Pedro Saborido no llegó al humor por vocación sino casi de casualidad. Su intención era ser periodista, pero a fines de los 80 ganó junto a un amigo un concurso de guiones en radio Mitre, sin haber hecho antes nada parecido. Como le fue bien, quedó como humorista, "aprendiendo sin querer", pero sin pensar que pudiera dedicarse a ello.

El humor fue entonces su forma de hacer periodismo (así fue con el programa Saborido & Quiroga), pero lo primero terminó ganándole a lo segundo. Era joda y quedó, digamos.

Más tarde llegaría el programa (ahora de culto) Todo por dos pesos y su sociedad con Diego Capusotto en Peter Capusotto y sus videos, que mezcla rock y humor. Eso tampoco fue algo que planificó. "Si hubiera sido en un canal de odontología, no de rock, hubiéramos hecho rock odontológico", dijo a Montevideo Portal.

Saborido, la mitad no visible de Capusotto y sus videos, desembarcó recientemente en Uruguay como primera etapa de un ambicioso plan por argentinizar el mundo. Y qué mejor para hacerlo que empezar por Uruguay, el conejillo de Indias ideal -por tamaño y docilidad- para iniciar el experimento.

En sociedad con la plataforma local Somos Flúo, el dúo trajo a Montevideo a tres de los personajes de la serie (James Bo, Violencia Rivas y Micky Vainilla) para poner a prueba los estereotipos uruguayos y argentinos en videos brevísimos pensados para Instagram.

En una mesa del bar Las Flores (sede de algunos de los nuevos sketches), Pedro Saborido se sentó estoicamente a charlar después de haber concedido en dos días más entrevistas que Osvaldo Torres, jefe de Tránsito de Tres Cruces, en la Semana de Turismo. Aceptó contar por qué llegaron a Uruguay en tiempos de macrisis y post-grieta y de paso, como dice el historietista Gustavo Sala (otro argentino haciendo humor sobre uruguayos), se expuso a quemarse con un café en el único país del mundo que a veces sirve una bebida hirviendo en un recipiente sin asas. Al final, el tiempo se acabó cuando se disponía a explicarle el peronismo a un uruguayo.

¿Por qué desembarcar en Uruguay?

Todo salió de una especie de idea que surgió hablando con Alex de la Iglesia. Tuve una pequeña fantasía de hacer un programa específico para cada lugar y... ¿cómo no probar con Uruguay? Está enfrente, tengo amigos, lo conozco, somos muy parecidos. Me crucé con Marco Caltieri (editor de la revista Guacho) en un encuentro en Paysandú de industrias audiovisuales y ahí apareció la idea.

¿Por qué elegir estos tres personajes específicamente para Uruguay?

Fue casi por un dispositivo de producción, en el cual no podíamos meter 15 personajes por la cantidad de cosas que tenemos para hacer. Fueron elegidos para probar. Nunca vamos a saber si iba a ser mejor si hubiéramos elegido otros, o peor. Pero la selección tuvo que ver, en el caso de James Bo, por lo evidente de lo uruguayo. Con Micky es porque es un personaje internacional, de una temática que luego se acotó a determinadas cuestiones más regionales e ideológicas, no tanto sociales, dado que hay características de lo que puede hablar Micky que estoy seguro cómo funcionan en Buenos Aires pero no sé cómo funcionarían en Montevideo. Sí algo general.

Pero con Micky hay mucho chiste de Uruguay como reducto que queda por conquistar al neoliberalismo en la región...

Yo tomé tres básicas para esta idea: 1) A Uruguay las cosas siempre llegan tarde, un dicho uruguayo; 2) Uruguay está en una pinza neoliberal, lo que decís; y 3) algo que leí en un tuit de Marcel Keoroglian, sobre el peligro de Uruguay de ser argentinizado. Son tres puntos de arranque. Yo no sé si Micky se puede meter en las relaciones o prejuicios raciales, porque no los conozco acá; seguramente hay algún matiz en el que me puedo mandar una macana.

Con esto de las alusiones a neoliberalismo, ¿no pensaron que podía verse como argentinos que vienen a manifestarse políticamente justo en campaña?

Es que para mí es una peste el macrismo. Hizo mierda un país. Si me pongo a hablar desde el personaje Micky, estamos haciendo mierda Latinoamérica...

A lo que se agrega Bolsonaro...

Justamente, listo. Si me preguntás si tengo mis simpatías, sí, pero no voy a ser evidente porque me estoy metiendo en un tema político. Es un tema ideológico. ¿Voy a ser homofóbico en Brasil porque el presidente es homofóbico? Entonces, no voy a hacer eso de ‘acá no hablo de lo que siento'. No lo tomo así. ¿Están en campaña? Y qué sé yo, cúrtanse. ¿Cuándo no se está en campaña?

En épocas de Macri y Bolsonaro, ¿cómo se encara el personaje de Micky Vainilla cuando el chiste se parece tanto a la realidad?

Estás hablando de algo que está pasando. No es que se exagere más. Simplemente ya no se pone como una aspiración sino como una realidad.

En tu libro Una historia del peronismo, hay una parte dedicada a explicarle el peronismo a los uruguayos, en la que se juega muchos con clichés de uruguayos y argentinos. ¿De qué estereotipos se nutrieron acá?

