclavitud humana hubiera habido gente que votara en contra de la abolición. Es exactamente lo mismo. Lo mismo hacemos con los animales. Me pasó que, como luchadora de derechos humanos, me avergoncé tremendamente cuando me di cuenta de que, por lo que yo luchaba, era lo mismo que les estaba haciendo a los animales. No quiero ser muy explícita, pero tengo una hermana desaparecida. A mi hermana la secuestraron como se secuestra a todos los animales. La separaron de su familia, como separan a todos los animales. La torturaron como se tortura a los animales. La violaron y la mataron como se mata a todos los animales. Es tal cual. Cuando lográs dar ese brinquito se pone muy simpática la cosa [Risas].

 

¿Te peleás con mucha gente?

No, no me peleo. Sí siento una profunda tristeza de que haya que producir tanto dolor. Innecesariamente. Porque, además, el principal argumento que te dirán es que lo hacen por la proteína animal. Y la proteína animal no existe. Toda la proteína es vegetal. Cuando te das cuenta de que la pobreza la generamos nosotros con nuestro plato, tu vida empieza a cambiar. Hay una paradoja, que es que mientras más animales comas más pobres generarás y más gente va a morir de hambre. Es una revolcada tremenda, y se te cae todo el edificio paternalista, machista, patriarcal, neoliberal, capitalista, etcétera. Se viene abajo.

 

Jorge Costigliolo | Montevideo Portal
jcostigliolo@montevideo.com.uy