Básicamente de lo que el argentino piensa del uruguayo y, a nivel bruto, de lo que el uruguayo piensa del argentino. La argentinización es clave, trae algo que es una acción que contiene todas las características que el uruguayo ve en el argentino. Cada conflicto que pasa el argentino está cargado de todo eso que ven los uruguayos: intensidad, soberbia, impunidad, pasión, fundamentalismo, fanatismo, orgullo; toda esa melange que ves en un argentino es la forma en que se está viviendo la política en Argentina. Y sobre todo desde el periodismo, que ha tomado el funcionamiento de su público, se ha formado en base a los requerimientos de ese público. Lo que funciona es un periodismo que confunde lio incisivo con lo irrespetuoso, que está todo el tiempo trabajando en el morbo del conflicto que quiere ver el público, todo el tiempo con adjetivos como "cruzó", "embistió", "acorraló", y viendo los problemas que tuvo uno con el otro. Son formas que se han vuelto desagradables.

Y a la inversa, ¿no hay una "sobreidealización" del uruguayo por parte del argentino?

Es una sobreidealización que uno hace porque no se soporta a sí mismo. Uno se siente mejor entre uruguayos, porque lo tratan bien. Por ahí uno no conoce, te quedás seis años en Uruguay y encontrás un par de cosas que no te cierran. Y además, como si uno pudiera decir "los uruguayos"; hablamos de algo general, de una dimensión o energía que se ve de más tranquilidad, de una existencia que parece más conectada con la vida. En la Argentina prima esto de lo que funciona, lo de que "no sé si es esto lo que quiero hacer pero es lo que funciona". Hay un conflicto ahí, y en el terreno de los medios se ha dirimido así: el público moldea al medio y lo que pasa es que lo puede modelar en base a sus pulsiones más básicas: el gusto por el enfrentamiento, cierta violencia verbal. Ese clima se retroalimenta con la política y la forma de hablar.

Hablando de esto de lo que funciona, a ustedes siempre les fue mejor en plataformas online como Youtube que en el rating de la tele, ¿por qué creés que se da?

No lo sé. No hicimos las piezas para Youtube, no fue a propósito. Acá en Uruguay estos videos son más breves porque fueron hechos para Instagram, con sus pros y contras.

¿Que son...?

Hay personajes que por ahí les cuesta más estar en un minuto, otros no. Es una variable distinta para jugar. Veremos qué pasa. Capaz que no me dan las bolas para escribir para un minuto, capaz que no puedo, pero la idea fue trabajar para las redes, es parte del experimento.

¿Pero sos de mirar humor en plataformas como Youtube o en otras redes?

No, no miro nada.

¿Por qué, siendo alguien a quien le interesa el humor?

Nada en especial. No por esnob, es porque no me interesa. No porque sea todo malo. Miro videos de música, leo. He visto cosas de (Martín) Piroyansky que están buenísimas, por ejemplo, pero si me cruzo lo miro y si no, no. No me animaría a decirte que lo hago a propósito; surge. Incluso a veces me puedo mandar una macana porque algo ya lo hizo antes otro o porque no es nada novedoso. Confío en que hay otros que miran y me avisan. Capusotto tampoco sé si mira mucho, viene más por el lado de los demás del equipo.

¿Piensan en las reacciones de quienes miran a la hora de hacer humor?

No, es algo natural: sale lo que sale y va con su propio límite. Yo no voy a hacer el mismo chiste en tu casa que en lo de un amigo, porque bueno, "es tu mamá". El humor es contexto. Y nosotros somos muy elegantes y esa elegancia nos ha permitido hacer chistes de montoneros, de judíos, de gays, de lo que se te ocurra.

¿Significa que no hay tema del que no se pueda hacer humor?

No, por supuesto que no. Depende quién lo hace y cómo lo hace. Y del efecto: podés hacer humor de lo que quieras pero bancate el efecto. Mirá Charlie Hebdo. ¿Hay un límite? No, pero también te pueden ametrallar. Yo no digo, ‘uy, tengo miedo de que me ametrallen', pero no tengo ganas de andar molestando a la gente con lo que hago.. No lo hago para eso.

¿Tiene que ver con cuánto vale un chiste?

Claro, exacto. "Che, boludo, se me ocurrió esto", y lo pienso y me digo: "hagamos otra cosa, ¿tan importante es un chiste, quién carajo te creés que sos?". Por eso todo lo que hago para Uruguay está medido. Recorto posibilidades, por supuesto, muchísimas. Porque hay que ser elegante; ¿quién carajo soy yo para venir a hacer cualquier chiste acá? Si entramos en código y te digo que hagamos chistes de argentinos y uruguayos, nos cagamos de risa pero con la contención de que los dos estamos en lo mismo, es parte del juego; hay un equilibrio. Ahora, yo venir con Capusotto a hacer lo que sea, ¿quién te creés que sos? Hay que ser humildes. Eso te hace perder oportunidades, por supuesto.

¿Leés los comentarios de los videos en Uruguay?

No, porque es adictivo, no podés estar todo el tiempo viendo qué dice cada uno. Me importa que le guste a mucha gente y siempre va a haber alguien a quien no le guste. No te podés hacer cargo de todo. ¿Por qué me tengo que estar exponiendo a eso? Lo hice y listo, no tengo ganas de leer ni a favor ni en contra. Estoy con gente que supongo es suficientemente responsable como para decir si algo está bien o más o menos.

¿Se puede explicar el peronismo a uruguayos sin meterlo en la "máquina de hacer peronistas" de tu libro?

Sí, si tiene el tiempo necesario, de la misma manera que un argentino puede entender bien la diferencia entre un blanco y un colorado. ¿Entendés vos de física cuántica? ¿Querés que te lo explique en cinco minutos? No, pero aceptalo. Lo que tenés que hacer es aceptar que existe, no eso de que "como no lo entiendo no existe". Si no lo entendés no es un tema del peronismo. El problema no es de las matemáticas si no las entendés.